El escritor y periodista Daniel Ramírez, en la entrevista con 'Letra Global' en Madrid

El escritor y periodista Daniel Ramírez, en la entrevista con 'Letra Global' en Madrid Luis Miguel Añón

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Daniel Ramírez: "Las violencias políticas se sostienen sobre una gran complicidad social"

El periodista construye en 'Los días que no existieron' un relato sobre la responsabilidad individual, el fanatismo que no caduca y la dolorosa búsqueda de la verdad cuando el dolor profesional se vuelve personal

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La memoria siempre. Y eso es un reproche al silencio de los verdugos. Un juego arriesgado, pero necesario. El periodista y escritor Daniel Ramírez (Pamplona, 1992) ha querido adentrarse en las rendijas más oscuras de nuestra historia reciente con su novela Los días que no existieron (Espasa).

Lo que comenzó como una investigación periodística sobre una red de nazis ocultos en el norte de España terminó convirtiéndose en un catártico ejercicio literario tras descubrir que su propio abuelo fue víctima de la extorsión de ETA. Se trata de un thriller de ritmo vertiginoso, que engancha al lector.

Ramírez entrelaza dos violencias que parecen distantes pero que comparten una misma raíz: la complicidad social y la banalización del mal.

A través de Julia, una reportera que persigue a un criminal de guerra alemán refugiado en la España democrática, el autor reflexiona sobre el peso del pasado y la dificultad de la memoria en un país que aún lidia con sus propias heridas.

Lejos de los clichés, Ramírez construye un relato sobre la responsabilidad individual, el fanatismo que no caduca y la dolorosa búsqueda de la verdad cuando el dolor profesional se vuelve personal. Una obra que interpela al lector, para que se interrogue sobre cómo hubiera actuado si hubiera estado en el epicentro de los llamados años de plomo.

Sin embargo, Daniel Ramírez señala, en esta entrevista con Letra Global, que su principal propósito es que el lector devore las páginas de su novela, que se sienta apasionado por la historia, que valore un thriller vertiginoso.

El periodista y escritor Daniel Ramírez, en Madrid, con 'Letra Global'

El periodista y escritor Daniel Ramírez, en Madrid, con 'Letra Global' Luis Miguel Añón

La ficción de altura siempre parte de lo que ha vivido el escritor. Ramírez señala que el origen de la obra no es puramente imaginario. Nace de sus dificultades para publicar una historia. El choque contra un muro de silencio. “Me encontré con documentos reales sobre una red nazi en el País Vasco, pero mi fuente me impidió la publicación. Me dijo que no quería remover nada, que sólo quería que los pudiera ver”.

Ramírez vio claro que ese material podía ser decisivo para una novela. Y a ello se sumó otra vivencia: la confesión de su abuelo, a los 95 años, de que había sido víctima de la extorsión de ETA. “Fue como una revisitación catártica de los recuerdos”. Entendió el periodista y escritor que aquel abuelo tierno era el mismo hombre que, décadas atrás, vivía bajo el yugo del terror, alterando sus rutinas para salvar la vida. "Eso me voló la cabeza", admite, explicando que la novela busca precisamente esas "rendijas por las que entender cómo era posible que eso fuera así".

Julia, la protagonista, se enfrenta ante muros de silencio. Y, a través de ella, el escritor vuelca lo que no pudo hacer en la realidad. Una parte importante es la de explicarse lo que Hannah Arendt definió como la banalidad del mal. “Encontrar un viejo nazi vivo y poder hacerle las grandes preguntas sobre la banalización del mal", asevera Ramírez.

Portada de la novela de Daniel Ramírez

Portada de la novela de Daniel Ramírez

El juego con las emociones es constante. Primero, la caza del nazi Gustav Hafner, que es para Julia "la gran aventura que todo periodista quiere vivir". Pero, en paralelo, la búsqueda de los asesinos de su abuelo, que la sumerge en una "ansiedad y presión" insoportables.

Ramírez reflexiona sobre esta dualidad profesional: "El periodismo te da la distancia y el cinismo suficiente para abordar situaciones extremas, pero cuando esos asesinos han hecho correr tu propia sangre, la cosa cambia".

La cuestión del nazi que se hace mayor, que vive en una residencia sin que nadie repare en él, supone un reto para el escritor. “No quería caer en el tópico de manual del etarra o el nazi. He investigado durante seis años, con entrevistas a descendientes de criminales de guerra y antiguos terroristas”, asegura. Y el resultado es que ese viejo nazi, Hafner, aparece como un personaje dotado de una pátina de cultura y sofisticación.

El autor sostiene que es mucho más fácil identificarse con las víctimas, pero el reto literario reside en el verdugo: "Para mí era importante dotar a Hafner de capacidad de persuasión. Hacer que fuera muy difícil para Julia rebatir sus ideas fanáticas", remacha.

Daniel Ramírez, en Madrid, con 'Letra Global'

Daniel Ramírez, en Madrid, con 'Letra Global'

¿Hay arrepentimiento, dudas sobre lo qué se hizo y por qué se hizo? Ramírez toma aire. Y señala que no, que sucede lo contrario. "Es tal el fanatismo de la idea que lo mueve que nunca desaparece del todo", afirma, citando a Goebbels para recordar que, para estos hombres, la historia solo los juzga como criminales porque perdieron la guerra.

Pero, ¿qué pasa con las sociedades en las que se integran esos personajes violentos? Ramírez no rehúye el debate sobre la responsabilidad colectiva. Según el autor, las violencias que perduran, como el franquismo o el terrorismo de ETA, "se sostienen sobre una enorme complicidad social, ya sea por entusiasmo o por el miedo que hace callar a los vecinos". E insiste: “¿Qué habríamos hecho nosotros en la Alemania de los años 30 o en la Euskadi de 1970?”.

En la conversación aparece la cuestión de la transición en España. ¿Hubo demasiado silencio, demasiado olvido? Ramírez ve la experiencia como algo “épico”, aunque admite las causas pendientes como la exhumación de los asesinados en las cunetas. “Las democracias siempre son imperfectas. Se ha tardado mucho y todavía se está tardando mucho en eso”, afirma.

Pero lo que debe contar ahora “es el futuro”. Ramírez entiende que debe haber un combate contra la “desmemoria”. Y le inquieta que los hijos puedan decir que “nuestros padres mintieron”. Para Daniel Ramírez, la solución no pasa por la política, que suele "reventarlo todo", sino por la educación y la cultura.

Todo eso se encuentra en una novela que invita a una reflexión profunda sobre la memoria y la responsabilidad individual y colectiva. Pero Ramírez insiste: “Es un thriller para leer con pasión, para entretener y disfrutar de la lectura”.

El periodista y escritor no quiere perderse el día de Sant Jordi en Barcelona, y estará firmando su novela en la caseta de Espasa, en la FNAC de la Illa, en la Diagonal, de 11-00 a 12.00 horas.