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Mònica Sales ha vuelto a recurrir al reproche para cuestionar la gestión de Salvador Illa. La presidenta de Junts en el Parlament acusa al president de no gobernar, no influir en Madrid y hacer retroceder a Cataluña.

Sin embargo, Junts no llegó ayer a las instituciones. Durante años, sus dirigentes tuvieron responsabilidades de gobierno y la oportunidad de demostrar que su proyecto podía traducirse en mejoras concretas para la ciudadanía.

Pero la apuesta por el independentismo terminó ocupando buena parte del espacio político, desplazando otros debates esenciales y agravando una fractura que todavía condiciona la vida de los catalanes.

El discurso de Junts tropieza con una contradicción difícil de esquivar: exigir ahora eficacia, influencia y liderazgo después de haber protagonizado años de confrontación política.

Sales sostiene que Illa pretende "desactivar el país" y "adormecer a la nación". Son acusaciones contundentes, pero no sustituyen a los argumentos ni demuestran por sí solas que Cataluña esté retrocediendo.

La polémica sobre el apoyo de Junts a un eventual Gobierno español vuelve a evidenciar su interés por convertirse en una estrategia de oposición permanente, más útil para marcar perfil que para resolver problemas.

¿Qué propone Junts más allá de denunciar la gestión ajena? Cataluña necesita menos reproches retrospectivos y más rendición de cuentas. Quienes reclaman autoridad para señalar los errores de los demás deberían empezar por explicar los propios.