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La vida está llena de nombres olvidados que una vez significaron algo, cadáveres perdidos, sueños rotos y ternura rancia. Por eso siempre es un placer dejarse de tonterías y regresar a casa, como dejó dicho Novalis y replica La jungla de asfalto, la novela de W. R. Burnett que John Huston adaptase al cine noir.

Éste es el perfume exacto que desprenden los libros de Raúl Núñez (Buenos Aires, 1946), un escritor, hijo de la diáspora argentina, expatriado entre Barcelona y Valencia, y uno de los autores malditos —avant la lettre— de la literatura en español de los años setenta y ochenta, cuando España dejó detrás el quicio del tiempo sordo y abrazó, con una sed bíblica, la libertad del alcohol, el sexo y la impertinencia.

En ese país que todavía no conocía la corrección política, y que era lo que era —un planeta en tránsito entre un pasado sonámbulo y un porvenir que no estaba nada claro— habitó Raúl Núñez hasta su temprana muerte. Nuestro hombre venía de los boliches de la Argentina, donde su generación había sido seducida por la contracultura norteamericana —“I run around in sandals, I never, ever shave / And that's the way I wanna be when someone digs my grave”, cantaba Bob McFadden—.

Y donde había publicado ya un par de libros de versos Poemas de los ángeles náufragos (1969) y San John López del Camino (1971)–, antes de explorar los puertos del Mediterráneo, donde escribiría tres poemarios más: Juglarock (1972), People (1974) y Cannabis flan (1983). El editor Umberto Stabile los reunió en Marihuana para los pájaros (Baile del Sol, 2008).

La contracultura

En aquella Barcelona libre y canalla, donde todo parecía posible hasta que el mundo se volvió ordinario, fatigó sus días y sus noches por las redacciones de la prensa alternativa y underground sobre todo en las revistas Vibraciones y Star, antes de que los periódicos se convirtieran en escaparates de ejecutivos financieros, y comenzó a escribir prosa. Su debut –Derrama whisky sobre tu amigo muerto (1979)salió en Star Books, que en siete años publicó treintena títulos, entre ellos Tarántula, de Dylan, aunque la colección se estrenase con On the road, de Kerouac.

Portada de 'Derrama whisky sobre tu amigo muerto' EFE EME

Esta iniciativa editorial demostró que la contracultura podía practicarse en cualquier lugar y en otros idiomas distintos al inglés porque en todos sitios existe alguno de los bares más tristes del mundo, con su selecta clientela —esa gente derrotada, pacífica y desesperada— y el alcohol necesario para distraerse de la cruda realidad.

Cerca del mar

Núñez había encontrado su particular embajada en la tierra y, aunque aún pasaría un tiempo probando otros aires —estuvo dos años viviendo en Ámsterdam: no hace falta explicar los motivos concretos— regresaría a Barcelona, donde residió hasta que se marchó a Valencia, donde ejerció el periodismo para el semanario Cartelera Turia (sus artículos están reunidos por Midons Editorial en El aullido del mudo) y escribió, entre otras, en la revista Playboy. Núñez solo supo vivir en ciudades con puerto y bajos fondos.

Efe Eme, la editorial capitaneada por el gran Juan Puchades, último mohicano de la prensa musical independiente, sección gran reserva, está recuperando ahora la narrativa integral del escritor argentino, en buena medida descatalogada desde que Anagrama —que publicó en su momento su Sinatra, adaptado al cine por Francesc Betriu y elogiado por Le Monde, y La rubia del bar, cuyo guión cinematográfico posterior firmó Núñez con el cineasta Ventura Pons—sacase al autor argentino de su catálogo.

Portada de 'La rubia del bar' EFE EME

Este rescate de Efe Eme devuelve a los lectores ambos títulos y les suma otros tesoros: A solas con Betty Boop, publicada por Laia en 1989, y dos libros inéditos: la novela Fuera de combate y La chica del K.O. y otros relatos, una fértil colección de cuentos. Cinco magníficas piezas de realismo sucio. Núñez siempre fue un autor de subgénero. Su universo narrativo –a mitad de camino entre el dirty realism y la tradición hard boiled norteamericana– se acoge a parámetros claros y expresos: estilo rotundo y directo, líneas sin artificios, sintaxis cruda. Escribe alto y claro.

Portada de 'Fuera de combate' EFE EME

Recuérdese a este respecto la poética de uno de los maestros del asunto, el viejo Hank (Bukowski): “Every line of writing must go like this: Bim! Bim! Bim! and be full of a delicious little juice, flavour and power to make a reader turn the page”.

Sinatra, la historia de un hombre solo, portero nocturno de una pensión de mala muerte y peor vida, al que su mujer ha abandonado por un negro, y que intenta redimirse mientras contempla el depravado bestiario de las calles de la Barcelona anterior a las Olimpiadas, muestra el talento de Núñez para tocar las notas de blues necesarias y emocionar a un lector que, aunque conozca de antemano su código —el reconocimiento del modelo y sus variantes es parte del disfrute de la lectura—, encuentra también a una voz con personalidad propia.

Portada de 'Sinatra' EFE EME

En su propia forma

Raúl Núñez es un valor seguro porque, igual que sucede con la métrica tradicional en relación al verso libre, la decisión voluntaria de someterse a una fórmula literaria establecida no impide —más bien todo lo contrario— la originalidad individual. La métrica sirve para al poeta, igual que las riendas a un caballo, evitando que se disperse y se estrelle ante la falta de unos límites claros. Con las novelas de Núñez sucede lo mismo.

Todas son narraciones ambientales fieles a la galería de los perdedores y los sagrados pobres de espíritu, cuyos dramas discurren en frolics rooms, territorios devastados donde hombres solos (y también mujeres) buscan una anestesia ante el dolor existencial, el vacío y el sinsentido. Escritores que no escriben, autores de segunda –negros de novelitas de kiosco–, encuentros fugaces –diálogos rápidos, coloquialismo, dirty talk–, mucho humor negro, desacralización, amores imposibles y una miseria oscura.

Derrama whisky y Sinatra son epopeyas negativas que nos hablan de individuos maltratados y solitarios. La rubia del bar, publicada primero como un serial en la revista La luna de Madrid, es la sórdida historia de una pareja (Mario y Marta). A solas con Betty Boop suena como un trío de música (desafinada) de cámara: un entremés con tres personajes dementes, incapaces de escapar de la ruina. Pozos infinitos. Calles sucias. Humor cruel. Patetismo irónico. Ternura caducada.

Fuera de combate, la narración póstuma, inédita durante tres décadas, es una novela coral sobre la biología de las fieras callejeras, como diría el gran Roberto Arlt, periodista atorrante. La literatura de Raúl Núñez es estupenda y no toma prisioneros. Registra y describe. Narra sin piedad la verdad desnuda de las calles. Es sincera. Y, gracias a su sobriedad sostenida, emociona.