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Decir que fue el mejor poeta estadounidense de la segunda mitad del siglo XX sería exagerado. Pero sin duda fue el que mayor proyección tuvo como figura pública, con una influencia que fue mucho más allá de los confines literarios. Allen Ginsberg (1926-1997), de quien este año se celebra el centenario del nacimiento, no fue solo el más celebrado poeta beat.

Fue también icono contracultural, mito para rockeros, faro del movimiento hippy, activista político radical, gay desinhibido y combativo, y buscador espiritual que combinó los viajes a Oriente con el consumo de alucinógenos. Les propongo un repaso a su figura en diez apuntes.

EL HIJO: LA MADRE LOBOTOMIZADA Y EL PADRE POETA

La infancia y la adolescencia de Ginsberg estuvieron marcadas por la enfermedad mental de su madre, Naomi, que había emigrado de niña desde Rusia con sus padres, huyendo de los pogromos. Padecía esquizofrenia paranoide, con manía persecutoria, y tras dar a luz a dos hijos —Eugene y Allen— pasó su vida en sanatorios mentales, sometida a las terapias habituales en la época: electroshocks, inyecciones de insulina y, cuando empezó a autolesionarse, la lobotomía.

Naomi falleció en 1956 y en 1961 Ginsberg publicó Kaddish, que es un canto fúnebre dedicado a ella: “Oh, gloriosa musa que me parió de su vientre, que me dio a mamar la primera vida mística & me enseñó el habla y la música, de cuya cabeza doliente tomé Visión por primera vez”. Es probablemente su obra cumbre, aunque sea menos conocido que Aullido.

También su poemario más íntimo y hondo, de una crudeza desgarradora. Su padre, Louis Ginsberg, poeta y profesor, con el que en ocasiones compartió recitales, le inspiraría tras su fallecimiento en 1976 una serie de breves poemas bajo el título No envejezcas, que incluye la pieza musicada Blues de la muerte del padre.

EL BEAT: NUEVA YORK, MEDIADOS DE LOS AÑOS CUARENTA

El núcleo inicial de la generación beat se gestó en el Nueva York de mediados de los años cuarenta, en torno a dos espacios: Greenwich Village, entonces el barrio bohemio y noctámbulo, y la Universidad de Columbia, donde estudiaban Ginsberg y William Burroughs, y por donde había pasado Kerouac como atleta becado. También apareció por la ciudad el emblema de lo beat por excelencia: el seductor, bisexual y salvaje Neal Cassady, que inspiró al protagonista de En la carretera de Kerouac e inició al entonces cohibido Ginsberg en el sexo entre hombres.

En estos años neoyorquinos hubo dos acontecimientos relevantes relacionados con dos personajes del incipiente círculo beat. En 1944, Lucien Carr, estudiante en Columbia y amigo del grupo, mató de una puñalada a David Kammerer, que había sido su profesor y, según Carr, estaba obsesionado con él y lo acosaba sexualmente. Kerouac como testigo de los hechos y Burroughs como cómplice por deshacerse del cuchillo se vieron involucrados en el caso, aunque finalmente no fueron condenados.

Este episodio se relata en la película Kill Your Darlings, en la que Daniel Radcliffe interpreta a Ginsberg. Años más tarde, en 1949, Ginsberg fue detenido junto a Herbert Huncke (para muchos, el primer beatnik), heroinómano, expresidiario y ladronzuelo. Iban, con otros colegas, en un coche robado. Como el poeta era estudiante y a la policía le pareció un joven desequilibrado, las autoridades le ofrecieron una alternativa: o prisión o internamiento en un psiquiátrico. Optó por lo segundo y pasó allí ocho meses.

EL JUICIO: AULLIDO, SAN FRANCISCO Y CITY LIGHTS

La escena beat se trasladó en los cincuenta a la costa oeste. Se está viviendo allí una efervescencia cultural conocida como el San Francisco Renaissance, capitaneada por el poeta Kenneth Rexroth. Entra allí en escena otra figura fundamental del movimiento beat: el poeta, editor y librero Lawrence Ferlinghetti, fundador de City Lights, emblemática librería y editorial de la ciudad.

Allen Ginsberg en la librería City Lights

El 7 de octubre de 1955, en una velada poética en la Six Gallery, Ginsberg lee por primera vez en público Aullido. Ferlinghetti, presente en la sala, le propone editárselo y aparece en 1956 en la colección de poesía de City Lights, la Pocket Poets Series, que se editaba directamente en bolsillo. El libro fue denunciado por obsceno —contiene versos muy explícitos de sexo gay y consumo de drogas— y Ferlinghetti y el encargado de la librería fueron acusados de distribución de material pornográfico y llevados a juicio. Ginsberg, que por aquel entonces estaba en Tánger, ayudando a William Burroughs a dar forma a El almuerzo desnudo, no fue acusado de nada.

