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Tras Ama (2019, Random House) y Hombres que caminan solos (2021, Random House), dos novelas de claro carácter autobiográfico, José Ignacio Carnero nos presenta Los fabuladores (Random House), una novela que, si bien sigue moviéndose en el terreno de la no ficción, ya no tiene al autor como protagonista.

Jose Ignacio Carnero Òscar Gil Coy Barcelona

En Los fabuladores, Carnero indaga en lo sucedido el 22 de enero de 1961, cuando un portugués y dos españoles armaron un plan para secuestrar un trasatlántico en el Caribe. ¿Su objetivo? Iniciar una revolución para derrocar las dictaduras de Salazar y Franco. Carnero se centra en los tres responsables de fabular una empresa que, sin embargo, estaba destinada al fracaso: Galvão, Velo y Sotomayor.

En su indagación, Carnero observa de qué manera estos tres llevaron hasta las últimas consecuencias sus ideales, a través de la fabulación de acciones que no tenían ni sentido ni posibilidad de éxito. Carnero pone el acento sobre todo en Sotomayor, un hombre que vivió siempre en una ficción, en una fabulación constante en nombre de unos ideales que nunca consiguió alcanzar.

Cuando empecé a leer su novela, lo primero que pensé es cómo es posible que se conozca tan poco este episodio de nuestra historia.

Creo que no se recuerda este hecho, porque no encaja en el relato histórico principal. Los tres protagonistas de esta historia vienen de ninguna parte y van a ninguna parte: no tienen ni ascendientes ni descendientes. Son un cabo suelto en la historia o, en otras palabras, su historia empieza y acaba con ellos. No tuvieron ningún tipo de relevancia en el relato histórico de la España del siglo XX: ni en la guerra civil, ni en el franquismo ni en la Transición.

En parte, porque no consiguen nada.

Exacto, sobre todo, en el caso de los españoles. El caso de los portugueses es diferente: en Portugal, no solo se conoce más o menos la historia del secuestro, sino que Henrique Galvão tiene calles a su nombre en cualquier pueblo portugués. Galvão, de hecho, fue elegido como general de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire en el exilio por Humberto Delgado, que se había opuesto a la dictadura de Salazar y que ahora da nombre al aeropuerto de Lisboa. Los dos tuvieron un papel, secundario si quiere, pero un papel en los principales hechos históricos del siglo XX en Portugal, como en la Revolución de los claveles.

En cambio, Sotomayor...

Es la cara oculta de la España del siglo XX, un cabo suelto sin más.

Jose Ignacio Carnero Òscar Gil Coy Barcelona

De lo que no hay duda es que el secuestro es fruto de mucha fabulación, de imaginar algo imposible.

Cierto y no es casual que los tres —Galvão, Velo y Sotomayor— acabaran escribiendo. Su tendencia a la fabulación nos habla de una actitud frente a la vida: la de no conformarse con la realidad y la de estar convencido de que la realidad se puede cambiar como si de una ficción literaria se tratara. Lo que sucede es que ellos se enfrentan a la realidad para transformarla y la realidad les acaba venciendo. Eso sí, creo que esta confianza en la fabulación y en la imaginación no encaja en el mundo actual, puesto que creo que nosotros hemos renunciado a la imaginación: la consideramos algo menor, algo vinculado exclusivamente al ocio. Vemos una serie de Netflix, leemos una novelita y ya está. Simple ocio, simple entretenimiento. La época actual se define por pragmatismo exacerbado: trabajados, ganamos dinero e intentamos prosperar... Ya está. La época de los tres protagonistas era completamente distinta.

Todavía se creía en conceptos como la revolución y todavía se creía en la posibilidad de crear mundos y realidades sociopolíticas nuevas.

Es así. También es cierto que mis tres protagonistas representan esta confianza en la imaginación llevada a su extremo. Se les va de las manos.

De hecho, por entonces Cuba era todavía una utopía y el Che un referente incuestionable.

Esto es fundamental. Es un momento en que las grandes esperanzas todavía están vírgenes, por esto hay que mirar y juzgar a los protagonistas con cierta clemencia. No los podemos juzgar a partir de lo que sabemos ahora, tenemos que ser piadosos. Además, los tres, como decíamos, eran muy distintos. Galvão estaba en contra de Salazar, pero ¿podemos definirlo un convencido demócrata? En el caso de Sotomayor, es más fuerte el ideal revolucionario que su antifranquismo. Es cierto que en él hay un idealismo democrático, pero es un idealismo muy poético. Entre otras razones, su hazaña no triunfa porque entre ellos no terminan de entenderse, no hay una base ideológica sólida en su organización. Cuando una organización triunfa es porque tiene una ideología clara.

Ellos fabulan en una Caracas que ya no es la Caracas de hoy, la que usted visita para escribir la novela.

No lo había pensado, pero es cierto: su imaginación prospera en un lugar próspero. Mientras que el lugar al que yo llego es una ruina absoluta. El problema que tenemos no es que solo hayamos renegado de la imaginación, sino que, actualmente, quien recurre a la imaginación son los malos. Piensa en Trump, es un personaje absolutamente fabulador. De hecho, quien ha renunciado a la imaginación son sobre todo los sectores de la población más progresistas, que han asumido una idea muy pragmática de la vida.

Jose Ignacio Carnero Òscar Gil Coy Barcelona

Sotomayor, Galvão y Velo son personajes muy distintos, pero emprenden un proyecto común.

