El tiempo, ese efebo que se hace viejo sólo un instante antes que nosotros, y que es de siempre, y que es de ahora, pasado que se fue y presente que todavía es, antes de dejar para siempre de serlo, ha situado a José Carlos Llop (Palma de Mallorca, 1956) en la cúspide de la setentena, una edad ilustre e inquietante por igual que sólo conocen aquellos afortunados a los que el vendaval de la vida todavía no ha podido someter por completo.
Más que celebrar su cumpleaños –“¡Saravá!–, procede conmemorar aquí el fecundo espíritu de su obra literaria, que desde la periferia insular –la ciudad de Palma, que tan bien retrató en En la ciudad sumergida, y Mallorca, cuya topografía física en su caso es también sentimental– se ha convertido, gracias al tesón, la coherencia y a una cierta obstinación –una virtud en estos tiempos de conversiones súbitas–, en uno de los legados artísticos mejor conectados con las tradiciones culturales europeas.
¿Cómo catalogar a Llop?
En los libros de Llop, que tocan todos los géneros de la prosa y el verso, a excepción del teatro, que únicamente ha cultivado de forma circunstancial con la obra La nit de Catalina Homar, palpita una singular mezcla de cosmopolitismo y de raigambre mediterránea. Una mixtura que rara vez se relaciona con la literatura española, oscilante entre el realismo telúrico y la mímesis de modelos italianos, franceses y, de un tiempo a esta parte, anglosajones, pero que desmiente todas las clasificaciones académicas.
No existe una peana donde poner a Llop, que no es ningún santo de iglesia –Deo Gratia– pero puede presumir de haber escrito una literatura alérgica a encerrarse en sí misma. Esto, en España, ya es todo un acontecimiento. En Francia sus libros se esperan y se traducen, en Mallorca está considerado un prócer –sin buscarlo– y en el resto del país se le considera una feliz anomalía. Alguien que no es fácil de catalogar porque escribe narrativa sin dejar ejercer como poeta –uno de los mejores– y sabe distinguir la hondura del ensayo del movimiento constante, ya sea geográfico o mental, que exige la mejor literatura de viajes.
Si se desconoce la obra del autor mallorquín, que desde hace muchos años ejerce de forma discreta como primus inter pares entre sus iguales, lo recomendable es empezar por tres títulos de su bibliografía, dos propios y un tercero delegado, por así decir.
La guía para leer al escritor
El primero es En la ciudad sumergida (Alfaguara), su elegía sentimental sobre la ciudad de Palma, uno de los mejores libros de viajes (urbanos) de las últimas décadas.
Portada del libro 'En la ciudad sumergida'
Llop contrapone el retrato de los personajes míticos que pasaron por la isla durante la segunda mitad del pasado siglo con los espacios (alterados) de su propia memoria personal hasta dar forma a un testamento muy vivo de su paisaje anímico. En este excelente libro habita la memoria de un tiempo que ya sólo existe gracias a la evocación de su prosa, y que se ha transformado en perdurable merced a la magia atemporal de la escritura.
El segundo libro clave para entender al autor mallorquín, y en concreto su faceta como poeta, es Mediterráneos (Vandalia), la colección de todos sus poemarios publicados desde comienzos de este siglo, acompañados para la ocasión de un volumen inédito –El árbol de los cormoranes– escrito originalmente en mallorquín y traducido (por el poeta) al español.
Portada del libro 'Mediterráneos'
Veinte años de versos. El mapa de un itinerario literario que, a medida que han ido sucediéndose los años, brilla cada vez más por su sobriedad y por haberse desprendido –sin perder intensidad ni hondura– de los artificios hasta encontrar una voz propia, meditativa, que nos habla de la sacralidad cotidiana –asunto también de una de sus memoirs: Si una mañana de verano un viajero... (Alfaguara), antítesis de su Solsticio– y preserva el sabio legado de los clásicos, capaces de expresar las emociones humanas naturales con un lenguaje fértil y cercanísimo, milagrosamente exacto.
El tercer título no es una obra directa de Llop, aunque sea su figura –y sobre todo sus palabras– las que protagonizan la extensa conversación que el escritor mantuvo con Daniel Capó y Nadal Sau (Elba). En este libro, concebido al modo de una entrevista, el autor de París Suite: 1940 enuncia su idea de la literatura, explica su vocación, desentraña la experiencia de escribir diarios, que en su caso se acelera tras leer las antológicas Radiaciones de Ernst Jünger y, al cabo, ensaya una suerte de arte poética.
Portada del libro 'José Carlos Llop, una conversación'
La literatura de Llop está construida con inteligencia, cultura, sensibilidad –sin caer en el sentimentalismo, que es cosa muy distinta– y practica la vieja costumbre de los antiguos griegos de convertir el tiempo de ocio intelectual –scholé, término del que procede la palabra escuela–, dedicado para el cultivo del espíritu y a la práctica de la libertad creativa, en una más de las bellas artes.
