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Imagen de una intervención oftalmológica EUROPA PRESS

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Gafas, miopía y cirugía: verdades y mitos sobre la vista cansada

Alejar el móvil para poder leer un mensaje o forzar la vista al mirar una etiqueta son gestos cada vez más habituales a partir de cierta edad. No es cansancio ni falta de luz: es presbicia, que empieza a manifestarse y lo hace rodeada de falsas creencias

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La presbicia, conocida popularmente como vista cansada, es una consecuencia natural del envejecimiento del ojo. Suele aparecer a partir de los 40 o 45 años y se debe a la pérdida progresiva de elasticidad del cristalino, la lente natural que permite enfocar objetos a distintas distancias. Cuando este mecanismo falla, las tareas de visión cercana se vuelven borrosas y requieren mayor esfuerzo visual.

Se trata de un proceso universal: “Antes o después, todas las personas desarrollan presbicia, independientemente de que hayan tenido buena vista durante años”, explica el doctor Carlos Barnés, jefe del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitari Dexeus. La dificultad para leer letras pequeñas, la necesidad de alejar los textos o la sensación de fatiga ocular son algunas de las señales más habituales.

Gafas y adaptación visual

Uno de los mitos más extendidos es que el uso de gafas “vuelve vago” al ojo. El especialista aclara que esta creencia carece de base científica. En las fases iniciales, es cierto que al comenzar a utilizar gafas para visión cercana puede experimentarse una sensación de dependencia: al quitárselas, la visión parece peor que antes. “Al principio de la presbicia, cuando empiezas a usar gafas para ver de cerca, puedes notar que tu visión parece empeorar al quitártelas”, señala el doctor Barnés.

A largo plazo, “la situación se estabiliza y el uso de gafas no acelera la progresión de la presbicia”, afirma. La evolución de esta condición responde únicamente al envejecimiento natural del sistema visual, no a los hábitos de corrección óptica.

Miopía y falsas ventajas

Otro error frecuente es pensar que las personas con miopía están exentas de presbicia. Aunque este defecto refractivo puede retrasar la aparición de los síntomas, no impide el desarrollo de la vista cansada. Con el tiempo, también los miopes comienzan a notar dificultades para leer o trabajar de cerca sin corrección. “A la larga también acaban teniendo presbicia y problemas para poder leer”, asegura el especialista.

El doctor Barnés subraya, además, que la presbicia no distingue perfiles y que cada paciente la experimenta de manera distinta, tanto en intensidad como en ritmo de progresión.

Más allá de las gafas

Durante años, las gafas han sido la solución más habitual, pero no la única. “Si bien es cierto que las gafas pueden ser una buena solución, ésta no es definitiva porque la presbicia irá aumentando con el tiempo”, advierte el oftalmólogo.

En la actualidad, la cirugía de presbicia ha avanzado de forma notable gracias a la tecnología, permitiendo resultados cada vez más precisos y personalizados.

Contrariamente a la creencia de que no es una opción estable, el especialista de Quirónsalud afirma que a día de hoy se trata de una alternativa definitiva para la mayoría de los pacientes. “Más del 95 % de las personas intervenidas no vuelve a necesitar gafas, lo que supone un cambio significativo en su calidad de vida”, concluye el especialista.