Miguelitos

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Gastronomía

Los cocineros manchegos coinciden: "Los mejores miguelitos se hacen con 1 lámina de hojaldre, 500 ml de leche entera, 5 yemas de huevo y azúcar glas"

El método definitivo para recrear en casa el famoso miguelito, un dulce manchego crujiente por fuera y repleto de crema pastelera por dentro

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Crujiente por fuera, ligero y tremendamente cremoso por dentro, el miguelito se ha ganado a pulso ser uno de los bocados más emblemáticos y queridos de la repostería manchega.

Raro es el viajero que cruza la autovía a la altura de Albacete y no aprovecha la parada para hacerse con una de las cotizadas cajas de hojaldre recién horneado y relleno de crema.

Aunque comprar una caja de estos pastelitos al pasar por La Roda es una tradición maravillosa, recrear esta delicia en casa para disfrutarla recién hecha cuando se nos antoje es mucho más fácil de lo que parece. La clave para lograr ese contraste de texturas está en dominar el horneado de la masa y regalarle a la crema su justo tiempo de reposo en frío.

La base de la crema

El verdadero secreto para que el pastel destaque está en lograr una crema pastelera fina, sedosa y muy equilibrada de aroma.

El proceso empieza calentando leche entera junto con vainilla en un cazo a fuego suave, buscando que se infusione poco a poco.

En un cuenco separado, batimos yemas de huevo con azúcar blanca hasta que la mezcla blanquee ligeramente y gane volumen. En ese momento, agregamos la maicena e integramos con paciencia hasta conseguir una pasta fluida y sin rastro de grumos.

La cocción del relleno

Para unir ambas preparaciones sin que el huevo cuaje de golpe, vertemos la leche bien caliente en un hilo fino sobre las yemas sin dejar de mover las varillas.

Devolvemos todo el conjunto al cazo y cocinamos a fuego medio, removiendo continuamente el fondo hasta que la mezcla espese de forma uniforme.

En cuanto alcance la consistencia adecuada, pasamos la crema de inmediato a un recipiente amplio para frenar la cocción.

Cubrir la masa con papel film pegado a la superficie evitará que se forme esa costra seca tan molesta mientras se enfría en la nevera durante al menos 1 hora.

El corte del hojaldre

Con la crema bien fría, precalentamos el horno a 200 ºC con calor arriba y abajo para ir preparando el terreno.

Desplegamos 1 lámina rectangular de hojaldre bien fresco sobre el papel del propio envase y la dividimos con precisión en 16 cuadrados iguales.

Acomodamos las porciones sobre una bandeja de horno dejando un ligero espacio entre cada una para que no se peguen al crecer. Un truco fundamental en este punto es no pinchar la masa bajo ningún concepto, ya que necesitamos que atrapé el vapor interno para subir con fuerza.

El horneado dorado

Con la bandeja dentro del horno bien caliente, bastarán apenas 15 minutos para que la masa adquiera un apetecible tono dorado.

El contraste de temperatura hará que las láminas se separen creando ese hojaldradon alto y crujiente tan característico.

Al sacarlos del horno, dejamos enfriar los cuadraditos por completo sobre una rejilla para que no se ablanden con su propia humedad. Cuando estén fríos, los abrimos por la mitad con un cuchillo de sierra con mucho cuidado para no romper la delicada corteza exterior.

El ensamblado final

Para que la crema pastelera recupere su textura cremosa tras el reposo, basta con batirla suavemente unos segundos antes de pasarla a una manga pastelera.

Repartimos una dosis generosa de relleno en la base de cada hojaldre para darles ese aspecto abombado tan apetecible.

Colocamos la tapa superior sin presionar demasiado y rematamos el conjunto con una lluvia abundante de azúcar glas. El resultado es un dulce artesanal perfecto para coronar cualquier sobremesa familiar o alegrar la merienda con todo el sabor de la repostería tradicional.

Anímate a poner en práctica esta receta en casa hoy mismo y sorprende a todos con un clásico de carretera convertido en un postre de diez.

Ingredientes

  • 1 lámina rectangular de hojaldre refrigerado
  • 500 ml de leche entera
  • 5 yemas de huevo
  • 75 g de azúcar blanco
  • 40 g de maicena
  • 2 cucharaditas de vainilla en pasta o extracto
  • Azúcar glas al gusto para decorar

Paso 1

Calienta en un cazo la leche entera junto con la vainilla a fuego medio sin que llegue a hervir.

Paso 2

Bate las yemas con el azúcar blanco en un bol hasta blanquear e integra la maicena hasta obtener una crema fina.

Paso 3

Vierte la leche caliente sobre la mezcla de yemas, devuelve todo al cazo y cocina a fuego medio removiendo hasta que espese.

Paso 4

Pasa la crema a un bol, cúbrela con film a piel y déjala enfriar en el frigorífico durante al menos 1 hora.

Paso 5

Corta la lámina de hojaldre en 16 cuadrados iguales y hornea a 200 ºC durante 15 minutos sin pinchar la masa.

Paso 6

Abre los hojaldres fríos por la mitad, rellena la base con la crema pastelera montada en manga y termina espolvoreando azúcar glas por encima.