Las patatas forman parte de casi cualquier despensa, pero guardarlas mal acelera su deterioro. La chef valenciana Begoña Rodrigo ha señalado un error especialmente común: almacenarlas en la misma cesta que las cebollas, una práctica que puede favorecer que broten antes.
La recomendación coincide con guías de conservación que aconsejan separar ambos alimentos. Las patatas siguen activas tras la cosecha y su germinación depende de la temperatura, la luz, la humedad, la variedad y el tiempo que llevan almacenadas.
Mejor por separado
Uno de los gestos más sencillos es reservar un espacio propio para las patatas. La guía de conservación del Ayuntamiento de Seattle, por ejemplo, advierte de que las cebollas pueden acelerar su brotación y recomienda guardarlas por separado.
También conviene evitar recipientes cerrados durante largos periodos. La ventilación y la ausencia de humedad ayudan a mantenerlas firmes, por lo que funcionan mejor una cesta, una bolsa de papel o un saco de tela que una bolsa de plástico hermética. Tampoco conviene lavarlas antes de almacenarlas.
Lejos de la luz
El lugar elegido importa tanto como el recipiente. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición aconseja conservar las patatas en un ambiente seco y oscuro y evitar temperaturas demasiado bajas cuando después se van a cocinar a alta temperatura.
La luz merece especial atención. La exposición prolongada puede hacer que la piel adquiera tonos verdes y favorecer un aumento de glicoalcaloides como la solanina y la chaconina, sustancias naturales que, en concentraciones elevadas, pueden provocar molestias gastrointestinales.
El truco de la manzana
A estas medidas se suma un truco más llamativo: colocar una manzana junto a las patatas. La explicación está relacionada con el etileno que libera la fruta durante su maduración y con el efecto que este gas puede tener sobre la brotación del tubérculo.
Un estudio publicado en 2024 observó que las patatas almacenadas con manzanas a unos 23 grados durante 30 días desarrollaron menos brotes que las del grupo de control. Los autores, sin embargo, también detectaron diferencias en deterioro según el origen de los tubérculos.
No es infalible
Por eso, la manzana no debe entenderse como una solución infalible. La evidencia es prometedora, pero limitada, y el propio trabajo reclama más investigación sobre periodos más largos y condiciones de almacenamiento diferentes a las analizadas.
La nevera abre otro debate. AESAN mantiene entre sus recomendaciones domésticas que las patatas destinadas a fritura se guarden fuera del frigorífico, en un lugar fresco y oscuro, para limitar cambios en sus azúcares que pueden favorecer la formación de acrilamida.
El debate del frío
La Agencia británica de Normas Alimentarias, en cambio, ha actualizado su criterio y considera que el almacenamiento doméstico en frío no aumenta de forma material ese potencial frente a un lugar fresco y oscuro. En España, la pauta de AESAN sigue siendo la referencia más directa.
Antes de cocinar, conviene revisar firmeza, color y brotes. Las piezas muy verdes, blandas o claramente deterioradas deben apartarse. En el día a día, la mejor estrategia sigue siendo sencilla: separar las cebollas, evitar luz y humedad, permitir que circule el aire y revisar la despensa con frecuencia. La manzana puede ayudar, pero no sustituye esas medidas.
