La escritora Carmen Domingo, en la entrevista con 'Letra Global' Barcelona
Carmen Domingo: “Ni Suárez ni el Rey tenían claro lo de legalizar al PCE, Carmen Díez de Rivera sí”
La escritora y periodista, autora de 'La soledad fue el precio', señala que la gran colaboradora de Adolfo Suárez fue decisiva en la transición: "Carmen Díez de Rivera no fue una musa; fue la estratega que no supieron agradecer"
Carmen Domingo (Barcelona, 1970) ha dado voz a muchas mujeres. Rastrea la historia, bucea en historias personales. Escritora, periodista y dramaturga, su nueva misión, tras muchos trabajos de investigación a sus espaldas, no puede dejar a nadie indiferente. Acaba de publicar La soledad fue el precio (Tusquests), sobre la figura de Carmen Díez de Rivera.
Pasto de los programas de corazón, por su frustrada boda al conocer que su marido iba a ser su hermano --hijo de Serrano Súñer, la mano derecha de Franco en su primera etapa-- Díez de Rivera fue una pieza clave en la transición como estrecha colaboradora en Moncloa de Adolfo Suárez. Domingo rescata a la mujer, a la política, a la apasionada de la ecología, a una ciudadana comprometida. Da vida a la mujer que, en la sombra, se atrevió a mirar a los ojos a la "bestia negra" del franquismo: el Partido Comunista de España, el partido que lideraba Santiago Carrillo. En esa entrevista con Letra Global, afirma contundente: “Ni Suárez ni el Rey tenían claro lo de legalizar al PCE, Carmen Díez de Rivera sí”, y explica cómo fue ninguneada por los principales protagonistas de la transición, todos ellos varones.
Después de recorrer como escritora y periodista el siglo XX con el objetivo de rescatar voces femeninas, ¿era Carmen Díez de Rivera una parada obligatoria o un encuentro casual?
Ha sido una consecuencia natural de mi trayectoria. Siempre trabajo sobre la historia de las mujeres y, aunque he dado un buen tute al siglo XX, la tendencia lógica era seguir hacia adelante. Al llegar a la Transición, Carmen Díez de Rivera es el primer gran personaje femenino que te encuentras. Pero es un encuentro difícil. Cuando investigas la época, lees cientos de libros y vas directamente a los índices onomásticos buscando mujeres: no hay. Están borradas. Sin embargo, en las memorias de Santiago Carrillo o en las de Alfonso Guerra, ella aparece. Ahí empecé a reconstruir el puzzle, saltando de un contacto a otro, de Rosa Conde a Íñigo Méndez de Vigo. He tenido que ir del final hacia el principio para entender quién fue realmente.
La biografía sobre Carmen Díez de Rivera, de la escritora Carmen Domingo Barcelona
Ha habido una constante sobre Díez de Rivera, la de centrarse en su físico, de enorme belleza, y en su entorno aristocrático. ¿Cómo se rompe ese mito de la "musa" para encontrar a la política con amplitud de miras?
Carmen tiene handicaps que ella no eligió. Ser guapísima en un entorno de hombres fue una condena; parece que si una mujer es bella no puede ser inteligente. Además, venía de una familia noble, conservadora y cercana al franquismo. Eso hizo que muchos recelaran de la autenticidad de su giro democrático. Pero mientras al Padre Llanos nadie le cuestionaba pasar de Falange al PCE, a ella se la miraba con lupa. Yo quería ver más allá de la "niña bien" para encontrar a la mujer que tomó decisiones que nadie más se atrevía a tomar.
Su biografía está marcada por un hecho traumático a los 17 años: descubrir que el hombre con el que iba a casarse era su hermano [hijo de Ramón Serrano Suñer]. ¿Es ese el momento en el que nace la Carmen política?
Absolutamente. A Carmen le ocurre algo mucho más grave de lo habitual justo en la edad en la que todos buscamos romper vínculos y saber quiénes somos. Ante ese descubrimiento de las relaciones familiares secretas, ella toma una decisión radical: tomar las riendas de su propia vida. Es muy probable que sin ese trauma no tuviéramos a la Carmen de la que hablamos hoy. Su "huida" la llevó a África, y ese viaje fue su verdadera universidad.
La escritora Carmen Domingo, en la entrevista con 'Letra Global' Barcelona
¿Qué descubre en ese viaje que la aleja tanto de su origen?
Entre 1942 y 1958, Carmen no sabía que la gente podía no tener comida o acabar en la cárcel. En África, sola, se da cuenta de que hay niños sin escuela y enfermedades que matan por falta de trato. Se acerca a una iglesia vinculada a lo que hoy llamaríamos ONGs o la teología de la liberación. Cuando regresa a España, previo paso por Europa, vuelve convencida de que el sistema tiene que cambiar. A finales de los 60, cuando se acerca a Adolfo Suárez, ella ya tiene una conciencia social que los que estaban a su alrededor ni siquiera sospechaban.
