L’Hospitalet de Llobregat empieza a dejar atrás cinco años de aumentos sostenidos de la delincuencia. El cambio de tendencia tiene detrás una estrategia policial que combina análisis, prevención y capacidad de adaptación, con la intendente Sonia Rius al frente de una comisaría sometida a una elevada presión asistencial.
Los resultados del Pla Bastió permiten medir ese avance: en sus primeros cinco meses, los robos violentos, los hurtos y los robos en el interior de vehículos han descendido conjuntamente un 16,24%. La reducción de los robos violentos supera ya el 20% y el dispositivo ha acelerado una mejoría que apenas empezaba a asomar en el primer trimestre.
La gestión de Rius aporta una enseñanza relevante: la eficacia policial depende también de cómo se distribuyen los recursos. Identificar los puntos de mayor actividad delictiva, ajustar las franjas de vigilancia y revisar el despliegue cada 15 días ha permitido recuperar margen para anticiparse. Esa flexibilidad resulta especialmente necesaria cuando la presión policial desplaza los robos hacia otros barrios.
Rius sitúa ahora el siguiente objetivo en la percepción de seguridad. Es un planteamiento acertado: las cifras deben acompañarse de una presencia policial que refuerce la confianza de los vecinos y su tranquilidad cotidiana.
Queda trabajo para convertir el descenso en una mejora estructural. Pero L’Hospitalet cuenta hoy con resultados y una dirección policial que entiende la necesidad de revisarlos, adaptarse y sostener el esfuerzo. Esa combinación ofrece una base sólida para avanzar.
