Alejandro Betancourt, CEO de NABEP
Recuperar la producción de un país cuya industria petrolera llevaba años en declive exige algo más que capital: requiere conocer el terreno y tener la capacidad de ejecutar cuando otros no pueden.
Alejandro Betancourt lo está demostrando al frente de NABEP, la petrolera que comparte accionariado con el Gobierno de EEUU. Según Bloomberg, su producción alcanzó el 19 de octubre los 223.509 barriles equivalentes diarios, unos 20.000 más que en agosto, de acuerdo con registros internos de la estatal PDVSA.
El empresario venezolano ha conseguido multiplicar por diez la producción en dos años reinvirtiendo cerca de 1.000 millones de dólares de sus ingresos, sin recurrir a deuda ni a capital externo.
Ahora prepara un despliegue de 60 equipos de perforación, 30 calderas de vapor y 70 máquinas pesadas, que una fuente conocedora de la compañía describe como la mayor inversión de una empresa privada venezolana en años. Ya ha incorporado los primeros equipos nuevos de reparación de pozos que llegan al país en más de quince años.
Su mérito no está solo en las cifras, sino en haberse convertido en el interlocutor de Washington y Caracas en un momento decisivo para Venezuela.
Una figura que despierta controversia, pero cuya capacidad de gestión empieza a medirse en barriles, aunque el reto de alcanzar el millón diario que se ha marcado como objetivo aún está por demostrar.