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Las patatas pueden pasar días intactas y, de repente, aparecer llenas de brotes. La forma de almacenarlas influye directamente en su conservación, sobre todo por la luz, la temperatura y la ventilación del lugar elegido.

Jordi Cruz ha puesto el foco en otro detalle: no guardar las patatas junto a las cebollas. En un vídeo difundido en sus redes, el chef relaciona esa convivencia con la aparición temprana de brotes y propone mantener ajos cerca del tubérculo.

Un consejo con matices

Cruz atribuye el efecto de la cebolla al etileno, una hormona vegetal gaseosa. Sin embargo, la explicación no es tan lineal. La Universidad de California señala que las cebollas enteras producen cantidades muy bajas de este gas y que la respuesta de la patata depende de la concentración y las condiciones.

Además, un estudio publicado en 2026 en Scientia Horticulturae observó que una exposición continua y controlada a etileno podía reducir la brotación de las patatas. Separar cebollas y patatas puede ser una buena práctica doméstica, pero no debe presentarse como una regla química universal.

Lo que sí funciona

La recomendación más sólida es conservar las patatas en un lugar fresco, oscuro, seco y ventilado. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición aconseja no almacenarlas por debajo de 8 ºC y evitar la nevera, especialmente si después se van a freír.

El frío puede aumentar los azúcares reductores y favorecer una mayor formación de acrilamida al freír u hornear. La FDA estadounidense mantiene una recomendación parecida y aconseja guardar las patatas fuera del frigorífico, preferiblemente en una despensa fresca y sin luz.

El verde no es maduración

Hay otro punto importante. Una patata verde no está simplemente “poco madura”. Ese color suele aparecer por la exposición a la luz y puede coincidir con un aumento de glucoalcaloides, sustancias naturales entre las que se encuentran la alfa-solanina y la alfa-chaconina.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria advierte de que una exposición elevada a estos compuestos puede provocar náuseas, vómitos y diarrea. Por eso, intentar “madurar” una patata verde acercándola a una cebolla no es una recomendación respaldada por las principales autoridades de seguridad alimentaria.

El papel del ajo

El chef también aconseja colocar ajos cerca para frenar la germinación. Hay investigaciones que apuntan a un posible efecto: ensayos con aceite esencial de ajo han conseguido retrasar el crecimiento de los brotes durante el almacenamiento de patatas en condiciones controladas.

Eso no demuestra que dejar unos dientes de ajo junto a una bolsa produzca automáticamente el mismo resultado. La evidencia procede de extractos y tratamientos experimentales, por lo que este recurso puede entenderse como un truco doméstico, pero no como una garantía de conservación.

Cuando aparecen brotes

Si la patata ya ha germinado, conviene valorar su estado completo. El Instituto Federal Alemán de Evaluación de Riesgos recomienda retirar generosamente brotes, ojos y zonas verdes, y descartar los tubérculos viejos, muy verdes, secos o fuertemente germinados.

La regla más útil sigue siendo sencilla: oscuridad, frescor y ventilación, sin acumular patatas durante demasiado tiempo. El consejo de Cruz sirve para revisar la despensa, pero la mejor protección no está en un ingrediente vecino, sino en unas condiciones de almacenamiento adecuadas y en desechar cualquier patata claramente deteriorada.

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