Magdalena y su churreria

Magdalena y su churreria

Gastronomía

Magdalena, churrera: "Un buen churro solo lleva harina, agua y sal, y nos da más de un 50 % de rentabilidad"

La historia de una hostelera que dejó su puesto como gobernanta para abrir una churrería tradicional que hoy triunfa

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El popular creador de contenido Adrián G. Martín se ha trasladado hasta una famosa churrería para analizar en su canal de YouTube uno de los modelos de negocio más rentables y tradicionales del sector gastronómico: la venta de churros.

En su recorrido por La Artesana, el YouTuber entrevista a su fundadora, Magdalena, de 61 años, para descubrir las claves de un proyecto que acumula más de dos décadas de éxito ininterrumpido.

Durante la charla, la propia emprendedora confiesa el arriesgado paso que dio al inicio del proyecto: "mi familia me dijo que estaba loca porque tenía un buen puesto de trabajo como gobernanta, pero se me cruzaron los cables y dije: una churrería, voy a intentarlo".

Un negocio familiar

Lo que comenzó como una arriesgada apuesta profesional se ha transformado con los años en un próspero negocio familiar que ya involucra a tres generaciones.

En la entrevista participan también sus hijos y su nieto Héctor, de 17 años, quien compagina sus estudios con el trabajo en la churrería mientras reflexiona sobre el valor de los oficios artesanales frente a la cultura de las redes sociales.

"Si más gente sigue con la ideología de ser instagramer o influencers, esto se va a perder; a mí me gusta lo tradicional, hablar con el cliente cara a cara", explica el joven al ser preguntado por el futuro del sector.

La presencia continua de la familia garantiza que el local mantenga un ritmo ininterrumpido de producción durante todas las mañanas.

Un producto con mucha rentabilidad

Uno de los aspectos económicos más llamativos revelados en la entrevista es el elevado margen de ganancia que ofrece los curros.

Uno de los hijos de Magdalena confirma ante la cámara que el churro en sí genera "un poquito más del 50 % de rentabilidad", gracias a que sus ingredientes principales (harina, agua y sal) suponen un coste de producción extremadamente bajo.

A esta reducida inversión en materias primas se suma una infraestructura muy simplificada que solo requiere una sartén industrial y una churrera mecánica de pedal, cuyo valor ronda los 3.000 euros.

En un día habitual de semana se despachan entre 200 y 300 raciones, mientras que durante los fines de semana las ventas rozan las 400 raciones diarias.

El secreto de la masa

A pesar de que la receta parece sencilla a simple vista, la familia insiste en que el éxito prolongado durante 21 años exige dominar la técnica de cocción.

Para evitar que el producto final quede aceitoso, emplean aceite de alto oleico a una temperatura inicial elevada que permite que el churro se hinche rápidamente sin absorber grasa sobrante.

Asimismo, la masa se elabora a mano en el propio local en tandas continuas de tres o cuatro preparaciones diarias que solo requieren diez minutos de reposo. Este control permite servir raciones recién hechas a un precio de 1,40 euros la media ración y 2,60 euros la ración completa, manteniendo colas largas de clientes.

El valor de la tradición gastronómica

El análisis que se hace a este estilo de negocios demuestra que los que están basados en la especialización y la tradición siguen ofreciendo una rentabilidad extraordinaria en la hostelería actual.

La dedicación de Magdalena y su familia en La Artesana confirma que ofrecer un producto fresco, bien elaborado y a precio asequible es la mejor fórmula para conquistar a clientes de todas las edades.