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Lo que diga el señorito

La cosa ya es de risa. Todas las encuestas vaticinan un desastre electoral para el PSOE y José Félix Tezanos, mandamás del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), da a conocer sus presagios para el 29N, que consisten, claro está, en que Pedro Sánchez vuelve a ganar por goleada y le atiza un buen sopapo al fascismo.

Así ejerce Tezanos (Santander, 1946) su portavocía honorífica del Gobierno de la nación, pregonando una victoria que, según muchos nos tememos, solo está en su imaginación.

Lo curioso es su contumacia en el (voluntario) error, pues lleva tiempo haciendo lo mismo, más o menos desde que las encuestas empezaron a pintar bastos para Sánchez y su corte de los milagros.

Tezanos no aflojó ni cuando enviaron a Ábalos al trullo, momento en el que sacó otra de sus peculiares encuestas en la que el PSOE bajaba un poco, claro —Ábalos obliga—, pero seguía bastante por delante del PP.

El señor Tezanos ha llegado a una edad, 80 años, en la que uno ya no debería mantener una fidelidad perruna a nadie, una edad en la que nadie está ya obligado a ponerse en ridículo, que es lo que le pasa a él cada vez que anuncia novedades del CIS.

Como todo el mundo, Tezanos tuvo un pasado, y el suyo no es de los peores dentro del PSOE ni de la política española en general. El hombre se curtió en el antifranquismo, fue detenido y zurrado en diferentes ocasiones, colaboró en la revista Cuadernos para el Diálogo e hizo los deberes del buen demócrata durante la Transición.

En el PSOE, fue miembro destacado del sector afín a Alfonso Guerra y desempeñó diversos cargos con dignidad. ¿Qué le pasó cuando lo pusieron al frente del CIS? ¿Por qué se convirtió en el principal siervo de la gleba de Pedro Sánchez en vez de defender la decencia de las encuestas y de los pronósticos políticos?

¿Por qué se lanzó a sobreactuar de esa manera, que ya suscita más risión que otra cosa? Puestos a mentir, podría haberlo hecho con mayor mesura, consiguiendo, en su condición de oráculo comprado por el poder, unas encuestas en las que el PSOE siguiera ganando, pero no de manera tan abultada y llevándole la contraria a las demás encuestas elaboradas en el país.

Superada ampliamente la edad de la jubilación, ¿por qué insistir en manchar su hoja de servicios con esta actitud servil y pelotillera hacia el jefe del Gobierno?