Una imagen de archivo de Francisco Martín, delegado del Gobierno en Madrid

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Examen a los protagonistas

Francisco Martín

La triste vida del funcionario fiel

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Menudo papelón que ha hecho el delegado del gobierno en Madrid, Francisco Martín Aguirre (Madrid, 1981). Viendo que Pedro Sánchez, el hombre al que ha servido con fidelidad perruna hasta anteayer, no lo había incluido en las listas para las elecciones de finales de noviembre, presentó su dimisión del cargo, intuyo que al sentirse traicionado por el señorito al que tan bien ha servido desde hace años.

Ya puestos, podría haberse enmendado a sí mismo y enviado a la policía nacional a desalojar a porrazos el campamento de la Puerta del Sol, a ver qué cara ponía su antiguo benefactor. Pero, hombre de partido al fin (o de secta, según se mire), se limitó a presentar su dimisión, fuese y no hubo nada.

Intuyo que el hombre se había hecho ilusiones electorales. En el caso de que su Pedro se impusiera en las elecciones (por improbable que parezca), igual le caía un ministerio.

Y aunque hubiera que pasar a la oposición (lo que parece más probable), entre los más de cien escaños que pille el PSOE, igual habría uno para él. Pero, claro, si no te incluyen en la lista es que te están diciendo, más o menos, que allá te pudras. Y eso debe sentar como un tiro después de tantos años ejerciendo de Pascual, criado leal (personaje de los tebeos Bruguera, que me disculpen los jóvenes que puedan leer esto).

Francisco Martín lleva toda la vida en el PSOE. De joven, acumuló becas que venían siempre de algún gobierno o gobiernillo socialista. En el 2017, presidió una fundación destinada a que Sánchez ganara las primarias del partido, como así fue (aunque puede que mediante el acreditado sistema del pucherazo). La fundación, agárrense, atendía por Bancal de Flores (que sonaba mucho mejor que Fosa Séptica, aunque este nombre resultara mucho más adecuado).

En 2020 y 2021, nuestro hombre fue director del Departamento de Planificación y Seguimiento de la Actividad Presidencial, cargo que, conociendo a Sánchez, debía consistir en felicitarle a diario por sus aciertos y recordarle lo guapo que era. En esa misma línea, del 2021 al 2023, Martín fue Secretario General de la Presidencia. Ah, y desde 2018 ejerce de presidente de la Fundación Pablo Iglesias, para que el difunto no deje pasar ni un día sin removerse en su tumba.

Con este carrerón, es normal que el señor Martín se haya rebotado. Lo normal era esperar un nuevo cargo, aunque fuese en la oposición. En vez de eso, ha sido prácticamente expulsado del partido de sus amores por el hombre por el que lo dio todo. Con su historial, es evidente que no hay vida para él fuera del PSOE, a no ser que le pida un sitio en la mesa a Iker Jiménez para despotricar del Puto Amo en Horizonte.

Aunque también es verdad que, después de las elecciones, puede haber bofetadas entre sociatas para hacerse con tan anhelado sillón.