'El séptimo sello', de Bergman

'El séptimo sello', de Bergman

Letras

Doce libros de cine para leer en Sant Jordi

'Letra Global' selecciona una docena de títulos sobre el séptimo arte y la industria audiovisual con motivo del Día del Libro

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Monografías sobre cineastas, memorias y biografías de actores legendarios, un ensayo sobre la conexión del séptimo arte con los cambios sociales, antologías de críticas, todos los secretos un spaghetti western mítico rodado en España, los artículos escritos por un gran director sueco y las crónicas sobre Los Ángeles de una célebre periodista. Libros para disfrutar del cine leyendo.

El viento sopla donde quiere, Jonás Trueba (Athenaica)

Es nuestro nepo baby nacional: padre cineasta, madre productora y tío director y escritor. Es también el más afrancesado de nuestros realizadores y miembro honorario de la secta de los rohmerianos. En este muy ameno y recomendable volumen reúne textos breves en los que aborda sus entusiasmos cinéfilos, contados con contagiosa pasión. Buena parte de las piezas aquí recopiladas proceden de un blog que mantenía en El Mundo con el título del libro y las escribió antes de su debut tras las cámaras o en sus primeros compases como cineasta. Hay un poco de todo, compartimentado en diversas secciones que ponen un poco de orden al cajón de sastre. Habla de cine francés, americano, iraní y español, de viejos clásicos y de clásicos contemporáneos, de algunos excéntricos y raros, de rivalidades entre directores, del arte de enseñar a ver cine… Jonás Trueba escribe con chispa e inteligencia, y sabe transmitir su amor al séptimo arte como una forma de felicidad. Hay un apartado delicioso, Inventarios, con diáfanos ecos de Perec, que arranca con una pieza titulada Me acuerdo, en la que desgrana sus más queridos recuerdos como espectador y hace un listado de sus películas favoritas.

Las palabras nunca están ahí cuando las necesitas, Ingmar Bergman (Fulgencio Pimentel)

El cineasta sueco nos dejó, además de sus películas, una notable producción como escritor, que incluye libros de memorias, diarios, piezas teatrales y las novelas que escribió en su vejez. Este volumen es un óptimo complemento a sus dos obras memorialísticas: Linterna mágica e Imágenes. Reúne sus artículos y breves ensayos, en los que habla de la vocación artística, esboza algunas pinceladas autobiográficas, explora el mundo teatral que le apasionaba -de Shakespeare a Strindberg-, reflexiona sobre sus propias películas, habla de algún proyecto no realizado, homenajea a sus amados actores y a las actrices de su vida, evoca a la escritora Selma Lagerlôf… También explica su decisión de abandonar Suecia después de que sus discrepancias con Hacienda derivaron en el bochornoso espectáculo de su detención. En uno de los artículos dice: “La creación artística siempre se ha manifestado en mí como un hambre. He constatado esta necesidad con alguna satisfacción, pero a lo largo de mi vida consciente nunca me he preguntado por qué ni de dónde surgía esta hambre exigiendo satisfacción”.

David Lynch, Tom Huddleston (Libros Cúpula)

Lynch es una figura singularísima: un artista de vanguardia que acabó triunfando como cineasta mainstream, sin por ello renunciar a su peculiar universo, no regido por la lógica narrativa al uso. Este libro profusamente ilustrado proporciona una competente introducción para quien quiera asomarse a sus propuestas estéticas. Repasa sus inicios como artista experimental, sus primeros tanteos cinematográficos y el hito que supuso Cabeza borradora en el cine de vanguardia. Y a partir de ahí, su relación de amor y odio con la industria y el regreso en los últimos años a ese experimentalismo sin concesiones de sus inicios, con enigmáticos cortometrajes que colgaba en YouTube, mientras se dedicaba a la meditación y la pintura, hacía incursiones en la música y aparecía como actor en películas ajenas. Huddleston explora entre otras cosas la gestación de su imaginario visual y las influencias pictóricas y cinematográficas rastreables en su obra.

John Sturges. La mirada ecuánime o depende de lo que se llame mirar, Alexander Zárate (Providence)

Seguimos anclados en gran medida en el canon que establecieron hace más de medio siglo los Cahiers du Cinéma y su política de los autores. Elevaron a un puñado de cineastas a la condición de intocables y condenaron a otros al infierno de los llamados despectivamente artesanos. En esas llamas ha ardido John Sturges, director de maravillas del cine popular como Los siete magníficos, La gran evasión, La batalla de las colinas del whisky y Ha llegado el águila. Este libro lo reivindica como algo más que un modesto y eficaz artesano y propone un ambicioso y minucioso estudio de toda su obra. Escribir un libro que reivindica a un cineasta habitualmente tratado con cierto desdén ya merece aplauso, y si además el volumen se acerca a las mil páginas la cosa adquiere la dimensión de gesta heroica. Publicarlo tiene algo de misión suicida. El resultado es exhaustivo, pero para nada agotador. Es una obra de muy grata lectura, que repasa la vida y obra del director, aborda la gestación de cada una de sus películas y consigna las que se quedaron en proyectos fallidos; sitúa a Sturges en su contexto histórico y destaca la relevancia e influencia posterior de sus producciones.

