Joan Guàrdia, rector de la UB
La asociación Sindicat de Llogateres ha logrado su propósito: ocupar el edificio histórico de la UB y convertirlo en el "centro neurálgico" de las asambleas y la logística de la huelga del 11N.
Nada hay más alejado de la verdadera función de la Universidad, que debe ser un espacio de encuentro neutral y plural, no el cuartel general de una causa política o laboral.
Haría bien la institución que dirige Joan Guàrdia en ofrecer a los activistas otros espacios más adecuados; sus bibliotecas, por ejemplo.
Allí podrían encontrar manuales de economía básica que les ayudaran a comprender la complejidad del mercado inmobiliario. No faltarían libros que respaldaran sus tesis, pero encontrarían también otros que las cuestionaran. Y de los que, sin duda, tienen mucho que aprender.
Para eso sirve la Universidad: para confrontar ideas con rigor, no para permitir que la instrumentalicen siempre los mismos en beneficio propio.