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La lasaña admite muchas versiones, pero esta propuesta cambia uno de sus elementos más reconocibles. En lugar de placas de pasta, la receta utiliza láminas finas de calabacín, que se alternan con jamón cocido y distintos quesos hasta formar un plato jugoso y gratinado.

La idea es de Sara, creadora de ‘Una italiana en la cocina’, nacida en la provincia italiana de Lecce y residente en España. En su recetario presenta esta preparación como una opción sencilla para aprovechar el calabacín y resolver una comida sin recurrir a salsas elaboradas.

Una versión diferente

El cambio principal está en la base. El calabacín sustituye a la pasta y permite prescindir también de la bechamel. La combinación se completa con un queso que funda bien, como mozzarella, provolone o emmental, además de queso italiano rallado y jamón cocido.

La hortaliza, sin embargo, contiene mucha agua y puede soltar líquido durante el horneado. Por eso conviene cortarla muy fina y retirar parte de su humedad con sal antes de secarla bien. La propia autora contempla este paso para evitar que el resultado quede aguado.

El montaje importa

Una versión reciente de la receta parte de cuatro calabacines medianos, unos 300 gramos de queso fundente, 200 gramos de jamón cocido y 80 gramos de queso italiano rallado. Las capas se montan directamente en una fuente ligeramente engrasada, repartiendo entre ellas el resto de ingredientes.

La última capa se cubre con queso para conseguir una superficie dorada. El horneado se realiza a 180 ºC durante unos 30 minutos. Después conviene dejar reposar la lasaña unos minutos, de modo que las capas se asienten y resulte más fácil cortarla.

Qué aporta al plato

El calabacín es una hortaliza con una baja densidad energética. La Base de Datos Española de Composición de Alimentos, coordinada y financiada por la AESAN, ofrece valores de referencia para calcular el aporte de los ingredientes, aunque el resultado cambia según el queso o el jamón escogidos.

Tomando como referencia cuatro raciones y las cantidades indicadas, cada porción puede rondar las 390 kilocalorías, con unos 28 gramos de proteínas, 13 de hidratos de carbono y 25 de grasa. Son cifras orientativas y no equivalen al etiquetado nutricional de un plato analizado.

Cómo conservarla

Una vez cocinada, la lasaña no debería permanecer a temperatura ambiente durante horas. La AESAN recomienda refrigerar las sobras en un máximo de dos horas y conservarlas en recipientes adecuados. También aconseja mantener los alimentos cocinados separados de los productos crudos.

Las comidas refrigeradas no deberían conservarse más de tres días según las recomendaciones de la agencia española. Si se pretende guardarla más tiempo, puede congelarse pronto en porciones y descongelarse después en el frigorífico. Al recalentarla, debe calentarse completamente antes de consumirla.

Un recurso fácil

El resultado es una receta sencilla y muy adaptable, especialmente útil cuando hay calabacines en casa. Con un buen secado de la verdura, un queso que funda bien y el reposo final, esta lasaña demuestra que un plato cotidiano puede cambiar por completo sin necesidad de complicar la cocina.

Esta es la receta de la lasaña de calabacín:

Ingredientes

  • 4 calabacines medianos
  • 20 g de sal gorda para eliminar el exceso de agua
  • 1 cucharada de aceite de oliva para la bandeja
  • 80 g de queso italiano rallado, como parmesano o grana padano
  • 300 g de queso que funda bien, como mozzarella, provolone o emmental
  • 200 g de jamón de York en lonchas, opcional
  • Pimienta negra, opcional

Paso 1

Lava los calabacines y corta los extremos.

Paso 2

Córtalos en láminas muy finas, de unos 2 mm de grosor. Una mandolina facilita mucho el trabajo.

Paso 3

Coloca las láminas en un colador. Añade un poco de sal gorda entre cada capa.

Paso 4

Deja reposar el calabacín durante 30 minutos. La sal ayudará a extraer el exceso de agua.

Paso 5

Lava las láminas con abundante agua para retirar toda la sal.

Paso 6

Escúrrelas y sécalas muy bien con papel de cocina. Este paso es clave para evitar una lasaña aguada.

Paso 7

Precalienta el horno a 180 °C.

Paso 8

Pincela una bandeja o fuente de horno con aceite de oliva.

Paso 9

Coloca una primera capa de láminas de calabacín. Procura que queden ligeramente solapadas y bien juntas.

Paso 10

Espolvorea con queso rallado.

Paso 11

Añade una capa de queso que funda bien y, si quieres, unas lonchas de jamón de York.

Paso 12

Repite el orden: calabacín, queso rallado, queso fundente y jamón de York.

Paso 13

Forma 4 o 5 capas, según el tamaño de la fuente.

Paso 14

Termina con una capa de calabacín.

Paso 15

Espolvorea la superficie con el queso italiano rallado.

Paso 16

Corta el queso fundente en dados y repártelo por encima. Una capa final generosa garantiza un gratinado dorado y cremoso.

Paso 17

Hornea durante 30 minutos a 180 °C, hasta que el queso esté completamente fundido y la superficie tenga un bonito color dorado.

Paso 18

Deja reposar la lasaña durante 5 minutos antes de cortarla. Así las capas se asientan y las porciones salen más limpias.

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