Publicada

El homenaje de Jordi Pujol de este lunes a Lluís Prenafeta refleja la absoluta falta de autocrítica de los patriarcas del nacionalismo catalán y, en especial, de la antigua Convergència.

Quien fue presidente de la Generalitat durante casi un cuarto de siglo (de 1980 a 2003) no tuvo reparos en copar de elogios a quien fue su más estrecho colaborador hasta 1990, a pesar de su turbio pasado, marcado por una condena por corrupción.

Prenafeta, fallecido en 2025, fue condenado a un año y 11 meses de prisión en 2018 por el caso Pretoria de corrupción urbanística, acusado de los delitos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales. El ex alto cargo del Govern catalán habría ocultado en su día casi 15 millones de euros procedentes de comisiones públicas y privadas, según admitió ante el fiscal.

Pasando por encima de todo ello, Pujol loó a su mano derecha calificándolo como "un liberal de verdad y un nacionalista de raíz".

Las intervenciones en la presentación del portal en memoria de Prenafeta —donde Artur Mas llegó a calificarlo como un "semidiós" del poder catalán— muestran cómo la vieja guardia convergente insiste en romantizar una época con más sombras que luces. Haciendo, de paso, un flaco favor a un nacionalismo hoy reconvertido en independentista. El presunto "amor" a Cataluña no puede, ni debe, construirse sobre la corrupción ni la impunidad de sus dirigentes.