Óscar Tusquets, gran pintor y arquitecto, cuenta en su libro Contra la desnudez, una noche deslumbrante en el Crazy Horse de París, junto a su pareja de entonces, Beatriz de Moura. En medio de risas y miradas furtivamente atractivas, Oscar y Beatriz viven un momento de ensoñación con un desnudo en el templo de L’art du nu, en palabras de Pierre Restany, evocando en tiempo real a la soberbia Rita Renoir. “¡Éramos jóvenes e insensatos y estábamos seguros de tener unos cuerpos presentables!”, escribe el arquitecto, que revivió el Palau de la Música de Domènech i Montaner y que deja 50 años de pintura, peleándose con el abstracto y defendiendo el arte figurativo.
Tusquets y De Moura viven en trincheras contestatarias, pero divergentes desde el punto de vista del amortajado Mayo del 68, con el que convivieron manteniendo su inicial dadaísmo, pero desde una distancia intelectualmente saludable. Su Rive gauche no es para Beatriz la gauche divine. Oscar y Beatriz son las dos almas inocentemente sabias que crean, hace más de medio siglo, la Editorial Tusquets celebrando aquel nacimiento con dos libros de referencia: Relato de un náufrago (García Márquez) e Historia secreta de una novela (Vargas Llosa).
Fotografía de la fundadora y directora editorial de Tusquets Editores, Beatriz de Moura
Pasan los años con entronques de amistad duradera entre Beatriz y los hermanos Herralde, el gran editor Jordi (Anagrama), y el cineasta Gonzalo. Pasan algunos años más y se produce el encuentro entre Beatriz y su pareja definitiva, el socio de Ed Tusquets, Antonio López Lamadrid, el gestor y conocedor, al decir de muchos, que puso el punto de cordura en lo empresarial, liberando para siempre la creatividad de la Moura; una dama de la edición dotada de gusto literario descollante y libertario.
Todo lo mejor
En el catálogo de Tusquets aparecen escritores, como Milan Kundera, Marguerite Duras, John Irving, Henning Mankell, Petros Márkaris, Leonardo Padura o Jorge Semprún y un montón de nombres indiscutibles de la narrativa y el ensayo que han desgajado criterio y aventura hasta concretar una etapa de madurez en la que la editorial -adquirida por Planeta- revela una parte sustantiva de lo mejor del castellano moderno: Almudena Grandes, Javier Cercas o Fernando Aramburu.
Beatriz de Moura no respeta la institucionalidad hiriente de su generación, pero lo hace desde el exquisito respeto. Hoy la despedimos con la solemnidad interior que rebosa la tristeza de sus amigos. Repasamos el lomo de los textos de colecciones, como Tiempo de Memoria, la serie sobre ciencia Matatemas o los volúmenes de poesía.
Erotismo
Ella fundó La Sonrisa Vertical junto a Luis García Berlanga, el director de cine visionario, anticipándose al cambio inacabado. Después de sobrevivir a la represión y a la censura del antiguo régimen, el cineasta se sintió desprotegido durante la Transición a causa de su franca heterodoxia homoerótica y por su risa escondida entre comisuras, capaz de provocar carcajadas inagotables, al ritmo de Beatriz.
El lector recordará todavía hoy las contradicciones de género en las que incurrían hombres capaces de escribir historias de lesbianas, fustigados entonces por el movimiento feminista en los albores de la democracia española. Las bellas Afrodita y Dafne trotan en la memoria del lector; solo se cubren el pecho con ligeros peplos húmedos, dos mil años antes de los concursos de camisetas mojadas o cuerpos envilecidos por los concursos de superviviente en islas lejanas. La poética del erotismo es tan antigua como la humanidad.
De Moura se mantiene tan impasible en momentos difíciles como en la concesión de premios internacionales a sus escritores. Es galardonada; recibe el premio Sant Jordi (2006) y la Medalla de Oro a las Bellas Artes (2010). Apremia en el origen, en casas como Gustavo Gili y Salvat. No se pelea con la verdad; la cultiva. Posee el gusano del lector implacable formado como autodidacta. Nunca regala amables diretes a la trinchera y menos aún al enemigo.
Con la biblioteca a cuestas
De Moura ha padecido una enfermedad neurodegenerativa. Su editorial, encargada ayer de dar la noticia de su fallecimiento, a los 87 años, la despide como una mujer excepcional con un gusto exquisito y una curiosidad sin límites.
Una persona elegante, inteligente, indómita “en un mundo de hombres que consiguió que esa pequeña editorial, al principio minoritaria y exquisita, ha ido progresivamente convirtiéndose en un punto de referencia”, en palabras de Juan Cerezo, director editorial de Tusquets. Su última aparición en público data de 2019, en la Torre dels Lleons de Esplugues del Llobregat, donde se celebró el 50 aniversario de la creación de Tusquets.
Beatriz nació en Río de Janeiro. Era la hija de un diplomático que viaja siempre con su biblioteca a cuestas –“mi iniciación, mi verdadero caldo de cultivo”– organizada siempre por su hija. Ella rememora sin afectaciones y con entusiasmo la creación de su editorial: en 1969, el mismo año en que el primer hombre llegó a la luna, cuando Copito de Nieve pisó por primera vez el Zoo de Barcelona.
