Michael Polly (David Morrissey, presencia habitual en la televisión británica) es el frío y estirado director de un colegio en las inmediaciones de Bristol. Cuando su mujer, Sarah, desaparece y la policía local investiga, la inspectora Annie Cassidy (Eve Myles) se sorprende de la cachaza con que el señor Polly se toma el asunto.
No hay por su parte ni llanto ni aparente desesperación ni preocupación alguna: se lo toma todo como una contrariedad que se interpone entre él y el equipo de fútbol del colegio, al que entrena personalmente y que debe jugar en breve un partido de la máxima importancia (para el señor director).
El sospechoso Nº1
Tan peculiar actitud solo consigue que la policía considere al posible viudo una person of interest, que es un brillante eufemismo al que recurren los anglos para hablar de un sospechoso.
La excelente interpretación de David Morrissey es, de hecho, la viga maestra de Gone, la miniserie de George Kay (sobre un libro de Julie McKay y Rob Murphy) en cuatro capítulos que puede verse en Filmin.
Cartel de la serie 'Gone'
Morrissey borda un papel fascinante con su interpretación de Michael Polly, un tipo siempre contenido, que no se altera ante nada y que parece considerar que su trabajo como director de escuela es prácticamente un sacerdocio. Michael Polly es un hombre con una misión, formar a niños y adolescentes, y todo lo que no sea eso ocupa un lugar muy bajo en su lista de prioridades.
Notable tullido emocional, en sus relaciones con los demás es incapaz de bajarse del pedestal en el que él mismo se ha situado. La relación con su hija, Alana (Emma Stapleton), es fría y distante. ¿Y su mujer? ¿Qué tal se llevaba con su mujer?
Bueno, en realidad no se llevaba. Como se descubre en la investigación policial, Sarah se aburría como una seta con su marido, lamentaba haberse casado con él y tenía un amante, Stephen (Elliot Conrad), padre de un alumno de Michael, un tipo no muy interesante, pero sí algo más cariñoso que el hombre con el que cometió el error de casarse y que se convierte, claro está, en otra person of interest.
El hombre que nunca llora
Tranquilos, que no les voy a contar quién es el asesino. Sobra aquí especialmente el spoiler porque la identidad del culpable no es lo más importante de la historia, que solo sería un murder mystery más sin la presencia de ese hombre congelado que ha hecho de la eterna contención británica su razón de ser, acabando de esta manera con la posibilidad de llevar una vida en la que el amor y el afecto jugaran un papel principal.
El problema de fondo de Michael Polly, como ya habrán intuido ustedes, es su alergia a vivir, su renuencia a involucrarse en lo que puede hacer daño, que es siempre lo más interesante de la existencia. Lo suyo es un noli me tangere de manual, como el del protagonista de I am a rock, aquella vieja canción de Paul Simon: I am a rock, I am an island/ Cause the rock it feels no pain and an island never cries (Soy una roca, soy una isla/ Porque la roca no siente dolor y una isla nunca llora).
Bajo su apariencia de thriller, Gone (Desaparecida) es una historia de redención, la de un tipo que se ha empeñado en mantenerlo todo controlado, incluyendo sus sentimientos, y se acaba dando cuenta de que su actitud solo le ha traído dolor a él y a sus seres queridos. En ese sentido, la muerte de su esposa es la terapia más bestia que ha necesitado para ver que su manera de ir por la vida era una catástrofe.
No sé si Gone encontrará su público entre la inmensa oferta de las plataformas de streaming. No lo pone fácil con su mezcla de géneros (thriller más drama humano) ni con su ritmo pausado, que a muchos les puede parecer moroso (aunque el fuego lento es ideal para la historia).
Pero el resultado vale mucho la pena, aunque solo sea para asistir a la portentosa interpretación del señor Morrissey, uno de esos actores que sirven para un barrido y para un fregado, pero que aquí está especialmente inspirado.
