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Las Vegas. La ciudad del pecado. La joven Luciana Armstrong, alias Lucky (Anya Taylor-Joy), está pasando un fin de semana sensacional con su marido, Cary (Drew Starkey). Se les ve muy enamorados mientras juegan, beben, bailan, vuelven a beber como los peces en el río y se toman una última copa de champagne en la terraza de su hotel. A la mañana siguiente, Lucky se despierta a las tantas y con resaca. A Cary no se le ve por ninguna parte. Todo parece indicar que se ha esfumado.

Y con él, la maleta con diez millones de dólares (fruto de una estafa en complicidad con unos mafiosos) que el feliz matrimonio compartía hasta entonces. Lucky recuerda el sabor extraño de aquella última copa de champagne. Y sale corriendo antes de que la policía o los mafiosos aparezcan por el hotel a interesarse por su botín.

Correr, huir, salir pitando es todo lo que hará a lo largo de la primera temporada de la serie Lucky (Apple TV, siete episodios), creada por el siempre eficaz Jonathan Tropper (pensemos en Banshee o la más reciente Your friends and neighbors, con un Jon Hamm sensacional) a partir de la novela homónima de la canadiense Marissa Stapley, publicada en 2021 y no traducida al español hasta el momento.

Portada de la serie ´Lucky´ de Apple TV

Diversión en lo dudoso

Por los episodios colgados hasta ahora por la plataforma, resulta indudable que estamos ante un producto trepidante y divertidísimo, con un ritmo colosal. Eso sí, el habitual esfuerzo de suspensión de la incredulidad que hay que hacer ante cualquier ficción, aquí hay que acometerlo por triplicado, algo que se hace con sumo gusto porque lo que pasa en la pantalla es extremadamente entretenido.

En esa persecución salvaje que se inicia en Las Vegas, una chica mona, dulce y delgadita como Anya Taylor-Joy la diñaría a los diez minutos, a no ser que la hayamos convertido en una mezcla de Lara Croft y el Terminator, como es el caso.

Imagen extraída de ´Lucky´ IMDb

Se nos cuenta que se crio con su padre, John (Timothy Oliphant), un mangante de medio pelo que cumple condena y que la aleccionó desde pequeña en casi todas las ramas posibles de la delincuencia, pero su capacidad para eliminar (con un cuchillo, una pistola y hasta un destornillador) a bestias pardas que pesan el triple que ella es un súper poder que nadie sabe cómo ha adquirido. Tras años de delitos menores, el timo de los diez millones de pavos a medias con su maridito fue su primer gran golpe.

Lástima que en la cima de la banda de estafadores (se nos explica vagamente la estafa, pero como no la entendí, me desinteresé de inmediato, pues me bastaba con la saga fuga de la canija invencible de Lucky Armstrong) figuren dos personajes siniestros y de mucho peligro, la madre de Cary, Priscilla (Annette Bening, hecha una señora mayor adorable, hasta que abre la boca y ves lo arpía que es), y el socio de esta, Wayne Whittaker (William Fichtner, que sigue especializado en papeles de súper canalla con un punto de fuga peligrosísimo). Y ambos quieren recuperar su dinero.

No son los únicos. La muy resiliente agente del FBI Billie Rand (Aunjenue Ellis-Taylor) lleva cierto tiempo detrás de toda la pandilla, que hasta ahora siempre se las ha apañado para darle esquinazo, y se ha propuesto trincarlos, aunque sea lo último que hace en esta vida.

Evidentemente, la historia del que huye al mismo tiempo de la policía y de la mafia está más vista que el tebeo, ya que nos la han contado en infinidad de ocasiones. Pero, una vez más, todo depende de cómo se vuelva al camino trillado. Y el señor Tropper ha vuelto muy bien. Tanto, que vale mucho la pena olvidarse de la verosimilitud (que, en este caso, estaría sobrevalorada) y dejarse llevar por esta montaña rusa trepidante y súper divertida que es Lucky.