François Jozic, director y CEO del Sónar, en una entrevista en Betevé
El nuevo equipo del Sónar, el festival de música electrónica por antonomasia de Barcelona, coquetea con la idea de cambiar de marca al evento, deslizando que ha muerto.
Muchos especulan con que se trata de una mera acción de márketing para captar la atención de más fans. Un simple truco para atraer la atención del público para mantener la marca antigua y presentar algo mayor.
Otros, en cambio, avisan de que el movimiento antecede a un simple rebranding del encuentro de música y cultura digital.
Sea lo que fuere, lo cierto es que la gestión del fondo Superstruct al frente del histórico producto es cataclísmica. No ha funcionado la apuesta por el Sónar de día que ha desplegado el equipo, con François Jozic, su director, a la cabeza. Ha cosechado una discreta acogida del público.
Antes, el festival tuvo que ver cómo sus tres fundadores se marchaban.
Más recientemente, el Sónar, el motor de la música electrónica catalana, ha quedado fuera del evento PLEC, el nuevo spin-off de cultura electrónica y visual aparejado a la pasarela de moda 080. Le ha arrebatado el puesto el festival Primavera Sound, archienemigo de Superstruct al estar controlado por otro fondo de inversión rival.
Por si no bastara, el Sónar sugiere ahora un rebranding. Y justo un día después de que Primavera Sound recogiera ayer una medalla de honor de Foment del Treball en la gala anual de la gran patronal catalana.
En total, 30 días para olvidar para el Sónar y Superstruct. Por el bien de la escena musical de Barcelona, cabe esperar que estos días aciagos vayan a más.