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Los canónigos han recuperado el protagonismo en las cocinas tras décadas relegados por otras variedades de lechuga. Su sabor suave con matices de nuez, su textura tierna y su facilidad para combinar con multitud de ingredientes los convierten en uno de los vegetales más apreciados durante los meses fríos.

Además de su valor gastronómico, esta pequeña hoja verde destaca por su interesante composición nutricional. El Ministerio de Agricultura señala que aporta betacarotenos, vitamina C, hierro e yodo, además de ser un alimento muy bajo en calorías, lo que explica el creciente interés por incluirla en una dieta equilibrada.

Una planta con siglos de historia

La especie Valerianella locusta lleva siglos formando parte de la alimentación europea. Las primeras referencias documentadas de su cultivo aparecen a finales del siglo XVI, aunque algunos historiadores sostienen que ya era conocida en la Antigüedad. Su presencia fue habitual en huertos de monasterios, circunstancia que dio origen al nombre con el que hoy se conoce.

Durante los siglos XVIII y XIX perdió protagonismo debido a la expansión de variedades de lechuga más rentables y sencillas de producir. Sin embargo, las mejoras en las técnicas de cultivo y conservación han permitido que vuelva a ocupar un lugar destacado en supermercados y hogares europeos.

Un concentrado de nutrientes

Los canónigos sobresalen por su contenido en provitamina A, vitamina C y ácido fólico, además de minerales como el hierro y el potasio. Según el Ministerio de Agricultura, una ración generosa aporta una cantidad muy significativa de betacarotenos y vitamina C, nutrientes esenciales para el funcionamiento normal del organismo.

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recuerda que la vitamina C contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario, ayuda a proteger las células frente al daño oxidativo y mejora la absorción del hierro, siempre que el alimento cumpla los requisitos establecidos por la normativa europea para realizar estas declaraciones saludables.

Cómo aprovechar mejor sus propiedades

Pese a su excelente perfil nutricional, los expertos recuerdan que normalmente se consumen en cantidades pequeñas, por lo que su aportación depende del conjunto de la alimentación diaria. Aun así, incorporarlos de forma habitual permite enriquecer ensaladas, platos templados e incluso recetas recién horneadas.

La mejor forma de disfrutarlos es en crudo, ya que el calor prolongado reduce parte de las vitaminas más sensibles. Si se cocinan, conviene hacerlo apenas unos segundos para conservar su textura y buena parte de sus nutrientes.

Conservación y consumo

Antes de comprarlos es recomendable comprobar que presenten hojas verdes, firmes y brillantes, sin zonas amarillentas ni marchitas. También conviene evitar las bolsas con exceso de humedad, ya que acelera su deterioro.

Una vez en casa, lo ideal es conservarlos en el frigorífico dentro de un recipiente con papel absorbente, que ayuda a controlar la humedad. Su vida útil suele ser corta, por lo que se recomienda consumirlos en un plazo de dos o tres días para disfrutar de todo su sabor y de sus mejores cualidades nutricionales. Con su equilibrio entre frescura, valor nutricional y versatilidad, los canónigos demuestran que las hojas más pequeñas también pueden convertirse en las grandes protagonistas de la mesa.

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