El juicio resultó muy interesante, porque se convirtió en un debate estético, con críticos y profesores como testigos de las partes. Lo que se dilucidaba no era si el libro era o no obsceno, porque de eso no había duda, sino si esa obscenidad era meramente pornográfica o estaba al servicio de una ambición literaria.

En ese caso, si los pasajes obscenos tenían una función estética elevada, su uso quedaría justificado. El juez entendió que era así y absolvió a los acusados. Sobre este episodio hay un falso documental de Rob Epstein y Jeffrie Friedman Howl, que reconstruye minuciosamente las sesiones del juicio y también una entrevista con Ginsberg, al que interpreta James Franco.

EL POETA: LA INFLUENCIA DE BLAKE, WHITMAN Y WILLIAMS

Los versos iniciales de Aullido se cuentan entre los más célebres de la poesía del siglo XX: “He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,/arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,/hípsters con cabeza de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con la estrellada dinamo de la maquinaria nocturna”.

Son un perfecto ejemplo del proyecto estético de Ginsberg: una poesía directa, cruda, descarnada y declamatoria. Pegada a la realidad y no ajena a la política que no elude la obscenidad y se sirve del lenguaje coloquial, llevándolo a una dimensión literaria a través de imágenes y metáforas muy osadas.

Los versos de tono alucinado de Aullido beben de la poesía visionaria de William Blake. Otra gran fuente de inspiración esencial es Walt Whitman, el poeta de la democracia y las multitudes, también del amor pansexual y la celebración de las cosas humildes. De él toma Ginsberg los versículos de largo aliento, liberados de rimas tradicionales, Además, como Whitman, también Ginsberg tuvo esta dimensión de poeta público, ya que declamaba en conciertos y manifestaciones.

Portada de ´Allen Ginsberg collected poems´ Penguin Random House

El vate barbado del XIX aparece mencionado muchas veces en la poesía de Ginsberg, por ejemplo en Un supermercado en California, donde imagina un encuentro con su inspirador, entre los pasillos de un supermercado: “¿Pasearemos soñando con la América perdida del amor más allá de los automóviles azules estacionados hacia nuestra cabaña silenciosa?”

Aullido contó con un prólogo de William Carlos Williams, poeta vanguardista de la generación anterior, cuya concepción poética está resumida en la célebre sentencia “Not ideas but in Things”, que reconduce a la poesía desde las elucubraciones celestiales y abstractas a lo concreto y lo cotidiano. Ese prólogo significa el aval de la vanguardia anterior a la guerra a la poesía beat.

Allen Ginsberg, primera edicion de Aullido Number Four

Los mejores versos de Ginsberg están en sus dos primeros libros, Aullido y Kaddish. Los poemarios posteriores —Reality Sandwiches, Planet News, The Fall of America, Plutonian Ode…— son más abiertamente políticos, en un sentido amplio del término, y más irregulares en calidad. Entre sus mayores logros de madurez: Sutra del vórtice de Wichita, con la guerra de Vietnam como trasfondo, Oda plutoniana, sobre los peligros de la era atómica, y La balada de los esqueletos, una satírica y alucinada mirada sobre Estados Unidos a partir de la tradición mexicana del Días de los Muertos.

EL HIPPY: SAN FRANCISCO, LA CONTRACULTURA Y EL ROCK

Si los beats representaron la rebeldía juvenil en la posguerra, su prolongación natural fueron los hippies y la contracultura a finales de los sesenta. Compartían el interés por filosofías y espiritualidades orientales, el uso desacomplejado de las drogas, la práctica de una sexualidad desinhibida y una actitud contraria al poder establecido.

Los beats se convirtieron en los referentes de los que bebió la generación hippy y el mundo del rock. La admiración se dirigía en especial hacia William Burroughs y Allen Ginsberg. El segundo es el puente más claro entre ambos mundos: participó recitando poemas en el festival Human Be-In, celebrado en el Golden Gate Park de San Francisco el 14 de enero de 1967. Allí actuaron los grupos más emblemáticos de la psicodelia y el rock de la ciudad: Jefferson Airplane, Grateful Dead y Big Brother and the Holding Company con Janis Joplin como cantante. El festival fue la antesala de lo que se llamó el Summer of Love.

