"Escribir es una forma de expresar lo que vives y lo que sientes", afirma Graziella Moreno (Barcelona, 1965), escritora y magistrada en un juzgado de lo penal de Barcelona. Tres novelas en tres años: Juegos de maldad (Grijalbo, 2015), El bosque de los inocentes (Grijalbo, 2016), Flor seca (Alrevés, 2017) y otras tantas en el tintero. Relatos y artículos de prensa en medios digitales, columnista de Crónica Global.

¿Vocación tardía? Lo niega, rotunda: "No, ya escribía de niña y no he dejado de hacerlo, tal vez sea que las cosas llegan cuando es el momento". Sus novelas se nutren de su experiencia diaria, de observar detalles, actitudes. "Tienes que absorber todo lo que te rodea para poder expresarlo con palabras", dice. Lleva recorriendo juzgados desde 1991 y todavía sigue sorprendiéndose de lo es capaz el ser humano. Si algo caracteriza sus obras es la realidad e inmediatez de sus personajes. "Invento poco", advierte; para ella, está claro que la realidad supera la ficción.

En su primera novela analizaba la maldad en sus distintos aspectos: la pueril o más leve ("en la que caemos todos en alguna ocasión"), la orientada a saltarse el sistema e incluso aprovecharse de él para conseguir un beneficio propio, y la maldad pura, que es la que caracteriza a los psicópatas y su falta de empatía por los demás. Está de acuerdo con la afirmación de que la escritura puede ser de ayuda para exorcizar demonios.

En su segunda novela abordaba un tema espinoso, la pederastia y la pornografía infantil, una realidad muy dura que ve a diario en su trabajo. "No puede describirse el dolor que sientes cuando tienes que ver esas fotografías, esos vídeos que nos llegan al juzgado", expresa con pesar.

Jueces, policías y abogados

Acaba de publicar su tercera obra, Flor seca, en la que recupera los personajes principales de la primera, en una trama de corrupción policial en la que plantea la vigencia de la máxima que aparecía en el templo del dios Apolo en Delfos: "Conócete a ti mismo". Es una novela realista, en la que tal y como ya hizo en Juegos de maldad, retrata fielmente el trabajo de jueces, policías y abogados, con la intención de romper los estereotipos que marcan estas profesiones y explicar las cosas como son.

Constantemente recibimos noticias sobre casos de corrupción y procedimientos judiciales interminables por estos delitos. "La gente piensa que cada vez hay más corruptos en todos los ámbitos, pero no estoy de acuerdo, el ser humano no ha cambiado desde las cavernas y la corrupción ha existido siempre, la diferencia es que ahora es más sofisticada y sabemos más sobre ella", explica.

En esta historia plantea hasta qué punto la línea que separa lo correcto de lo incorrecto es muy fina y, aunque no nos demos cuenta, la estamos bordeando constantemente. Según la autora, somos débiles y el que corrompe se aprovecha de ello, de las flaquezas y, en más casos de los que parece, de las necesidades.

Existe una corrupción de baja intensidad que acaba desencadenando esas tramas corruptas que indignan a la sociedad, y en esta historia ha querido ahondar en cómo personas aparentemente corrientes y cumplidoras de la ley, recorren ese camino. Declara que es su novela más personal, en la que se ha sentido más cómoda y en la que explora sobre la tentación, un tema que le fascina. Uno de los personajes dice: "Antes que venderse al diablo, lo que sea". No es fácil sostener esta afirmación, avisa.

Novela negra

Acerca de sus referentes literarios, afirma que la lista es interminable, lee todo lo que cae en sus manos. Los libros llenan el poco espacio disponible que dice tener en su casa. "Cada día hay más", ríe, "pero qué le voy a hacer, si necesito los libros como el comer".

Sonríe ante la pregunta de si se considera una autora de género negro: "Escribo las historias que mi cabeza hilvana, y si son negras, o así se las considera, encantada". Cree que la novela negra ha sido infravalorada durante mucho tiempo e incluso hoy en día, en que se otorgan premios importantes a autores del género, se mira con reticencias. "Muchos la consideran una literatura inferior, pero no se dan cuenta de que habla de la vida, de la sociedad que hemos creado entre todos, del ser humano en definitiva, y esos son los temas que abordan también las supuestas novelas serias".

Proyectos

¿Proyectos? Responde que muchos. Tiene entre manos una historia totalmente distinta de las anteriores y dos más en mente. Hace falta tiempo para escribir, y no le sobra. Sus novelas se leen con rapidez, en un máximo de tres días, dicen sus lectores. "Eso me parece perfecto, significa que enganchan; ahora, cuesta un poquito más escribirlas", sonríe.

"Me preguntaron en el festival de Valencia Negra en 2015 si escribir era un dolor o un placer. Mi respuesta fue que es tanto una cosa como la otra: dolor, porque pones el alma en lo que haces y eso duele, sí, y el placer viene cuando lo consigues". Mientras pueda echar a volar la imaginación, seguirá escribiendo.