Sardinas a la brasa

Sardinas a la brasa CG

Gastronomía

Los cocineros coinciden: "Es recomendable utilizar papel de horno y aceite de oliva para asar sardinas sin que dejen olor por toda la casa"

Un método sencillo ayuda a reducir los aromas más persistentes del pescado azul y facilita además su preparación en la sartén

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Las sardinas son uno de los pescados más consumidos durante los meses de calor. Su sabor intenso y su precio asequible las convierten en una opción habitual en muchas cocinas. Sin embargo, hay un inconveniente que lleva a muchas personas a renunciar a prepararlas en casa: el olor que dejan después.

El problema no suele estar en la elaboración, que es rápida y sencilla. La dificultad aparece cuando el humo impregna la cocina, la ropa o los tejidos del hogar y el aroma permanece durante horas.

Un truco muy sencillo

Existe, no obstante, una solución práctica que permite disfrutar de las sardinas sin que el olor se convierta en un problema. Solo hace falta un elemento que suele estar presente en cualquier cocina: papel de horno.

La técnica consiste en engrasar ligeramente un trozo de papel con aceite de oliva, colocar las sardinas en una sola capa, añadir sal y doblar el papel formando una especie de paquete. No es necesario cerrarlo completamente, basta con cubrir el pescado.

De esta manera, la grasa y los jugos no entran en contacto directo con la superficie caliente de la sartén. Ese detalle es importante porque evita parte de la combustión que genera humo y dispersa los compuestos aromáticos responsables del olor.

Menos humo y más comodidad

El propio papel actúa además como una barrera que retiene gran parte de esos aromas. Si la preparación se realiza con la campana extractora en funcionamiento, el resultado es todavía más eficaz.

La técnica aporta otras ventajas. Las sardinas se pegan menos, la limpieza posterior es más sencilla y también resulta más cómodo darles la vuelta durante la cocción. Basta con utilizar un plato para girar el paquete de forma similar a una tortilla.

Una vez terminada la preparación, algunas personas optan por reforzar la ventilación o encender una vela aromática de notas cítricas o florales. Aunque es un paso opcional, ayuda a refrescar el ambiente de la cocina.

Un alimento muy completo

Más allá de este truco doméstico, las sardinas destacan por su interesante perfil nutricional. La Fundación Española de la Nutrición (FEN) señala que son una fuente destacada de proteínas de alto valor biológico, ácidos grasos omega-3, fósforo, vitamina B12 y vitamina D.

Precisamente, una ración de sardinas puede acercarse al 100% de los objetivos nutricionales diarios recomendados para los omega-3, unos ácidos grasos asociados a beneficios cardiovasculares.

También aportan minerales como el fósforo y cantidades relevantes de vitamina D, un nutriente que contribuye a la correcta absorción y utilización del calcio.

Cómo acompañarlas

Las sardinas asadas admiten numerosas combinaciones. Una de las más sencillas consiste en servirlas sobre una base de tomate rallado, aceite de oliva y un toque de ajo.

También encajan perfectamente con una ensalada de pimientos asados, unas patatas aliñadas o una guarnición ligera de cuscús. Quienes prefieran una opción más fresca pueden acompañarlas con tomate, cebolla y aceitunas.

Gracias a este sencillo truco del papel de horno, preparar sardinas en casa deja de ser una batalla contra los olores. Una solución práctica para disfrutar de uno de los pescados más nutritivos del verano sin que el aroma se convierta en el protagonista de la jornada.