Un ejercicio de arqueología, casi. El PP tiene grandes contradicciones internas respecto a la política exterior y a su posicionamiento sobre Israel. Llevados de la mano de José María Aznar, los dirigentes del PP han guardado en silencio lo que pensaban sobre los excesos de Israel en Palestina y en los territorios ocupados en Cisjordania. Pero no todos.
El liberal José María Lassalle, que fue uno de los dirigentes más queridos por Aznar, y que fue clave en la organización interna de FAES, el think tank del aznarismo, escribía en sus diarios de forma privada, pero de forma pública en escritos editoriales, reflexiones importantes para entender hoy qué es o qué podría haber sido el PP.
En el libro de Lassalle, La persistencia de la memoria (Taurus), que recoge sus diarios entre 2001 y 2006, destaca una entrada, de 9 de noviembre de 2004, en la que reflexiona sobre un editorial para el diario ABC que acaba de entregar. Es el momento de la agonía de Arafat, el líder palestino, que se está muriendo en una clínica de París.
“Ayer terminé un editorial que titulé: ‘Lamento palestino’. Me costó dar con el tono, aunque creo que lo encontré. Siento dolor por los palestinos, que viven atrapados por una injusticia que les tritura a diario, pero que es silenciada para justificar la supervivencia de Israel. A su vez, la legitimación de este se sustenta en la expiación que llevó a Europa a abrir de par en par las puertas de Palestina al sionismo. De este modo, los europeos limpiaban siglos de culpa. Ahora tienen que justificar un Estado de Israel que vive en un estado de excepción que debilita más y más las bases de su democracia”.
José María Lassalle, ex secretario de estado de Cultura y Agenda Digital
En esas palabras está todo el conflicto de Israel y Palestina. El sentimiento de culpabilidad de Europa, que abre las puertas al estado de Israel tras la II Segunda Guerra Mundial. Y la actitud de Israel, que debilita su democracia, al ocupar Palestina y tratar a los palestinos como ciudadanos de segunda categoría.
El editorial publicado en ABC analizaba las posibles consecuencias de la muerte de Arafat, con la idea de que podía acabar en un enfrentamiento entre otros dirigentes por alcanzar el liderazgo palestino. Lassalle lo escribió y apareció al día siguiente en el ABC.
Lamento palestino
"Mal futuro pinta para los palestinos si la clase política que la sostiene ofrece el espectáculo de estos días. En la clínica parisina en la que agoniza Arafat no sólo se ventila la noticia inevitable de su muerte sino, sobre todo, el crédito de un pueblo que merecería de sus responsables políticos otro estilo y otras maneras. Han sido demasiadas décadas de padecimientos como para que ahora los dirigentes palestinos comprometan la viabilidad de su causa, precisamente cuando se hace urgente la determinación de un interlocutor fiable que sea capaz de negociar con inteligencia el futuro de la Autoridad Nacional Palestina tras la transferencia definitiva del territorio de Gaza.
Palestina tiene el derecho a existir como un Estado solvente y respetable, capaz de articular un proceso de diálogo institucional con Israel. Es más, los palestinos tienen derecho a que quienes les gobiernan actúen con sentido de responsabilidad. El mundo ha cambiado y la comunidad internacional exige que el conflicto israelo-palestino se resuelva en una mesa de negociación que culmine el proceso de paz iniciado en Oslo. Para eso hace falta que los dirigentes palestinos estén en la onda de un tiempo distinto al de los años 70. El caudillismo de Arafat fue capaz de mantener unidos a los palestinos pero sus formas cesaristas han provocado el escenario desesperado en el que se encuentran en estos momentos.
El expresidente del Gobierno, José María Aznar, en una imagen de archivo
A caballo entre una tragedia de Shakespeare y un sainete de Arniches, el «rais» palestino agota su vida sin un sucesor y en medio de una escenificación grotesca en la que sus líderes se enzarzan en disputas de zoco en torno a los despojos de una herencia política que está por determinar. Visto lo visto, cada vez parece más claro que los palestinos no tienen ante sí más horizonte que el de la desesperación y la impotencia.
Es cierto que el escenario podría ser aún peor. Otras veces los dirigentes palestinos han resuelto sus diferencias a tiros. La sombra de las luchas cainitas entre los principales cabecillas de la OLP y los otros grupos políticos palestinos puede conducir a un abismo de violencia insospechado que podría propiciar, incluso, una nueva intervención israelí. Si así fuera, sería imposible aventurar la deriva internacional que este hecho pudiera desatar. Y así, el horizonte abierto en el que podría transformarse la causa palestina tras la desaparición de Arafat, adopta el perfil de una especie de callejón sin más salida, por ahora, que ver agravado el lamento de un pueblo que merecería otro desenlace".
Aznar siempre en escena
El tono de Lassalle, y del ABC, en boca de Lassalle, dista mucho de las palabras recientes de Aznar, que acaba de alinearse, sin fisuras, con Israel y tacha de “antisemitas” a todo aquel que critique la política del gobierno israelí con Palestina.
En una conferencia en Nueva Economía Fórum, Aznar señalaba hace unas semanas que España se ha equivocado al tachar de “genocida” a Israel.
"Criticar el Gobierno de Israel es perfectamente legítimo”, señaló Aznar, que añadió que también se puede criticar “su manera de conducir las operaciones militares".
Sin embargo: "Pero tachar a Israel de estado genocida es antisemitismo puro y duro. Repetir consignas del tipo Palestina libre desde el río al mar es antisemitismo. Y si se ignora el significado de semejante grito, antisemitismo del más bobo, que es el antisemitismo inconsciente", sentenció.
Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí
Para Aznar lo que ha sucedido en Ceuta, guarda relación con el distanciamiento de España de Israel, y la decisión de criticar, por parte del gobierno de Pedro Sánchez, al gobierno israelí. Aznar entiende que Israel debe ser un amigo de España a corto, medio y largo plazo.
Es la línea dura que Aznar quiere defender e implantar en el PP, un partido que deberá elegir si quiere más ‘Aznares o más Lassalles’.
