Montse Mínguez, antes de su dimisión como portavoz del PSOE

Montse Mínguez, antes de su dimisión como portavoz del PSOE Europa Press / Fotomontaje CG

Examen a los protagonistas

Montse Mínguez

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A favor y en contra del desahucio

Cuando pensó en prolongar su dinastía política, Jordi Pujol eligió a su hijo menos espabilado, Oriol, porque los mayores se estaban forrando con lucrativos negocios de legalidad dudosa y no estaban para perder el tiempo en pampringadas tales como acudir al Parlamento catalán cada mañana a dormitar en el escaño.

Al pobre Oriol, para que se viera que no era el lápiz más afilado del estuche, lo pillaron en una corruptela, pero en grado de tentativa, relacionada con el sector del automóvil, una chapuza llamada a avergonzar a sus hermanos, que no perdían el tiempo con calderillas. Su carrera política se cortó de cuajo, pero la cosa sirvió para dar más munición a los que creen que la política corrupta es el destino de los tontos, ya que los listos se forran desde fuera o comprando políticos que les retuerzan las leyes a medida.

Eso hizo el señor Sergi Vélez Viola con su novia, Montse Mínguez, cuando ésta era teniente de alcalde del ayuntamiento de Lérida, donde había desarrollado hasta entonces toda su carrera política en la órbita del PSC.

La señora Mínguez, desde el área de Economía, recalificó unos terrenos para que su pareja pudiera lanzarse a construir unos bonitos bloques de apartamentos que le vinieron muy bien para seguir lucrándose.

Esta semana, Montse Mínguez ha tenido que dimitir como portavoz del PSOE (¡es la semana de los portavoces, de Trump a Sánchez!) en plena tormenta por la crisis de la vivienda de alquiler.

Mínguez, evidentemente, estaba a favor de los dos decretos de vivienda de Sánchez, derogados por el Congreso y vueltos a presentar marrulleramente a una entidad que solo ejerce en momentos de interregno, y hasta había pronunciado en el hemiciclo un vehemente discurso en favor del inquilino medio y contra fondos buitres, grandes tenedores y demás enemigos del pueblo.

Lamentablemente, luego se descubrió que su pareja, Sergi Vélez, tenía ocho inmobiliarias, un par de restaurantes, 30 pisos en alquiler y más de un desahucio llevado a cabo, lo cual la dejaba en una posición tan poco airosa que, tras unos días de disculpas que no convencieron a nadie, tuvo que dimitir de su cargo en el PSOE, pese a lo mucho que Pedro la quería y la quiere.

Con ciertas variantes, aquí se repite la historia de los hermanos Pujol. Jordi Junior, a ganar pasta a capazos. Oriol, a proseguir la saga de padres de la patria, con los resultados de todos conocidos. Y los partidarios de la teoría de que los listos hacen negocios y los tontos se meten en política, más convencidos de ella que nunca al ver el triste final de Montse Mínguez y la condición de master of the universe de su cónyuge.