EL ICONO: LA ADMIRACIÓN DE DYLAN, THE CLASH, PHILIP GLASS Y PAUL McCARTNEY

La primera conexión musical de los beats fue con el jazz. La escritura sincopada de los versos de Ginsberg y la prosa de Kerouac bebe directamente de esos ritmos. Después, Ginsberg proclamó en más de una ocasión que las canciones del rock eran la poesía del mundo contemporáneo. Él mismo hizo algunos pinitos grabando versiones musicadas de sus poemas. Y en 1975 participó recitando versos en la mítica gira de Bob Dylan Rolling Thunder Review (sobre la que hay un imprescindible documental de Martin Scorsese).

Una década antes, el poeta asoma en la filmación promocional de Subterranean Homesick Blues en 1965, dirigida por el gran documentalista D. A. Pennbaker. Se trata de una suerte de protovideoclip, en el que aparece Dylan en un callejón, provisto de unas cartulinas con la letra de la canción, que va tirando al suelo. Si se fijan, al fondo se ve a dos hombres hablando, uno de los cuales es Allen Ginsberg. Dylan no fue la única conexión musical de Ginsberg. También recitó poemas en algunos conciertos de Patti Smith y en 1982 colaboró con la banda punk británica The Clash; se oye su voz en el tema Ghetto Defendant del álbum Combat Rock.

Por otro lado, el compositor vanguardista Philip Glass partió de la obra del poeta para la pieza para piano Wichita Vortex Sutra, la ópera de cámara Hydrogen Jukebox y la sinfonía nº 6, titulada Plutonian Ode, entre otras colaboraciones. Glass también musicó el poema La balada de los esqueletos (del que tienen una preciosa edición reciente en La Bella Varsovia). Ginsberg lo recitó en octubre de 1995 en el Royal Albert Hall, acompañado por Paul McCartney a la guitarra. La filmación, que les recomiendo encarecidamente, la pueden ver en YouTube.

Allen Ginsberg, sinfonía de Philip Glass a partir del poema Plutonian Ode

EL BUDISTA: EL VIAJE A LA INDIA Y LOS ALUCINÓGENOS

A principios de los años sesenta, Ginsberg viajó con su pareja Peter Orlovsky —con el que mantuvo una larga relación abierta— a la India. Venían de una estancia en Tanger, con Paul Bowles, Burroughs y en París, donde se alojaron el llamado Hotel Beat, situado en el número 9 de la Rue Gît-le-Coeur, un hotel barato que también frecuentaron Burroughs y Gregory Corso.

El viaje a la India, en el que alternaron con poetas y gurús, fue clave en la transformación espiritual de Ginsberg, que abrazó el budismo y la meditación trascendental. Desde ese momento fue habitual verlo recitando mantras en actos públicos, acompañado con su Shruti Box. Esta búsqueda espiritual se prolongó en el uso de LSD y otros alucinógenos, que el poeta empezó a utilizar gracias a su contacto con Timothy Leary, el psicólogo de la Universidad de Berkeley que fue el introductor de estas sustancias en Estados Unidos.

EL RADICAL: WASHINGTON, CHICAGO, CUBA, CHECOSLOVAQUIA

A la dimensión espiritual de Ginsberg se suma su activismo político, sin el cual no se entiende ni su figura ni su obra. El poeta fue un radical de izquierdas, vinculado de forma muy activa con las protestas de los años sesenta y setenta. Participó en la célebre marcha sobre el Pentágono de 1967 contra la guerra de Vietnam, inmortalizada por Norman Mailer en Los ejércitos de la noche.

Participó, un año después, en las manifestaciones contra el congreso demócrata de Chicago, que acabaron con cargas policiales y el célebre juicio a los “siete de Chicago”. Ginsberg, que estaba allí con la misión de escribir un artículo para la revista Esquire, tuvo una destacada actuación como pacificador. En un momento de tensión y cargas policiales, se puso a recitar mantras para calmar los ánimos.

En la década siguiente, estuvo en la movilización de 1978 contra una planta de fabricación de armas nucleares en Colorado. Con Orlovsky y otros activistas se sentó en las vías del tren para impedir el paso de un convoy y fue detenido con los demás manifestantes. Su activismo político le llevó a visitar en 1965 dos países del ámbito comunista, Cuba y Checoslovaquia, y más tarde a mostrar su apoyo a la revolución sandinista en Nicaragua.

