Responder a las preguntas que surgen en la cocina cotidiana es uno de los objetivos que se ha marcado Ada Parellada en su divulgación gastronómica. La chef del restaurante Semproniana se dirige a los hogares de Cataluña para ofrecer, con periodicidad semanal, consejos prácticos sobre el uso de los productos más habituales: verduras, hortalizas, frutas, carnes, pescados o dulces. Su propuesta va más allá de la receta puntual y se centra en enseñar a aprovechar los alimentos en su mejor momento, aplicar técnicas sencillas, pero eficaces y ganar comodidad y criterio frente a los fogones.
En esta entrega, la cocinera catalana pone el acento en una preparación esencial de la cocina doméstica: el caldo de pollo. Un fondo aparentemente simple, pero decisivo para el resultado de muchos platos, y que esconde claves fundamentales para potenciar tanto su sabor como sus propiedades nutricionales. El truco que revela se perfila como uno de esos recursos que, una vez aprendido, pasa a formar parte del repertorio habitual de cualquier cocina.
Caldo de pollo casero
El caldo de pollo es un líquido aromático y nutritivo que se obtiene mediante la cocción prolongada de carne, huesos y verduras como la cebolla, la zanahoria o el apio. Se trata de una elaboración básica en la gastronomía catalana, utilizada como punto de partida para sopas, arroces, guisos o cremas. Su presencia es constante en la cocina familiar y adquiere un protagonismo especial en fechas señaladas como la Navidad, aunque su consumo se extiende a lo largo de todo el año.
No en vano, el caldo de pollo cuenta incluso con una celebración propia: el Día Mundial del Caldo de Pollo, que tiene lugar cada 12 de noviembre. A pesar de ello, su consumo se asocia, especialmente, a las épocas más frías, desde el otoño hasta el invierno, e incluso a los primeros días de la primavera, cuando el cuerpo demanda platos reconfortantes.
Alimento reparador
Desde tiempos antiguos, este caldo ha sido considerado un alimento reparador. Tradicionalmente recomendado para personas enfermas o en procesos de recuperación, destaca por su fácil digestión y su alto valor nutricional. Los minerales procedentes de los huesos del pollo y las vitaminas de las verduras contribuyen a fortalecer el sistema inmunitario y se le atribuyen propiedades antiinflamatorias.
Además, su versatilidad es uno de sus grandes atractivos: existen múltiples versiones y cada familia guarda su propia receta como un pequeño tesoro culinario. Eso sí, hay un principio que no admite discusión: el caldo de pollo debe servirse siempre bien caliente.
Con estas ideas como punto de partida, Ada Parellada comparte los ingredientes y el método para elaborar un caldo de pollo casero que combine tradición, sabor y sentido práctico.
Caldo
Receta del caldo
Esta es la receta del caldo de pollo de Ada Parellada:
- 1 carcasa de pollo.
- Un cuarto de gallina.
- Un puerro entero.
- 1 chirivía.
- 1 zanahoria.
- 1 rama de apio.
- 2 patatas.
- Unas ramas de perejil.
- Sal.
- Pimienta.
En una bandeja ponemos la carcasa, la gallina, sal y pimienta. Horneamos a 200 °C durante 30 minutos. Lavamos bien el puerro y lo cortamos a trozos grandes, aprovechamos también las partes verdes. Rascamos la zanahoria y la cortamos a trozos, y también la chirivía. Lavamos el apio y lo cortamos. Añadimos estas verduras a la bandeja de la gallina y el pollo. Tratamos de poner las verduras en la base y el pollo arriba. Horneamos 15 minutos más. Ponemos todos los ingredientes dentro de la olla. Añadimos las patatas limpias, con piel y cortes. Ponemos el perejil. Cubrimos con agua, medio tapamos y cocemos durante una hora, lentamente. Retiramos el pollo y colamos. Apretamos bien para extraer todos los jugos. ¡Y listo!