Lo hicimos bien, chico, Anthony Hopkins (Libros Cúpula)

Mientras triunfaba en el teatro, la carrera cinematográfica de Anthony Hopkins fue de cocción lenta y con no pocos altibajos. Se consolidó en los años ochenta, con sus papeles en El hombre elefante de Lynch y como el circunspecto librero de La carta final. Dio la campanada definitiva con Hannibal Lecter y el mayordomo de Lo que queda del día. Sobre cómo abordó el personaje del psicópata más célebre de la historia del cine -con permiso de Anthony Perkins en Psicosis-, cuenta en estas memorias que optó por “un tono de voz neutro, como el de HAL cuando, con certeza plana y controlada, hablaba a la tripulación de la nave de 2001”. Y para la celebérrima frase del hígado del encuestador que se come “con habas y un buen chianti”, seguida del perturbador siseo, explica que se inspiró en el Drácula de Bela Lugosi cuando ve la sangre de un corte., Más allá del repaso a su carrera, este libro cuenta una historia de redención: la de su hundimiento en el alcoholismo y posterior renacimiento. Tocó fondo en 1975, cuando estaba representado Equus en Broadway y casi muere en un accidente. Lo salvaron sus amigos y Alcohólicos Anónimos.

La muerte tenía un precio, Carlos Aguilar (Calamar Ediciones)

No siempre es fácil seguirle la pista al entusiasta crítico e historiador del cine español Carlos Aguilar, que en ocasiones publica en editoriales grandes, pero en otras lo hace en sellos recónditos. Merece la pena buscar sus trabajos, que combinan erudición y amenidad, y suelen ir muy bien ilustrados. Sobre todo porque aborda ese cine de género, serie B y explotación que tantas horas de placer -no necesariamente culpable- nos ha proporcionado. Ha escrito monografías sobre directores como Jesús Franco, Mario Bava, Jean-Pierre Melville, Eugenio Martín, Joaquín Romero Marchent y Hugo Fregonese, libros sobre el cine de terror japonés y de yakuzas (estos coescritos con su hermano, experto en Japón), sobre el jazz en la pantalla, la comedia española clásica, el cine fantástico de aventuras y el cine erótico europeo. También sobre los westerns rodados en España, y a uno de ellos está dedicado su más reciente obra. La muerte tenía un precio es la segunda entrega de la llamada trilogía del dólar de Sergio Leone, se rodó en Almería, con parte del equipo compuesto por técnicos y actores españoles. El volumen recoge el proceso de gestación, las anécdotas del rodaje y el legado de la película. Incluye además material gráfico muy atractivo y poco visto.

Cómicos en guerra, Pedro Corral (La Esfera de los Libros)

En Las armas y las letras Andrés Trapiello contó la historia de los escritores de uno y otro bando durante la guerra civil. Cómicos en guerra hace algo parecido, en este caso sobre el mundo del teatro, el cine y la farándula. Aunque está lejos de la ambición del ensayo de Trapiello y se centra más en el anecdotario y las curiosidades, el texto del diputado del PP en la Asamblea de Madrid Pedro Corral cuenta historias muy jugosas. Aunque dedica más atención al teatro, aparecen personajes del celuloide como los directores Álvaro del Amo y Rafael Gil, que en la posguerra fueron figuras relevantes del cine franquista. Del Amo filmó durante la guerra documentales para El Campesino, lo cual levantó las iras de Lister, que lo sometió a un simulacro de fusilamiento. Otra historia curiosa es la del cineasta anarquista Armand Guerra, director de una rareza devenida obra de culto titulada Carne de fieras. Se rodó en plena guerra, con una vedette muy ligera de ropa y un león hambriento, al que hubo que alimentar con urgencia para que no se zampara a la vedette.

Cuando las actrices soñaron la democracia, Gonzalo de Lucas y Annalisa Mirizio (Cátedra)

En los años setenta del pasado siglo, la crítica feminista británica Laura Mulvey introdujo el concepto de male gaze, según el cual la mujer era retratada en el cine mayormente a través de la mirada masculina. Un ejemplo de manual: ¿La Marilyn de la pantalla era una proyección de una mujer real o de las fantasías masculinas? La transición española fue un momento de cambio de mentalidades que el cine reflejó. Una serie de actrices -Charo López, Ana Belén, Ángela Molina, Amparo Muñoz… -pusieron rostro femenino a esta transformación sociológica. También cuerpo, porque fue la época del destape (siempre femenino, volvemos a lo de la male gaze). Este volumen colectivo y académico aborda desde diversos ángulos estas presencias femeninas como reflejo de una sociedad cambiante. Es una suerte de tercera entrega que sigue la estela de dos volúmenes anteriores, publicados por la misma editorial, con otros coordinadores: El cuerpo erótico de la actriz bajo los fascismos: España, Italia, Alemania, y El deseo femenino en el cine español (1939-1975): arquetipos y actrices.

