El subgénero del thriller literario conocido como Domestic Noir cuenta con un montón de voces (femeninas) en el mercado anglosajón, y la tendencia se va extendiendo por muchos otros países. La base del invento, como ustedes ya sabrán, es situar las historias más horribles en un ámbito teóricamente seguro y ejemplar: el hogar familiar, ese entorno en el que se supone que nada malo te puede pasar. A no ser que las cosas no sean exactamente lo que aparentan.
Fijémonos en la pobre Katharine, australiana, casada y con dos hijos. ¿Qué hace atrapada en el hogar con un sujeto armado y muy alterado al que conoce perfectamente? La víspera discutió con su marido, John. ¿Es él quien se ha zumbado de la noche a la mañana y parece dispuesto a eliminar a su mujer por algo que, según él, le ha hecho y es imperdonable? Esa impresión da, pero hay algo que chirría, algo que podría ocultar una relación de Katharine más complicada.
Nuevas aportaciones al género
Katharine y John son dos de los personajes de Los vecinos de enfrente, la primera novela de la australiana Nicole Trope que se traduce al español (editorial SUMA), aunque ha publicado un montón más, que se publicarán en España, o no, dependiendo de cómo funcione ésta. Espero que bien, ya que Los vecinos de enfrente aporta novedades al género muy interesantes. Para empezar, la estructura. Todo transcurre en un solo día y, prácticamente, en tiempo real. Las trescientas páginas de la novela abarcan tan solo siete u ocho horas: Katharine no está sola y no es la única en ver el tiempo pasar.
Portada de ´Los vecinos de enfrente´
También está Logan, un repartidor a domicilio, ex presidiario en remisión, que intenta entregar un ordenador en casa de Katharine, pero no lo consigue: su secuestrador le ha prohibido abrir la puerta. Que deje el paquete a la entrada de casa. No puede ser, es precisa una firma. Haga lo que quiera. Logan se va con el ordenador a cuestas para seguir con su ronda de entregas, pero Katharine se le ha quedado en el cerebro, algo le ha olido a chamusquina y su experiencia delictiva le ha insinuado que ahí dentro puede estar pasando algo grave.
La anciana Daisy es la vecina de Katharine, que apenas sale de casa, donde se dedica al cuidado de Lou, su marido, que está para el arrastre. A Daisy le gusta llevarle madalenas recién horneadas a la vecina, pero hoy, por mucho que lo intente, no le abren la puerta. ¿Qué está pasando en casa de los vecinos de enfrente?
Un final brillante
Con un ejemplar ritmo cinematográfico, las peripecias de cada personaje se van alternando (o solapando), completadas por unos monólogos delirantes del secuestrador que insinúan sus taras, pero no lo suficiente para que podamos identificarlo. En ese sentido, la inesperada sorpresa final, el quiebro de guion a pocas páginas del desenlace, es de una brillantez absoluta. Si la miniserie de Netflix no está al caer, no sé en qué están pensando sus responsables, francamente.
Los vecinos de enfrente tiene fama de ser la mejor de la docena de novelas que la señora Trope ha ido publicando desde 2012 a una velocidad muy notable. Yo, es de lo mejor (y más sorprendente) que he leído últimamente en el apartado del Domestic Noir. Se la recomiendo efusivamente a cualquiera que esté a punto de irse de vacaciones: yo me la llevé a Asturias una semana y pasamos juntos ratos inolvidables.