¿Cómo termina una aristócrata de ideas avanzadas trabajando codo a codo con un 'recién llegado' como Adolfo Suárez?
Carmen fue la bisagra que unió dos mundos. Por un lado, tenía una relación de confianza con los entonces príncipes, Juan Carlos y Sofía, a quienes conocía de Suiza. Por otro, Adolfo Suárez, que venía de Cebreros (Ávila) con mucha ambición pero sin un equipo sólido ni contactos en la alta burguesía o la nobleza. Juan Carlos le dice a Suárez: "Conozco a la persona que te puede ayudar".
A Juan Carlos le venía bien porque se fiaba de ella; a Suárez le servía para acceder a las élites. Pero lo que no previeron es que Carmen también los acercaría a la otra España: a los movimientos populares, a la izquierda y a la iglesia antifranquista. Hizo un juego de malabares que, en ese momento, les convino a todos.
Usted afirma con rotundidad que ella fue determinante para la legalización del PCE. ¿Cómo fue ese camino?
Fue determinante porque no era una política cortoplacista. Hoy estamos acostumbrados a políticos que viven del titular diario, pero ella miraba a diez o veinte años vista. Sabía que la legalización del PCE era la única forma de tener una democracia real, aunque eso le costara amenazas de muerte. Mientras Suárez les aseguraba a los militares que aquello no pasaría, Carmen forzaba la situación. Se dejaba fotografiar con Carrillo en Barcelona para que la opinión pública viera que había una gestión en marcha. Fue ella quien entendió que no se podía construir nada dejando fuera a la fuerza que había mantenido la lucha en la clandestinidad. Ni Suárez ni el Rey tenían claro lo de legalizar al PCE, Carmen sí”.
La escritora Carmen Domingo, durante la entrevista con 'Letra Global' Barcelona
Menciona que la Transición fue, en gran medida, un movimiento protagonizado por la derecha que "se cortó las alas" sin saberlo. ¿Fue un engaño colectivo?
Es que no había otra manera. Llevaban 40 años gobernando; era imposible hacer nada sin los procuradores de las Cortes, que eran todos de derechas. Suárez les vendió la Ley de Asociaciones diciendo que el PCE no cabía, sabiendo que sí acabaría entrando. Se autoinmolaron sin ser conscientes de ello, pensando, tal vez, que seguirían en las listas electorales y eso se produjo, pero sólo para unos cuantos. Pero el que se inmoló de verdad, sabiendo lo que hacía, fue el PCE de Carrillo. Sacrificaron la República y sus símbolos por el bien común, sabiendo que su inclusión en el sistema los llevaría a un papel secundario. Carmen entendió ese sacrificio mejor que nadie.
Tras la etapa con Suárez, Carmen desaparece de la primera línea española para irse a Europa. ¿Fue un exilio o una liberación?
Para ella fue un despertar. Carmen hablaba cuatro idiomas, conocía a todas las figuras relevantes de Europa y tenía claro que la salida del franquismo pasaba por la integración europea. En el Europarlamento, a partir de 1987, se volcó en el ecologismo, la ley de costas y las críticas al turismo masivo. En el PSOE la miraban como si estuviera loca, decían que eran "majaderías de niña rica". Hoy, décadas después, vemos que tenía razón en cada una de sus advertencias.
Carmen Díez de Rivera con Santiago Carrillo
¿Cómo fue su relación con Felipe González y Alfonso Guerra en esa etapa?
Felipe González la puso en las listas porque sabía que era un valor en alza, un activo político brillante, no una aprendiz. Pero la relación era compleja. Carmen no entendía la disciplina de partido férrea. Si tenía que pactar a escondidas con Izquierda Unida para sacar adelante una ley ecologista porque los suyos no le hacían caso, lo hacía. Eso no gustaba nada. A pesar de eso, Guerra la menciona en sus memorias con respeto, mientras que Felipe ha preferido el silencio. Su secretaria llegó a decirme que "apenas coincidió con ella", lo cual sabemos que no es verdad.
Carmen muere en 1999. ¿Se sintió reconocida en sus últimos años?
No, y tenía razón para sentirse así. Carmen murió sin que su país pusiera en valor su trabajo. Ha sido siempre carne de programas de corazón por su drama familiar, pero ninguneada en los libros de historia. No aparece en Anatomía de un instante de Cercas, y en las series de televisión sale sirviendo café.
¿A qué atribuye esa "omisión" de Suárez y el Rey sobre su figura?
A una mezquindad muy humana: el ego. Muchos líderes creen que si reconocen el mérito de quienes les ayudaron, pierden valor ellos mismos. Es una torpeza de libro. Suárez quiso el mérito único de la Transición, y el Rey también. Reconocer que la idea de legalizar al PCE o los puentes con la izquierda los tendió una mujer no encajaba en su relato de "grandes hombres". Pero la historia es tozuda y, aunque tardemos 27 años después de su muerte, las hemerotecas terminan por rescatar a quien de verdad movió los hilos. Carmen Díez de Rivera no fue una musa; fue la estratega que no supieron agradecer.