Jordi Ibañez Barcelona
Jordi Ibáñez: “Ante Peter Thiel, Curtis Yarvin o Alex Karp, hay que ser activos en la defensa de la democracia en Europa”
El autor de ‘Apocalipsis y democracia’ señala que los empresarios tecnológicos y pensadores que apoyan a Trump y Vance defienden un modelo rupturista para competir con China y que los ‘no productivos pueden convertirse en biodiesel’
Acelerar la Máquina hasta que reviente: cómo Thiel y los amigos de Trump quieren acabar con el sistema político y económico liberal
La conversación con Jordi Ibáñez Fanés, profesor de Filosofía en la Universitat Pompeu Fabra, se desarrolla a partir de un cierto misterio. ¿Qué ha querido explicar en su último libro, Apocalipsis y democracia (Tusquests)? El profesor analiza y se toma en serio todo lo que defienden los empresarios tecnológicos que han arropado a Trump en Estados Unidos.
Intenta conocer lo que les mueve y el resultado es poco alentador. En una guerra abierta por la hegemonía tecnológica, frente a China, lo que se quiere sacrificar es una manera de entender el mundo desde la Ilustración, y los grandes damnificados son aquellos que todavía defienden la democracia y una cierta igualdad social. “Ante Peter Thiel, Curtin Yarvin o Alex Karp, hay que ser activos en la defensa de la democracia en Europa”, señala Ibáñez Fanés en una entrevista audiovisual con Letra Global.
Ibáñez Fanés se centra en la figura de Peter Thiel, cofundador de Paypal, y actual presidente de Palantir, la empresa que gestiona datos para la industria militar. Thiel está obsesionado con el ‘Anticristo’, que para él sería un mundo que apueste por una economía decreciente, por el medio ambiente, por la igualdad social. Eso no sería, a su juicio, competitivo para seguir en la brecha frente a China.
El profesor de la UPF se refiere también a Curtis Yarvin, el intelectual de la llamada ‘Ilustración oscura’, que ha llegado a decir que la población “no productiva” puede convertirse en “biodiesel”.
Es decir, una parte de la población mundial podría ser sacrificada, porque entre el Apocalipsis y el Anticristo, los gurús que han apostado por Trump, y que seguirán al lado del vicepresidente Vance, se decantan por el Apocalipsis, por una catástrofe que podría ser paliada posteriormente.
Jordi Ibáñez en la entrevista con 'Letra Global' Barcelona
“Hasta Bill Gates, que se puede considerar un moderado, cree que frente al cambio climático ahora sólo queda tomar medidas de carácter paliativo, porque ya no se puede frenar”, asegura Jordi Ibáñez.
La conversación deriva hacia el poder del cristianismo, la única receta que tiene un proyecto distinto al “capitalismo basado en los deseos”, a juicio del autor de Apocalipsis y democracia. Sin embargo, ninguna ideología ha podido esquivar ese marco capitalista. Por ello, Jordi Ibáñez critica con dureza a la izquierda del PSOE, a todo lo que nació tras el 15M, con Pablo Iglesias a la cabeza, que acabó adquiriendo un chalet en Galapagar. Esa izquierda no ha levantado ninguna alternativa.
Lo que hay delante, lo que ha llegado desde Estados Unidos, sí supone un reto mayúsculo. Jordi Ibáñez Fanés se refiere al libro de Alex Karp, La República tecnológica, en la que se aboga por un modelo rupturista, que ya no tiene en la democracia un ancla política y moral. Y, además, “puede que no cambie mucho si los demócratas, en el horizonte de 2030 pudieran tener un caballo ganador. De hecho, Karp escribió el libro pensando en una posible victoria de Kamala Harris. Es un proyecto nacionalista, un estado digital y controlador, pensado para competir con China”, asegura Ibáñez Fanés.
Manel Manchón y Jordi Ibáñez, en la entrevista con 'Letra Global' Barcelona
¿Qué hacer? Es la pregunta de un alumno de Jordi Ibáñez Fanés. Y la respuesta no puede ser otra que la de defender “de forma activa” lo que tenemos: una democracia imperfecta, donde se cometen errores, pero donde la libertad todavía es un valor. Frente a todos esos gurús y tecnólogos millonarios, Jordi Ibáñez invita a no “hacer experimentos” y a tener muy en cuenta “el factor geopolítico desde Europa”. Es decir, lo que queda es defender la democracia que se ha ido desarrollando en Europa, implicándose, teniendo claro que “es frágil”.