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A estas alturas, solo los muy merluzos siguen pensando que el cómic es cosa de niños y adolescentes, de Mortadelos y Supermanes. Les selecciona aquí las seis propuestas más estimulantes de los aparecidos en el primer semestre del año. Hay experimentación formal y temática, psicodelia, puntos de partida literarios o artísticos, poesía melancólica y humor sofisticado.

Teorías para todo, Roz Chast (Libros Walden)

Neoyorquina, judía y neurótica, Roz Chast es una suerte de versión femenina de Woody Allen. Y sobre todo, la mejor viñetista en activo del New Yorker. De ella hasta ahora solo se había traducido en nuestro país la novela gráfica ¿Podemos hablar de algo más agradable? (Reservoir Books), centrada en su complicada relación con sus todavía más neuróticos progenitores.

Una de esas típicas parejas judías que han vivido juntos toda la vida, amándose y tirándose los trastos a la cabeza, como los padres de George Constanza o del propio Seinfeld, en la serie televisiva que lleva su nombre y que es otro de los prodigios del humor judío neoyorquino.

Llega ahora una selección de las viñetas de Chast en el New Yorker, que es —por desgracia— una versión bastante reducida del original publicado en Estados Unidos en 2006. Si leen en inglés, busquen esa maravillosa edición, Theories of Everything (Bloomsbury). Si no, tendrán que conformarse con estas Teorías para todo.

Portada de ´Teorias para todo´ Libros Walden

Aun así, el libro merece la pena: descubrirán el humor paradójico, disparatado, intelectual y sobre todo descacharrante de esta autora. Se toparán con cosas como la portada de una revista especializada en escritores mediocres; un catálogo de ropa de explorador para ir a ninguna parte; un listado de las ideas más tontas del mundo; el gemelo diabólico de Thomas Pynchon, dispuesto a aparecer en cualquier programa, a diferencia de su esquivo hermano literato…

Dos mujeres desnudas, Luz (Reservoir Books)

El lienzo que da título al libro lo pintó Otto Mueller en 1919. Lo que se cuenta en el cómic —a partir de una minuciosa documentación por parte del historietista— es el periplo de esta obra desde que se pintó hasta su actual ubicación en el museo Ludwig de Colonia. El libro, obra del dibujante francés Renald Lucier, que firma como Luz, llega avalado por múltiples premios, incluido el del prestigioso Festival de Angôuleme. No es para menos, ya que su planteamiento es original, ambicioso y muy osado.

Portada de ´Dos mujeres desnudas´ Reservoir Books

Parece aplicar a rajatabla la idea expresada por Rilke en su extraordinario poema Torso arcaico de Apolo: cuando contemplamos una obra de arte, ella nos contempla a nosotros. Aquí todo lo que se cuenta está visto desde la perspectiva del cuadro de Otto Mueller. Las viñetas van mostrando lo que queda frente al lienzo, como si este mirase a sus espectadores.

Desde el artista que lo está pintando hasta el coleccionista que lo inspecciona para comprarlo, pasando por su secuestro por los nazis, su olvido en un almacén... De modo que lo que pasa ante el cuadro es la convulsa historia del siglo XX europeo. Más allá de lo ingenioso del planteamiento, el resultado es brillante.

Viñeta del cómic ´Dos mujeres desnudas´

Einstein en el país de Kafka, Ken Krimstein (Salamandra Graphic)

Hecho histórico contrastado: entre 1911 y 1912 Albert Einstein vivió unos meses en Praga y allí frecuentó las tertulias literarias del Café Louvre, en las que participaba Franz Kafka. Aunque no hay ninguna referencia en las cartas de ninguno de ellos que hable de un encuentro, se da por seguro que el científico y el literato llegaron a conocerse personalmente. Sobre este tema Galaxia Gutenberg publicó en 2019 el ensayo de Diego Moldes Cuando Einstein encontró a Kafka, y ahora llega una versión de los hechos en formato de cómic.

