Pepa Muñoz y cebolla

Pepa Muñoz y cebolla CG

Gastronomía

Pepa Muñoz, cocinera: "Para suavizar la cebolla, es recomendable añadir limón y sal a la pieza ya cortada y dejarla reposar unos minutos"

Un pequeño gesto antes de servirla permite rebajar su intensidad y conservar el punto crujiente que interesa en ensaladas y guarniciones

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La cebolla es un ingrediente básico en numerosas recetas, pero su intensidad puede dominar el plato cuando se consume cruda. Algunas variedades resultan especialmente picantes y, además, al cortarlas liberan sustancias que provocan el conocido lagrimeo.

Para suavizar ese carácter, la chef Pepa Muñoz propone un método rápido y sin cocción. La idea es tratar la cebolla ya cortada durante unos minutos antes de añadirla a la receta.

El truco más sencillo

El procedimiento consiste en cortar la cebolla en juliana, aros o dados y colocarla en un recipiente. Después se añade zumo de limón y una pizca de sal, se mezcla y se deja reposar unos minutos.

El resultado es una cebolla menos agresiva al paladar, pero todavía fresca y firme. El limón incorpora además un toque ácido que encaja especialmente bien en ensaladas, bocadillos y otras preparaciones frías.

Qué provoca esa intensidad

El sabor característico de esta hortaliza está relacionado con sus compuestos azufrados. La Fundación Española de la Nutrición señala que estas sustancias contribuyen al olor y al sabor propios de la cebolla.

Al cortar el bulbo se rompen sus células y se desencadenan varias reacciones. Entre ellas aparece el factor lacrimógeno, un compuesto volátil responsable de la irritación ocular que acaba haciendo llorar.

Una alternativa con agua

Otra posibilidad consiste en dejar la cebolla cortada unos minutos en agua fría. Después debe escurrirse y secarse bien, sobre todo si va a incorporarse a una receta en la que interesa evitar un exceso de humedad.

Este método puede servir cuando se busca mantener una textura crujiente sin añadir limón. Resulta especialmente práctico para ensaladas, ceviches, bocadillos o guarniciones en las que la cebolla se toma en crudo.

No todas son iguales

La intensidad cambia de una cebolla a otra. Existen variedades dulces y otras más pungentes, y el contenido de azufre disponible durante el cultivo también puede influir en el sabor final.

Por eso, escoger bien la variedad puede ahorrar tratamientos posteriores. Las cebollas dulces suelen ser más apropiadas para comer crudas, mientras que otras de sabor más marcado funcionan mejor en sofritos, guisos y salsas.

El frío también ayuda

Enfriar la cebolla antes de cortarla puede hacer el proceso más llevadero, aunque no elimina su intensidad en boca. Utilizar un cuchillo bien afilado también permite realizar cortes más limpios y dañar menos tejido.

También conviene cortar la cebolla cerca del momento de servirla o cocinarla. Así se conserva mejor su textura y se evita que el aroma de los trozos cortados se vuelva más persistente.

Cuando hace falta calor

Si se busca una cebolla todavía más suave, puede escaldarse unos segundos y enfriarse de inmediato. El tiempo debe ser breve para no perder el punto crujiente que interesa en platos fríos.

Para sofritos y guisos, la opción más eficaz es cocinarla lentamente a fuego bajo o medio. Con el calor, su sabor se vuelve más suave y dulce, mientras la cebolla adquiere una textura tierna.

Un gesto que cambia el plato

El truco de Pepa Muñoz destaca porque exige muy poco: limón, sal y unos minutos. Es una forma de rebajar el protagonismo de la cebolla cruda sin renunciar a su frescura.

La elección final depende de cada receta. Remojo, frío o cocción ofrecen alternativas, pero cuando se quiere conservar el crujiente, un pequeño tratamiento previo puede marcar la diferencia y mantener el equilibrio del plato.