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El pollo sigue siendo la carne fresca más consumida en España. Lejos de perder protagonismo, su demanda continúa al alza, impulsada en parte por su precio más asequible frente a otras carnes y por su versatilidad en la cocina.

Los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) reflejan que la compra de carne fresca de pollo por parte de los hogares españoles aumentó un 5,3% en 2024 respecto al año anterior, consolidándose como la opción cárnica con mayor presencia en la cesta de la compra.

Una parte poco utilizada

Aunque la pechuga es el corte preferido por muchos consumidores, no todas las partes del pollo ofrecen el mismo perfil nutricional. El nutricionista Pablo Ojeda ha puesto el foco en dos piezas que suelen terminar en la basura: la carcasa y las patas.

A través de una publicación en redes sociales, el especialista asegura que estas partes son una fuente natural de colágeno y las recomienda especialmente a partir de los 40 años, una etapa en la que comienzan a aparecer con mayor frecuencia molestias articulares, digestiones más lentas o una menor elasticidad de la piel.

El papel del colágeno

Según explica Ojeda, preparar un caldo con carcasa o patas de pollo permite liberar compuestos como glicina, prolina y distintos minerales, nutrientes que participan en la formación del colágeno y que pueden formar parte de una alimentación saludable.

El experto sostiene que este tipo de elaboraciones puede contribuir a favorecer la salud intestinal, ayudar a la recuperación de los tejidos y aportar proteínas de calidad. No obstante, estas propiedades deben entenderse como parte de una dieta equilibrada y no como un tratamiento para enfermedades concretas.

Qué dice la evidencia

La Clínica Universidad de Navarra recuerda que el colágeno es la proteína más abundante del organismo y representa alrededor del 30% del total de proteínas corporales. Su función principal consiste en aportar estructura, firmeza y elasticidad a tejidos como la piel, los huesos, los tendones, los cartílagos, los ligamentos o los vasos sanguíneos.

La misma entidad sanitaria subraya que la producción de colágeno depende también de un adecuado aporte de vitamina C, aminoácidos, cobre y zinc, por lo que ningún alimento, por sí solo, garantiza un aumento de esta proteína en el organismo.

Más allá de la pechuga

Frente a la popularidad de la pechuga, las carcasas y las patas siguen siendo productos poco utilizados en muchos hogares, pese a que tradicionalmente han servido como base para caldos y guisos.

Recuperar estas partes del pollo puede ser una forma de aprovechar mejor el alimento, reducir el desperdicio y obtener un caldo rico en proteínas y minerales. Sin embargo, los especialistas insisten en que ningún alimento por sí mismo tiene efectos milagrosos y que la mejor estrategia para cuidar la salud continúa siendo mantener una alimentación variada, acompañada de ejercicio físico y hábitos de vida saludables.

Propiedades del pollo

El pollo es una carne blanca rica en proteínas de alto valor biológico, ya que aporta todos los aminoácidos esenciales que necesita el organismo para el mantenimiento y la reparación de los tejidos. Además, si se consume sin piel, presenta un bajo contenido en grasa, lo que la convierte en una opción habitual dentro de una alimentación equilibrada. También destaca por su aporte de vitaminas del grupo B, especialmente niacina (B3), riboflavina (B2) y vitamina B6, así como de minerales como fósforo, potasio, hierro, zinc y selenio, fundamentales para el metabolismo energético, el sistema inmunitario y la salud muscular.

Otro de los beneficios del pollo es su fácil digestibilidad, motivo por el que suele recomendarse en distintas etapas de la vida y en dietas adaptadas a personas mayores o con necesidades nutricionales específicas. No obstante, los expertos recuerdan que su composición varía según el corte: la pechuga es la parte más magra, mientras que otras zonas, como la carcasa o las patas, contienen una mayor cantidad de colágeno, una proteína estructural importante para la piel, los huesos, los tendones y los cartílagos. Por ello, los organismos sanitarios insisten en que el pollo puede formar parte de una dieta saludable siempre que se combine con otros alimentos y se alterne con diferentes fuentes de proteína.

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