Martin Scorsese, Ian Nathan (Libros Cúpula)

El crítico británico Ian Nathan se ha especializado en monografías sobre cineastas contemporáneos con estatus de estrellas. Sus obras nunca decepcionan: proporcionan una solvente introducción a un director, desgranan sus influencias y recorren su trayectoria, buscando sus ejes temáticos y estilísticos. Incorporan abundante anecdotario y están profusamente ilustradas. Libros Cúpula ha publicado ya los volúmenes dedicados a los hermanos Coen, Tim Burton, Nolan, Wes Anderson, Tarantino, Guillermo del Toro y Steven Spielberg, y ahora le llega el turno a Martin Scorsese. El resultado es enjundioso y ameno, Nathan explora los grandes ejes de su obra: la violencia, la religiosidad, la mafia, el rock, el sueño americano y su reverso, y su amor y respeto por el cine clásico, que ha ayudado a preservar y a divulgar.

Audrey íntima, Sean Hepburn Ferrer y Wendy Holden (Lunwerg)

Audrey Hepburn fue algo más que una actriz, fue un icono. Representó una nueva feminidad alejada de las bombshells estilo Marilyn. Desplegó encanto y rompió el molde de las voluptuosas fantasías eróticas masculinas. Como todo mito de la pantalla, su personalidad se confunde a menudo con la de los personajes que interpretó. Esta biografía está escrita desde el conocimiento íntimo, porque uno de los coautores es su hijo. No esperen por tanto chismes sórdidos o maldades; en la portada figura con claridad que es “La biografía autorizada”. Pero si forman parte de la legión de admiradores de Audrey Hepburn encontrarán aquí, además de anécdotas sobre los rodajes de películas como Vacaciones en Roma, Funny Face, Desayuno con diamantes y Charada, la historia de los orígenes de la futura actriz; sus experiencias durante la segunda guerra mundial; su paso por la danza clásica; su larga colaboración con Hubert de Givenchy, que la vistió en sus papeles más célebres; su dedicación a las causas humanitarias y su verdadera personalidad en la intimidad.

Yo era un encanto, Eve Babitz (Random House)

Podría haber pasado a la historia como esa chica desnuda que jugaba al ajedrez con Duchamp en una célebre foto. Pero Eve Babitz fue mucho más que eso. Entre otras cosas, una periodista que retrató con vivacidad y ferocidad Los Ángeles, la ciudad que acoge a Hollywood. Este volumen reúne sus artículos y la misma editorial acaba de recuperar El otro Hollywood. La autora habla en algunos de sus textos sobre cine -uno de los mejores de Yo era un encanto es una pieza extensa dedicada a Coppola- y asoman en sus artículos referencias a grandes estrellas como Errol Flynt, Rock Hudson, Doris Day, James Dean, Elisabeth Taylor… Aparecen también Jim Morrison y el mismísimo Charles Mason. Los libros de Babitz no son ensayos cinematográficos. Pero como retratan el pulso de Los Ángeles, están impregnados de cine.

El otro cine, José Ignacio Fernández Bourgón (Athenaica)

Rescatar los textos de un crítico de cine escritos hace casi cincuenta años es una labor arqueológica de alto riesgo. Si algunas películas envejecen mal, las críticas suelen envejecer peor. Revisitar lo que dijeron los críticos de la época de títulos hoy consagrados y hasta sagrados suele deparar jocosas o vergonzosas sorpresas. Incluso el crítico más fino deja tras de sí un rastro de miopía, meteduras de pata y arbitrariedades. Este volumen reúne los textos sobre cine de Fernández Bourgón, que falleció muy joven y tuvo por tanto una trayectoria breve. Estuvo ligada en parte a la revista Casablanca, fundada por Fernando Trueba y de vida corta -de 1981 a 1985-. La publicación alegró la vida de los cinéfilos de aquel entonces con su fresca mezcla de mitomanía hollywoodiense -el nombre elegido la delataba- y ambiciosos análisis de las nuevas corrientes audiovisuales que se abrían paso. Bourgón escribió sobre figuras de relumbrón como Coppola -uno de los mejores textos es el dedicado a este y su faraónico sueño de los estudios Zoetrope-, pero se centró sobre todo en los independientes estadounidenses, el llamado nuevo cine alemán y demás representantes de ese “otro” cine que anuncia el título. Son piezas vinculadas con un contexto -¿quién citaría hoy a Ho Chi Min en una crítica?, produce entre bochorno y ternura-, cuyo estilo ha envejecido razonablemente bien y en las que se atisban intuiciones estimulantes.