receta fácil de Gambas al ajillo

receta fácil de Gambas al ajillo

Gastronomía

Los hosteleros coinciden: "Las gambas al ajillo no se cocinan a fuego fuerte desde el principio, la clave es dorar el ajo a fuego lento e incorporar el marisco al final"

El secreto de los bares de tapas para lograr una textura sedosa y clavar una receta fácil de Gambas al ajillo controlando el punto exacto del fuego

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Los cocineros profesionales han desvelado las pautas indispensables para clavar uno de los grandes clásicos de las barras de tapas en nuestro país: una receta fácil de gambas al ajillo.

Elaborar este plato en casa suele terminar a menudo con un marisco reseco o unos ajos quemados que aportan un desagradable toque amargo. Al aplicar estos sencillos pasos, se consigue una textura sedosa en el marisco y una salsa perfectamente ligada y llena de sabor tradicional.

El error del fuego

La costumbre de calentar el aceite al máximo antes de introducir los ingredientes es el fallo más extendido en las cocinas domésticas.
Este exceso de grados tuesta la superficie del condimento de inmediato mientras deja el interior crudo, arruinando la base del plato.

Cuando el ajo se quema, transmite un sabor amargo al resto de los elementos que resulta imposible de corregir. Los expertos insisten en que la paciencia con los fogones es la única vía para que el aceite absorba la esencia de forma limpia.

Los ingredientes base

La magia de esta preparación tradicional radica en la máxima calidad de su materia prima y en unas proporciones muy equilibradas.
Para poner en marcha una receta fácil de gambas al ajillo, se requieren exactamente 300 gramos de gambas peladas o gambas congeladas.

La base aromática se construye reuniendo 1 cabeza de ajos entera o, en su defecto, entre 7 u 8 dientes de ajo. Todo el conjunto se cocinará sumergido en una cantidad generosa de aceite de oliva virgen extra y el punto de 2 o 3 cayenas o guindillas frescas, si te apetece un poco de picante.

Limpieza del marisco

El primer paso crucial para garantizar el éxito del plato pasa por preparar adecuadamente el producto principal antes de que toque la sartén. Es necesario dejar que pierdan el hielo por completo en caso de que sean gambas congeladas y, si son frescas, solo quitarles la piel.

Una vez descongeladas o peladas, es fundamental secar las gambas utilizando papel absorbente de cocina.

El corte del ajo

La forma en que se trocea el ajo influye de manera directa en la velocidad de cocción y en la presencia final en el plato. Los cocineros aconsejan laminarlo con un grosor uniforme y mediano, descartando picarlo en trozos pequeños.

Un corte demasiado fino eleva el riesgo de que las láminas se carbonicen antes de que el marisco alcance su punto idóneo de cocción.

Las rodajas uniformes permiten un dorado estético que decora de forma clásica la cazuela.

Confitado a fuego lento

El proceso térmico arranca vertiendo el aceite de oliva virgen extra en la cazuela a una potencia de fuego baja.

Introducimos de inmediato las láminas de ajo y las cayenas o guindillas frescas enteras y dejamos cocinar, sin quemar. Sabremos que el confitado progresa adecuadamente cuando empiecen a brotar pequeñas burbujas alrededor de cada rodaja blanca.

El punto del marisco

En el instante preciso en que el condimento adquiera un tono ligeramente dorado, es el momento idóneo para subir la potencia del fuego al máximo e incorporar las gambas secas a la cazuela, sazonando con una pizca de sal fina al gusto.

El tiempo necesario para que el marisco se cocine es muy breve, solo 20 segundos como máximo.

Hazlo en casa

Si te apetece deleitar a tus invitados con este clásico de la cocina de siempre, puedes empezar seleccionando una buena materia prima. Asegúrate de secar bien las piezas antes de encender el fuego y mantén una vigilancia constante sobre el punto de color de la cazuela.

Disfruta de un cocinado sumamente rápido, respeta los tiempos del marisco y comprueba cómo la técnica profesional mejora tus aperitivos caseros.

Ingredientes

  • 300 g de gambas peladas o congeladas
  • 1 cabeza de ajo o 7 u 8 dientes de ajo pequeños
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 2 o 3 cayenas o guindillas frescas
  • Sal al gusto

Paso 1

Pelar las gambas o, en caso que sean congeladas, dejarlas descongelar por completo.

Paso 2

Pelamos y laminamos los ajos.

Paso 3

Ponemos los ajos en una buena cantidad de aceite a fuego bajo durante aprox 15 minutos, intenta vigilar que no se frían, ya que de esta manera van a conservar su sabor sin volverse amargos. En este punto le añadimos el picante que queramos.

Paso 4

Añadimos las gambas peladas.

Paso 5

Subimos el fuego a tope y a los 20 segundos lo retiramos del fuego.