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Gastronomía

Galicia da una lección al resto de España: "Los mejillones más sabrosos se hacen con 100 ml de salsa de tomate, 500 ml de manzanilla en rama y 1 guindilla"

Un pequeño gesto durante la preparación permite conseguir una salsa más ligada, sabrosa y con una textura difícil de lograr

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Los mejillones ocupan un lugar privilegiado en la gastronomía española. Su intenso sabor, su versatilidad en la cocina y su interesante perfil nutricional los han convertido en uno de los mariscos más apreciados tanto por cocineros profesionales como por aficionados.

En Galicia, donde este molusco forma parte de la identidad culinaria de la comunidad, existen algunos secretos que marcan la diferencia entre una receta correcta y un plato memorable. Uno de ellos está relacionado con la preparación de los populares mejillones en salsa.

Un detalle decisivo

Aunque muchas recetas comienzan cociendo los mejillones en agua, los cocineros gallegos apuestan por otro método. La elaboración parte de una base sencilla compuesta por tomate, ajo, aceite de oliva y un ingrediente que suele pasar desapercibido.

Se trata de una simple cucharada de harina, un producto habitual en cualquier cocina y que, sin embargo, puede modificar por completo el resultado final de la receta.

La importancia del fuego

Antes de incorporar los mejillones, conviene prestar atención a uno de los pasos más delicados. El ajo y la guindilla deben cocinarse a fuego suave para evitar que se quemen.

Cuando el ajo se dora en exceso desarrolla un sabor amargo que termina trasladándose a toda la salsa. Por el contrario, una cocción lenta permite que el aceite absorba los aromas de forma progresiva y equilibrada.

El ingrediente inesperado

El momento clave llega justo antes de añadir los mejillones. La harina se incorpora sobre la base de la salsa y actúa como un espesante natural que ayuda a integrar todos los sabores.

Durante la cocción, los mejillones liberan una gran cantidad de jugo. Gracias a la harina, ese líquido no queda separado, sino que se une al tomate y al aceite, creando una salsa más homogénea y con mayor cuerpo.

Una salsa más intensa

El resultado es una elaboración mucho más ligada y agradable al paladar. La textura gana consistencia sin necesidad de recurrir a técnicas complejas ni a ingredientes adicionales.

Las personas con intolerancia al gluten pueden prescindir de la harina. En ese caso, la receta seguirá siendo sabrosa, aunque la salsa tendrá una textura más ligera y fluida.

El valor del mejillón gallego

Buena parte del prestigio de este producto se explica por su origen. Galicia es una de las grandes potencias mundiales en el cultivo de mejillón gracias al sistema tradicional de bateas, plataformas flotantes de las que cuelgan las cuerdas donde crecen los moluscos.

Las aguas de las Rías Baixas destacan por su riqueza en fitoplancton, el alimento natural de los mejillones. Esta característica favorece una carne abundante, una textura firme y un sabor especialmente intenso.

Un referente mundial

Galicia cuenta con más de 3.300 bateas y su producción anual supera habitualmente las 250.000 toneladas, lo que la sitúa entre las regiones líderes del mundo en el cultivo de este molusco.

Además, el Mejillón de Galicia fue el primer producto del mar en obtener una Denominación de Origen Protegida en la Unión Europea, un reconocimiento que certifica tanto su calidad como su procedencia.

Por todo ello, no resulta extraño que los cocineros gallegos hayan perfeccionado durante décadas las mejores formas de prepararlo. Y entre todos esos conocimientos, una simple cucharada de harina sigue demostrando que, en ocasiones, los grandes secretos de la cocina son también los más sencillos.

Receta de los mejillones

Esta es la receta de los mejillones para que estén más sabrosos:

Ingredientes

  • 500 g de mejillones pequeños
  • 100 ml de salsa de tomate
  • 5 dientes de ajo
  • 50 ml de manzanilla en rama o vino fino seco
  • 1 cucharada de harina de trigo (10 g)
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Perejil fresco picado al gusto
  • 1 guindilla (opcional)

Paso 1

Limpiar bien los mejillones, retirando la suciedad y las barbas, y lavarlos bajo el grifo.

Paso 2

Colocarlos en un bol y espolvorear la harina por encima, removiendo para que queden ligeramente enharinados.

Paso 3

Calentar aceite de oliva en una cazuela a fuego bajo y añadir los ajos aplastados y la guindilla. Cocinar hasta que los ajos empiecen a dorarse.

Paso 4

Subir ligeramente el fuego, incorporar el vino y dejar que reduzca unos segundos.

Paso 5

Añadir la salsa de tomate y mezclar bien.

Paso 6

Incorporar los mejillones enharinados, tapar la cazuela y cocinar unos minutos hasta que se abran, removiendo de vez en cuando para que la salsa espese.

Paso 7

Retirar del fuego, espolvorear con perejil fresco picado y servir acompañado de pan.