Allen ginsberg en la protesta contra unas instalaciones nucleares

Como buena parte de los miembros más ideologizados de su generación, se equivocó, por ingenuidad o simple y llana estupidez, en el apoyo a estas revoluciones que no eran otra cosa que totalitarismo. En su caso, se le puede aplicar al menos una pequeña eximente redentora. Por su orientación sexual y su vínculo con la contracultura libertaria, fue expulsado tanto de Cuba como de Checoslovaquia.

De Cuba por hablar de la represión de los homosexuales bajo el castrismo. El régimen lo mandó de una patada a Checoslovaquia, donde llegó como invitado oficial del Estado. Pero los estudiantes, ya rebeldes (la Primavera de Praga estallaría y sería aplastada tres años después), lo nombraron Kral Majales (Rey de Mayo) y lo pasearon coronado por las calles. Entonces las autoridades se pusieron muy nerviosas ante ese estallido de vitalidad y libertad y lo expulsaron. Desde Praga aterrizó en Londres, donde coincidió con Bob Dylan y a través de este conoció a los Beatles.

Allen Ginsberg con Bob Dylan

EL ACTIVISTA: LOS DERECHOS GAYS Y EL ESCÁNDALO DE LA PEDERASTIA

El otro activismo militante de Ginsberg fue el de la lucha por los derechos de los homosexuales. Participó en la marcha sobre Washington de 1979 por los derechos de gays y lesbianas. Pero su combate era diario: siempre fue muy explícito sobre su orientación sexual, tanto en las entrevistas como en su poesía. Como muestra del alto voltaje de algunos de sus poemas, bastará con mencionar tres títulos: Esfínter, Dulce chico, dame tu culo y Por favor, amo.

Por otro lado, en 1994 escandalizaron unas declaraciones suyas en apoyo a la asociación NAMBLA, que defendía la despenalización de las relaciones sexuales con menores de edad. En una entrevista defendió de forma airada su derecho a mantener relaciones sexuales con menores (utilizó palabras mucho más crudas).

Este posicionamiento inaudito y abyecto solo se entiende en el marco de los muchos desaguisados que generaron la contracultura, el mayo del 68 y la revolución sexual. En nombre de la libertad, algunos defendieron en aquellos años la sexualización de los niños. Y pedófilos que ocupaban estamentos académicos construyeron un armazón teórico para divulgar estas ideas. Uno de los más activos fue el filósofo René Schérer (hermano del cineasta Eric Rohmer), autor de La pedagogía pervertida (que aquí publicó una conocidísima editorial barcelonesa).

Para entender el contexto: en Francia, intelectuales de pedigrí firmaron en 1977 no uno sino dos manifiestos a favor de la despenalización de las relaciones sexuales con menores. Entre ellos Foucault, Barthes, Deleuze, Sartre, Beauvoir, Sollers… Los últimos rescoldos de esta infamia llegan hasta nuestros días. ¿Recuerdan el escándalo Gabriel Matzneff?

LA DESPEDIDA: EL POETA ANTE SU PROPIA MUERTE

Ginsberg falleció el 5 de abril de 1997 en su apartamento en el East Village neoyorquino, siguiendo un ritual budista. La causa fue un cáncer de hígado derivado de la hepatitis crónica que sufría. No dejó de escribir hasta el final, y hay dos poemas que funcionan como su despedida. El primero, fechado el 22 de febrero de ese año, es el extraordinario Muerte & Fama, rebosante todavía de vitalidad, carnalidad, procacidad e ironía. En él repasa amantes —“Docenas, cien o más, viejos compañeros pelados & ricachones/jóvenes muchachos que conocí recientemente desnudos en la cama…”—.

E imagina lo que dirán de él esos amantes y otras personas que asistirán a su funeral: “Periodistas, secretarias de editores, agentes, retratistas & aficionados a la fotografía, críticos de rock, obreros cultivados, historiadores culturales vienen a presenciar el histórico funeral/Superfanáticos, poetastros, envejecidos beatniks y fanáticos de Grateful Dead, cazadores de autógrafos, paparazzi distinguidos, mirones inteligentes/Todos sabían que estaban siendo parte de la “Historia” menos el muerto/que nunca supo exactamente qué estaba pasando incluso cuando estaba vivo”.

El otro poema, Cosas que no haré (nostalgias), fechado el 30 de marzo y sin terminar, es un esbozo escrito a pocos días de su fallecimiento, mucho más solemne y menos juguetón. El poeta, en una última evocación, hace una lista de personas y lugares muy queridos que sabe que ya no volverá a ver.