Gabriel Rufián
La izquierda populista llega dividida y enfrentada a las elecciones generales del 29 de noviembre. Las rencillas y el afán de protagonismo y de cuotas de poder de sus líderes han impedido la unidad que tanto pregonaban en los últimos meses, de manera que —salvo sorpresa de última hora—, Sumar concurrirá con sus aliados en la lista del llamado Frente Amplio, mientras ERC y Podemos han sellado otra alianza por su cuenta.
Gabriel Rufián, uno de los dirigentes que más abogaron por esa multitudinaria fusión, ha roto finalmente la baraja decidiendo no integrarse en el Frente Amplio. Seguirá, por tanto, como cabeza de lista de ERC en Cataluña, donde previsiblemente revalidará su escaño en el Congreso. Un cargo en el que lleva ya 11 años, a pesar de que hace ya una década prometió estar en él sólo "18 meses".
Su alianza con Irene Montero —quien, antes de las primarias de Podemos, sigue haciendo y deshaciendo a su antojo en la formación morada— parece responder más a la dinámica de ajustes de cuentas entre podemitas y sus adversarios progresistas de Sumar. Y Rufián, con su decisión, no ha hecho más que sumarse a ese juego.
El dirigente secesionista, no obstante, asume un riesgo. Y es que el electorado tradicional de ERC —reacio, por otra parte, a las alianzas con otros partidos del resto de España— puede interpretar esa alianza como un mero intercambio de favores para amarrar sus sillones.