Javier Milei

Javier Milei

Examen a los protagonistas

Javier Milei

El gran mamarracho

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A veces escucho comentarios severos sobre los argentinos, casi siempre relacionados con el presidente al que eligieron en las últimas elecciones generales, Javier Gerardo Milei (Buenos Aires, 1970), ese sujeto con el pelo permanentemente alborotado y la cara de un duende enloquecido y la cabeza repleta de ideas de bombero.

Si formo parte de la conversación al respecto, siempre digo lo mismo: que se trataba de elegir entre los peronistas, principales responsables del sindiós en que se ha convertido la Argentina desde los tiempos del general Juan Domingo Perón y su fiel Evita (recuerden el absurdo eslogan: “Perón cumple, Evita dignifica”) y un zumbado con motosierra que aseguraba saber mucho de economía y prometía sacar a sus compatriotas de la mierda en la que nadaban desde hacía décadas.

Era la clásica situación Halloween: Susto o muerte. Según muchos, la más elemental prudencia aconsejaba seguir votando por la muerte, pero finalmente se impuso el susto. Y hay que reconocer que, como espectáculo, Milei es mucho más interesante que los peronistas (que no sé cómo sobrevivieron a la necesaria novela de Osvaldo Soriano No habrá más penas ni olvido, un ajuste de cuentas fenomenal con esa pandilla de tuercebotas de derechas o de izquierdas, da igual, ya que nunca entendieron ni un concepto ni otro).

Fijémonos en la vidilla que nos ha dado con su visita a Madrid, donde solo Isabel Diaz Ayuso lo recibió con abrazos fraternales. Núñez Feijoo se hizo el sueco, y hasta su gran amigo Abascal se buscó un mitin lo más alejado posible de la capital del reino para poder darle esquinazo sin quedar del todo como un cochero. A Sánchez y su partido del amor les vino de perlas para volver a intentar asustarnos con la inminente llegada del fascismo.

Y Milei, fiel a sí mismo, hizo lo que se esperaba de él: ciscarse en nuestro presidente, decir que era comunista (como si Sánchez fuese algo que no sea Sánchez), desearnos una próxima implantación de la motosierra y volverse a Buenos Aires para que los periodistas, como puede oír en un telediario, lo tildaran de mamarracho que siempre hacía quedar mal a los argentinos en sus viajes oficiales.

Dicen que la situación económica ha mejorado con Milei. Me cuesta creerlo, pero igual le sirvieron de algo sus estudios universitarios y su pasión por los economistas más reaccionarios. Pero lo interesante del personaje está, para mí, en su permanente actuación locoide, que incluye la costumbre de insultar a los que piensan distinto que él, sobre todo si son periodistas y preguntan cosas que no deben (en eso es igual a su gran amigo Donald Trump).

Me fascina su (¿turbia?) relación con su hermana Karina, a la que consulta para todo a falta de una primera dama (se le conocen dos novias: la cantante Daniela Mori y la humorista Fátima Flórez, aunque las relaciones fueron tirando a breves, lo que proporcionó abundante munición a los que sostienen que es un homosexual de armario).

Probablemente, lo suyo será solo una extravagancia política de corta duración. Y cuando pierda las elecciones, todo volverá a la normalidad. Es decir, al peronismo, que puede ser de extrema derecha o de extrema izquierda, pero siempre subnormal.