Portada de ´Einstein en el pais de Kafka´ Salamandra Graphic

El autor, el estadounidense Ken Krimstein, se ha documentado con rigor y a partir de ahí ha dado rienda suelta a su imaginación, tanto en la narración como en la composición de las páginas y viñetas. Lo que propone es un viaje por las mentes de estos dos genios que revolucionaron sus respectivos campos de trabajo: Einstein la ciencia con su teoría de la relatividad, y Kafka la literatura con sus narraciones neuróticas y absurdas.

Los hijos del Topo, Jodorowsky y Ladrönn (Reservoir Books)

El chileno Alejandro Jodorowsky, parisino de adopción, tiene a sus espaldas una larga carrera que lo llevó desde el teatro pánico y el cine alucinógeno hasta la autoayuda en versión psicomagia y tarot. Tiene también una más que notable faceta como guionista de cómic, en la que destaca su obra magna con Moebius: El incal, que tuvo un spinoff nada desdeñable, Los metabarones, con otro dibujante.

Todo lo cual ha sido publicado en cuidadas ediciones integrales por Reservoir Books, que sigue con el encomiable empeño y ahora presenta Los hijos del Topo. Se trata de una secuela de su película de culto El Topo, estrenada en diciembre de 1970 en las legendarias sesiones de medianoche del neoyorquino cine Elgin, a cuyas proyecciones el público acudía debidamente colocado con marihuana para disfrutar de ese western psicodélico, psicotrónico y esotérico de Jodorowsky.

Portada de ´Los hijos del topo´ Reservoir Books

El autor prolongó ese universo en este cómic, con primorosas viñetas del mexicano José Ladrönn. Reaparece en ellas el cóctel de sexo, religión, violencia extrema, alucinación, delirio y amplio repertorio de simbología chamánica, en busca de una experiencia catártica.

Pelícanos eléctricos en los lagos, Sun Bai (Fulgencio Pimentel)

De origen chino y residente en Francia, la artista Sun Bai combina su carrera como ilustradora con la creación de cómics. Su estética es rápidamente identificable: dibujo de trazo delicado, tonos apagados, colores pastel, casi como si el dibujo emergiera en la página como una casi invisible marca de agua. Esta cuasievanescencia de sus viñetas es muy adecuada para contar la historia de su último libro, de poético y enigmático título: Pelícanos eléctricos en los lagos.

Portada de ´Pelicanos eléctricos en los lagos´

Para descifrarlo dos claves: la obra es de ciencia ficción, con un protagonista enviado a una lejana y solitaria misión. Y ese personaje, cada vez más aislado, tiene puntuales encuentros —reales o virtuales— con la joven a la que ama. En su existencia adquiere mucha relevancia el recuerdo de unos de esos encuentros, en un parque en el que había pelícanos eléctricos. Una obra sensible, sutil, casi esquiva, sobre la soledad, el deseo y la memoria.

El señor Buho en el país de los muertos, David B. (Salamandra Graphic)

Pierre-François Beauchard, que firma sus obras como David B., fue uno de los fundadores en 1990 de la editorial independiente L’Association. Entre los socios fundadores estaban otros nombres relevantes del cómic galo como Lewis Trondheim y Stalislas. Y allí publicaron sus primera obras autores como Joann Sfar y Marjane Satrapi. Como autor, David B. debutó con una novela gráfica que lo consagró de inmediato: Epiléptico: El ascenso del Gran Mal, relato autobiográfico que abordaba de un modo muy original y conmovedor su infancia, marcada por la epilepsia que padecía su hermano.

Allí ya estaba forjado su estilo: viñetas en blanco y negro de gran fuerza visual, herederas de dos maestros franceses: el gran Jacques Tardi y el erotómano Georges Pichard, hoy injustamente olvidado. Llega ahora una incursión en la fantasía, inspirada en la Alicia carrolliana. Aquí, en lugar de un conejo es un buho quien guía a la chica protagonista a otra realidad.

Portada de ´El señor buho en el pais de los muertos´ Salamandra Graphic

No se trata del País de las Maravillas, sino el País de los Muertos. La joven, que teme a su sombra, porque cobra vida propia, emprenderá así un viaje iniciático hacia la superación de sus angustias. El tono onírico de la peripecia permite al autor desplegar toda su creatividad y expresividad visual.