Josep Sánchez Llibre, presidente de Foment

Josep Sánchez Llibre, presidente de Foment

Examen a los protagonistas

Josep Sánchez Llibre

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La industria española se encuentra en una situación límite debido a que los costes energéticos se han disparado. Pero no caben planteamientos a medio plazo. Ni siquiera a corto. Es aquí y es ahora. O el Gobierno empieza a tomar medidas de carácter inmediato o las consecuencias serán muy dolorosas. Y no sólo en lo puramente económico. En la mayoría de ocasiones de este tipo, el mayor de los costes es en forma de destrucción de empleo, de despidos masivos, de deslocalización de plantas y centros de trabajo.

En una palabra, de crear miseria en lugar de generar riqueza, que es a lo que debe contribuir todo Gobierno que se precie de ser así llamado. Una vez más, ha sido Foment del Treball la encargada de encender las luces de alarma, de dar el más que nunca necesario puñetazo encima de la mesa. Para reclamar soluciones, para exigir medidas de carácter urgente. No cabe esperar a mañana. Podría ser demasiado tarde.

Como es habitual en las filas que lidera Josep Sánchez Llibre, la voz de emergencia viene acompañada de medidas concretas, de propuestas en forma de ayudas directas y alivio fiscal para impedir que sea la industria en solitario la que tenga que asumir unos sobrecostes generados por el efecto de la creciente tensión geopolítica. Es decir, por causas que nada tienen que ver con su desempeño.

Son muchas las voces que coinciden en que la reindustrialización de la economía española es clave para su sostenibilidad, para evitar su dependencia de sectores en exceso volátiles, demasiado sensibles a los ciclos o a circunstancias sobrevenidas, como fue la pandemia del Covid-19. Pero para que ese deseo se convierta en realidad hace falta algo más que formularlo.

La industria precisa de un cuidado y mimo prácticamente continuo. De lo contrario, cualquier intento de refuerzo y apuesta acabará como, por desgracia, estamos acostumbrados a ver: con cierres, con deslocalizaciones, con ventas de empresas a inversores extranjeros porque sus dueños no encuentran la salida del laberinto en el que se han metido sin haberse dirigido voluntariamente.

Y cuando llegue ese momento será ya tarde, una vez más, para reaccionar. Hay que hacerlo antes y con urgencia. De ahí la firmeza del mensaje de Foment, que podría parecer a primera vista exagerado y un tanto apocalíptico. Si, como es el caso, los precios de la electricidad y el gas se han más que duplicado en apenas nueve meses, parte del daño ya está hecho. Incluso, puede que ya sea demasiado tarde. Por eso, son de agradecer las voces llamadas a despertar a unas Administraciones, tradicionalmente poco a nada ágiles para reaccionar a este tipo de situaciones. El cometido merece la pena. El futuro económico del país está en juego.