Hay bocados capaces de provocar consenso, y la croqueta juega en esa liga. Crujiente por fuera, cremosa por dentro y abierta a casi cualquier relleno, esta receta ha convertido el aprovechamiento en un pequeño placer gastronómico que cuesta rechazar en una mesa.
Aunque hoy parezca inseparable de la cocina española, su raíz está en Francia. La Real Academia Española señala que 'croqueta' procede del francés croquette, término relacionado con croquer, un verbo de origen onomatopéyico asociado a la idea de crujir. Su nombre ya anticipaba parte de su encanto.
Un origen con historia
Su pasado, además, es más antiguo de lo que a menudo se cuenta. La Biblioteca Nacional de Francia conserva Le cuisinier roial et bourgeois, de François Massialot, publicado en 1691, un recetario que permite rastrear algunas de las primeras preparaciones emparentadas con la croqueta y desmonta atribuciones mucho más tardías.
Aquellas elaboraciones todavía estaban lejos de la croqueta cremosa actual. La bechamel acabaría siendo decisiva en su evolución. En España, la RAE documenta la voz desde 1819, mientras que RTVE sitúa su llegada probable durante la Guerra de la Independencia y recoge una referencia a croquetas servidas a tropas inglesas en 1812.
De Francia a Gràcia
Más de dos siglos después, este bocado encontró en Barcelona un local dispuesto a llevarlo mucho más lejos. Santi y Nil, dos amigos que se conocieron en la escuela de cocina Sant Ignasi de Sarrià, abrieron Croq & Roll en 2015, después de haber trabajado y viajado por distintos lugares antes de emprender juntos.
El proyecto nació en el barrio de Gràcia con tres pilares principales que la propia casa todavía reivindica: cocina mediterránea, trato cercano y maridaje con cervezas artesanas. Actualmente mantiene dos establecimientos en Barcelona, en Travessera de Gràcia, 233, y en la calle Villarroel, 140, cada uno con horarios propios.
Croquetas para casi todo
La croqueta sigue siendo la gran protagonista. El restaurante destaca el uso de materias primas de calidad y señala una base de leche sin lactosa y margarina vegetal, además de una oferta que recorre carnes, pescados, verduras, opciones veganas e incluso versiones pensadas para cerrar la comida.
Entre los sabores que mantiene en su carta aparecen combinaciones poco convencionales como pollo a la parmesana, gorgonzola con pera, calamar en su tinta o berenjena asada con provolone y miel. Para quienes prefieren terminar con algo dulce, también figura una croqueta de mascarpone con crema de cacao y avellanas.
Mucho más que un rebozado
La propuesta no se detiene ahí. La carta incorpora bravas de boniato, tiras crujientes de pollo con miel y mostaza, una tostada de pollo con aguacate y brie o una tortilla de butifarra de perol con boletus, platos que amplían la experiencia sin quitar protagonismo a la especialidad de la casa.
Las cervezas también tienen un papel propio y completan una fórmula que mezcla tradición, desenfado y variedad. Quizá esa sea la clave de Croq & Roll: tomar un bocado con siglos de historia y demostrar que todavía admite nuevas combinaciones. Porque pocas cosas parecen tan sencillas como una croqueta, pero conseguir que se recuerde después del último bocado ya es otra historia.
