Guacamole

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Gastronomía

Los expertos coinciden: "El guacamole más cremoso no se consigue machacando los ingredientes, sino en mantener algunos trozos para mejorar su textura"

No basta con elegir un buen aguacate, ya que la técnica es clave para conseguir la salsa perfecta

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El guacamole es, sin discusión, una de las recetas más populares de la gastronomía mexicana. Su preparación es sencilla y rápida, lo que lo convierte en uno de los aperitivos más habituales, aunque para México representa mucho más que un simple untable.

Muchos creen que basta con triturar un aguacate, añadir cilantro, chile o zumo de lima y mezclar. Sin embargo, lograr un resultado auténtico exige prestar atención a un aspecto fundamental: la textura.

La importancia de la técnica

Un buen guacamole debe ser cremoso, pero sin convertirse en un puré completamente uniforme. La receta tradicional busca mantener pequeños trozos de aguacate que aporten cuerpo y personalidad a cada bocado.

Esa es la filosofía que sigue el chef Roberto Ortiz Blanco en el restaurante Ōme, situado en el barrio madrileño de Salamanca. El cocinero ha apostado por un espacio de dimensiones reducidas, con una barra y una mesa del chef para apenas una docena de comensales.

Una herramienta imprescindible

Para Ortiz Blanco, el secreto comienza con el molcajete, el tradicional mortero de piedra volcánica utilizado desde hace siglos en la cocina mexicana para preparar salsas y guacamoles.

No obstante, tan importante como el utensilio es la forma de utilizarlo. En lugar de recurrir a una batidora o un robot de cocina, el chef emplea el tejolote, la mano del mortero, para trabajar el aguacate con movimientos suaves.

El movimiento que cambia el resultado

Según explica el cocinero, la clave está en no machacar los ingredientes con fuerza. Lo correcto es dejar caer el tejolote y realizar movimientos controlados de muñeca para integrar la mezcla poco a poco.

De esta forma, el guacamole conserva una textura cremosa, pero también mantiene los trozos de aguacate que distinguen una preparación tradicional de un simple puré. Un detalle que, para la cocina mexicana, marca toda la diferencia.

Historia del guacamole

El guacamole nació antes de la llegada de los españoles. Los pueblos mesoamericanos, especialmente los mexicas (aztecas), preparaban una salsa elaborada con aguacate machacado, chile y tomate, utilizando un molcajete de piedra volcánica para conseguir una textura cremosa, pero con trozos del fruto.

El nombre procede del náhuatl āhuacamōlli, formado por āhuacatl (aguacate) y mōlli (salsa o mole), por lo que su significado literal es "salsa de aguacate".

El ingrediente principal del guacamole tiene una historia aún más antigua. Restos arqueológicos hallados en la cueva de Coxcatlán, en el valle de Tehuacán (Puebla), demuestran que el aguacate ya era consumido hace entre 7.000 y 8.000 años, mientras que otras investigaciones sitúan su domesticación hace más de 10.000 años.

Esto convierte al aguacate en uno de los frutos más antiguos cultivados en Mesoamérica.

La receta evolucionó tras la conquista

Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, el guacamole incorporó ingredientes procedentes de Europa que no formaban parte de la receta original, como la cebolla, el ajo o la sal refinada. Posteriormente también se popularizó el uso del zumo de lima o limón, que ayuda a retrasar la oxidación del aguacate.

Pese a esas incorporaciones, el método tradicional apenas ha cambiado: machacar el aguacate en un molcajete, evitando triturarlo completamente para conservar su textura.