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La chufa es uno de los alimentos más representativos de la gastronomía valenciana, pero también uno de los más completos desde el punto de vista nutricional. Este pequeño tubérculo, del que se obtiene la horchata, aporta grasas saludables, fibra, vitaminas y minerales, una combinación que lo convierte en un aliado para la salud digestiva y cardiovascular.

Su consumo no se limita a la bebida más popular del verano. También puede incorporarse a la alimentación rehidratada, en harina o en aceite, conservando buena parte de sus propiedades y ofreciendo alternativas para todo tipo de recetas.

Un perfil nutricional muy completo

La chufa destaca por su alto contenido en hidratos de carbono complejos, que representan cerca del 42 % de su composición. Esta característica la convierte en una fuente de energía especialmente interesante para personas con una elevada actividad física, así como para niños, adolescentes o personas en procesos de recuperación nutricional.

Además, contiene alrededor de un 24 % de grasas, con predominio del ácido oleico, el mismo ácido graso monoinsaturado que caracteriza al aceite de oliva. También aporta un 17 % de fibra dietética y pequeñas cantidades de proteínas ricas en arginina, además de vitaminas del grupo B, vitamina E y minerales como hierro, magnesio, fósforo, potasio y zinc.

Beneficios para el intestino y el corazón

Uno de los aspectos que más interés científico ha despertado en los últimos años es su efecto sobre la microbiota intestinal. Un estudio realizado por el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) comprobó que consumir 300 mililitros diarios de horchata natural, sin pasteurizar y sin azúcar añadido durante tres días, favorece el crecimiento de bacterias beneficiosas relacionadas con una mejor salud digestiva.

Los investigadores atribuyen este efecto a la presencia de almidón resistente, fibra y compuestos antioxidantes, que actúan como prebióticos y favorecen la producción de sustancias beneficiosas para el intestino. No obstante, el propio equipo científico subraya que todavía son necesarios más estudios para confirmar estos efectos en diferentes poblaciones.

Mucho más que una horchata

Lo más habitual es que las chufas se consuman crudas, a modo de frutos secos, después de un remojo previo de unas 24 horas. De esta manera se pueden incluir, por ejemplo, en ensaladas para darle un toque crujiente y dulzón muy original. En forma de harina, aporta un ligero sabor dulce a bizcochos, galletas o crepes y no contiene gluten, aunque debe mezclarse con otras harinas para elaborar pan.

También existe el aceite virgen de chufa, un producto menos conocido pero rico en grasas monoinsaturadas, adecuado tanto para aliños como para cocinar gracias a su estabilidad frente al calor.

La importancia de elegir un buen producto

Los especialistas recomiendan optar por chufa ecológica y, en el caso de la horchata, elegir elaboraciones con la menor cantidad posible de ingredientes añadidos. La Denominación de Origen Chufa de Valencia certifica el origen y la calidad del producto cultivado en la comarca de L'Horta Nord, donde se concentra la mayor producción española.

Consumida con moderación y dentro de una alimentación equilibrada, la chufa demuestra que un alimento tradicional puede seguir ocupando un lugar destacado en la dieta actual. Su riqueza nutricional, unida a la creciente evidencia científica sobre sus efectos beneficiosos, la consolida como mucho más que el ingrediente principal de una bebida refrescante.