El presidente del Parlament, Josep Rull
El Parlament de Cataluña desarrolló este miércoles su actividad con normalidad, a diferencia de otras administraciones como el Gobierno y la Generalitat, cuyos presidentes, Pedro Sánchez y Salvador Illa, cancelaron los actos previstos en sus agendas por la gravedad del accidente ferroviario de Toledo.
No fue el caso del presidente de la Cámara catalana, Josep Rull, que, tras expresar su pesar y consternación por las decenas de fallecidos y heridos, optó por continuar con el plan de trabajo previsto.
Rull mostró su "angustia" por la tragedia, aunque mantuvo intactas las comisiones y sus recepciones protocolarias, ignorando el gesto solidario que sí adoptaron otros parlamentos.
Ello ha dado pie a cierto debate político en Cataluña sobre si la empatía institucional con las víctimas puede limitarse a un simple mensaje telemático. Al priorizar el orden del día sobre el duelo, Rull proyectó una imagen de rigidez que, cuestionable o no, aleja aún más a los ciudadanos de sus dirigentes. Detenerse ante una catástrofe debería ser un deber ético, siempre que ello sea posible.