Son opuestos y, por esto, están condenados a no entenderse. Son personalidades antitéticas, pero su amistad adquiere sentido para un proyecto concreto y, cuando el proyecto fracasa, cada uno va por su lado. Para mí, el personaje más interesante es Sotomayor, un militar que, a priori, debería no perder el tiempo con literatura y ser práctico, pero que, al final, es el más fabulador de todos. Su fabulación es máxima, la lleva al extremo, hasta el punto de que su vida acaba siendo consumida por la ficción que él se crea. Incorpora la ficción en su vida hasta tal punto que todo se vuelve una mentira, pero una mentira que él se cree y, por tanto, una mentira que termina convirtiéndose en su realidad.

Pienso en Enric Marcos y en la novela de Javier Cercas. Él definía a su personaje como un impostor; usted los define, incluso a Sotomayor, como fabuladores. Son dos conceptos muy distintos.

Sí, muy distintos. El recuerdo que tengo de El impostor de Cercas es que el motor de la impostura de Marcos es como la vanidad: lo que busca es que le quieran más, que le admiren, que le reconozcan. Por el contrario, el motor de la fabulación de Sotomayor es algo mucho más poderoso: cumplir con su destino. Y este objetivo lo lleva hasta el último extremo, cosa que no hace Marcos. De hecho, Sotomayor está dispuesto a pagar con su propia vida el precio de su mentira. Y con esto no quiero decir que hiciera las cosas bien: abandonó a su familia, viajó por China, por Laos, por Camboya, secuestró un trasatlántico...pero terminó en la pobreza y el olvido, todo por seguir su ideal.

Hay un momento, hacia el final que el propio narrador se pregunta cómo definir a Sotomayor: ¿Un idealista? ¿Un desgraciado? ¿Un mentiroso?

Por esto Los fabuladores es una novela, porque el otro fabulador es el narrador: es decir, yo interpreto la vida de Sotomayor a partir de mis ideas, de mis lecturas, de mis deducciones, de mi manera de ver el mundo... El relato que construyo de Sotomayor es particular, en cuanto que su vida se hubiera podido contar de otra manera. Lo que espero es haber conseguido hacer que su vida sea comprensible y aceptada por los lectores como lo fue por mí tras mucho te indagar en su biografía y darme cuenta toda la fabulación e invención que la rodeaban. Por esto, hago hincapié en que Los fabuladores es una novela y, como tal, juega con una verdad literaria, no con una verdad histórica ni tampoco con una verdad periodística. Lo que hago, eso sí, es recurrir a distintos géneros literarios que me permiten explorar distintas posibilidades de lo que pudo haber ocurrido.

Sin embargo, su ideal es dejado de lado cuando de lo que se trata es de salvar la vida de uno de los pasajeros del crucero secuestrado.

Esta es una cuestión fascinante: los tres protagonistas tenían una idea muy clara de lo que querían hacer, pero anteponen la vida humana de un tercero y están dispuestos a pagar el precio de su propio fracaso. Si esto fue realmente así, puesto que no sabemos nunca con exactitud qué paso, el suyo fue un acto de heroísmo. Si, como es el caso de Sotomayor, eres una persona tan convencida de la necesidad de hacer la valoración como para poner en juego tu patrimonio, tu seguridad, tu todo... Renunciar a todo por salvar una vida es un gesto de gran heroísmo y, al mismo tiempo, es un gesto muy literario. Además, un gesto así interrumpe la fabulación. La imaginación desbocada de Sotomayor arrasa con todo, de ahí el precio que paga él mismo, pero también toda su familia. Sin embargo, si es cierta esa anécdota del crucero, significa que hubo un momento en el que la fabulación se detuvo y se impuso la realidad. Y ese momento fue cuando se decidió que era más importante salvar la vida de una persona.

Lo que se percibe en los tres protagonistas es una gran soledad, la soledad del exiliado.

La soledad es, en parte, lo que les une. El hecho de vivir más de veinte años en exilio les hace perder la perspectiva. Siguen siendo españoles y portugueses, pero se latinoamericanizan. Viven en Venezuela y están muy influidos por los valores latinoamericanos, sobre todo, los valores heredados de la Revolución Cubana. La pregunta es si hubieran sabido realmente la situación que se vivía en sus países en 1961, ¿habrían seguido adelante con su hazaña? Apenas les llegaba información de España y de Portugal, vivían en una burbuja, en la de los exiliados en Caracas.

Volviendo al inicio de la entrevista, ¿quizás lo único que les salva es que, a pesar de todo, creen en algo, creen en la posibilidad y en el deber de cambiar las cosas?

En parte sí, si bien, como te decía, a ellos se les va de la mano. Sin embargo, es cierto que su historia nos permite preguntarnos por qué hemos renunciado a un mundo mejor ¿Esta renuncia no nos está conduciendo a un callejón sin salida? Hemos llegado al fin de la historia, pero ¿qué consecuencias tiene? ¿De verdad la única opción que tenemos es el de renunciar a un mundo mejor? Una cosa curiosa es que la hija de Sotomayor, que fue abandonada por él, lo critica mucho, pero, al mismo tiempo, subraya que su padre había dado su vida por la militancia, pero porque quería ser fiel a unos ideales, no para hacerse rico ni para sacar provecho.

A lo largo de la historia, un hecho que se repite es que para los hombres la militancia plena implica el abandono de sus familias.

Sí, militancia y abandono de la familia suele ir de la mano. Y, en efecto, las primeras víctimas de los ideales de estos hombres son sus mujeres y sus hijos. Hablamos de familias arrasadas por las convicciones de estos tres tipos y de mujeres que debe poner orden y seguir adelante ante el caos que ellos provocan. En este sentido, ellas son las que hacen posible que la vida avance: mantienen a los hijos, los llevan al colegio, llenan la nevera...Ellas son las víctimas primeras y, al mismo tiempo, son las que hacen la acción heroica de seguir adelante a pesar de todo.