Hay restaurantes que son mucho más que un lugar donde sentarse a comer. Lo ves nada más llegar. Desprenden un aura especial. La Taverna del Mar es uno de ellos.
Situado justo enfrente de la playa de Sant Pol de S'Agaró (Girona), rodeado de las tradicionales casetas de colores que ellos mismos gestionan, está este templo culinario que lleva 90 años alimentando a los bañistas y vecinos.
El restaurante forma parte del proyecto de ciudad-jardín que Josep Ensesa impulsó hace ya más de 100 años y que hoy se llama S'Agaró. Sí, este pequeño y exclusivo núcleo urbano es un capricho de un burgués catalán.
Todo empezó en 1920. Josep Ensesa Gubert y su socio Vicenç Gandol montaron y explotaron las casetas de baño de la playa de Sant Pol.
Las primeras fiestas de Sant Pol
El proyecto incluía alquiler de casetas y trajes de baño y hasta un servicio de autobús desde Sant Feliu de Guíxols.
Poco después, el lugar empezó a acoger fiestas, fuegos artificiales, juegos y bailes, en una época en la que el turismo de playa todavía estaba muy lejos de estar de moda y de masificar el lugar. Tampoco lo querían.
El proyecto Ensesa
Los emprendedores catalanes querían algo que fuera exclusivo y fueron aún más lejos. En 1924 Ensesa se unió al arquitecto Rafael Masó y decidió crear una ciudad-jardín donde cada casa (ninguna muy alta) tuviera su zona ajardinada.
Era un proyecto inspirado en los ideales del novecentismo que dio lugar a una urbanización de lujo, con un hotel a la altura: La Gavina. Por aquí han pasado Lady Gaga, Frank Sinatra, Ava Gardner y decenas de estrellas de Hollywood.
S'Agaró desde Cala Pedrosa
Y de la primera llegada a Sant Pol, al restaurante. En 1929 se inauguró el Restaurant dels Banys de S'Agaró, también diseñado por Rafael Masó.
Fue el complemento ideal a los populares servicios de los baños. Hasta que un incendio acabó con su despegue. En noviembre de 1935, el fuego destruyó buena parte del edificio.
Primeros pasos
Ensesa no decayó. Y de las cenizas erigió La Taverna del Mar, esta vez con la ayuda del arquitecto Francesc Folguera.
El nuevo restaurante abrió sus puertas un 19 de julio de 1936 y desde entonces hasta ahora sigue en pie. 90 años que han dado para todo. Ya han pasado por aquí hasta generaciones de los Ensesa, manteniendo el espíritu y el nombre.
Una inauguración truncada
No ha sido fácil. En estos 90 años ha pasado de todo. Y nada más empezar. Un día después de su apertura, Franco dio el golpe de Estado y al restaurante no llegó prácticamente nadie; tuvo que cerrar nada más arrancar el negocio.
A eso hay que sumar que las tropas republicanas les expropiaron los baños en 1937 para municipalizarlos y, un año más tarde, cuando S'Agaró se convirtió en hospital para soldados de las Brigadas Internacionales, La Taverna del Mar llegó a utilizarse como comedor.
Mesas de la Taverna del mar
Eso no les hizo derrumbarse. Al año siguiente, la familia Ensesa recuperó la propiedad y, en 1939, volvieron a abrir sus puertas. Y no les faltó de nada. Camareros uniformados, gente famosa en sus mesas.
El mismo Josep Pla, amigo de los Ensesa desde 1923, pasó por las mesas de La Taverna del Mar y le dedicó algunas palabras al restaurante y a la familia.
Los elogios de Pla
El propio Josep Ensesa Montsalvatge, hijo del fundador, recordaba que Pla era amigo íntimo de su abuelo, de su padre y suyo. Pasaba largas temporadas en el hotel y acudía a cenar al menos una vez por semana.
Pla veía en el proyecto de Ensesa una determinada manera de entender el paisaje, el progreso y el turismo y llegó a lamentar lo que habría ocurrido si ese modelo no hubiera triunfado.
Una playa de película
Pero estos no fueron los únicos famosos que pasaron por aquí. En 1959, La Taverna del Mar y otros espacios de S'Agaró fueron utilizados como escenarios de De repente, el último verano, protagonizada por Elizabeth Taylor, actriz que se alojó también con los Ensesa, en La Gavina.
Lo curioso es que esto nunca cambió ni a los Ensesa ni su manera de entender el negocio. Siempre con una comida local, cuidada y con un trato de proximidad, sea el cliente famoso o no.
Cocina de la Taverna del mar
Como bien dicen sus trabajadores, aquí se mantiene “el espíritu de taberna”. No hay esferificaciones ni inventos de alta cocina, hay comida de taberna y de taberna marinera.
Aquí los platos estrella siguen siendo los arroces y los pescados, que van a buscar cada día a la lonja. Han cambiado las cosas, sí, pero lo que tienen claro es que no puede variar el buen producto y su estilo de cocina.
Negocio familiar
No ha sido fácil. Como bien confesaron los hermanos Ensesa a Crónica Global este verano, el local estuvo a punto de pasar a manos privadas después de la muerte del último patriarca, pero la unión de los hermanos permitió que el negocio siguiera siendo familiar.
Les sigue costando, tienen más de un reproche que hacerle a algunos mandatarios locales por el trato recibido, pero eso queda de puertas para adentro. Para afuera todo son sonrisas y buen comer. Y este año más, que están de celebración.
Acto del 90 aniversario de la Taverna del mar
Para este verano de 2026, han elaborado un menú especial para su 90 aniversario. Una manera discreta, como son los Ensesa, de celebrar la efeméride.
La propuesta comienza con dos bocados de marcado acento marino: almeja fina con espuma de apio, limón y huevas de trucha y ostra francesa con tartar de atún rojo.
El menú de los 90 años
Después llegan los entrantes fríos y calientes. El recorrido continúa con pulpo sobre ensaladilla rusa fría de patata Kennebec, unas delicadas cocochas al pil-pil suavemente picantes y uno de los grandes emblemas de la casa: la gamba de Palamós cocinada en agua de Sant Pol.
El plato principal es probablemente el que mejor resume la filosofía del aniversario: un suquet marinero de pescado de roca y galeras, uno de los grandes clásicos de la cocina tradicional catalana y una elaboración estrechamente vinculada a la tradición marinera de la Costa Brava.
Para terminar aparece un flan de albahaca con helado de lima y kéfir, seguido de cafés o infusiones acompañados del tradicional Guixolenc.
Todo ello elaborado por el equipo de cocina formado por José Pulido, Romain Fornell y Sergio Ártica, este último convertido en jefe de cocina. Y no uno cualquiera.
Cuidado del personal
Ártica condensa perfectamente el espíritu de la Taverna y los Ensesa. Como Josep Ensesa, el cocinero empezó desde abajo. El chef comenzó aquí como ayudante de cocina y, poco a poco, se ha convertido en su máximo responsable.
No le gustan los halagos, prefiere que sus platos hablen. Y lo hacen. Solo hace falta probar el Guixolenc, el nuevo postre que ha diseñado. Son les Orelletes de toda la vida, pero querían un licor de la zona y, tras muchas pruebas, dieron con él.
Hermanos Ensesa, dueños de La Taverna del mar
El Guixolenc se sirve con una reducción del estomacal Bonet, un licor que aporta el toque dulce y el sello de la Costa Brava que nunca han querido abandonar.
Y este plato es también definitorio de La Taverna del Mar. No es solo un bar de los Ensesa, ni un Bien Cultural de Interés Local, es esencia marinera, esencia catalana. En definitiva, sello de autenticidad.
