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El cálculo de entre cuatro y cinco semanas que plantea el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC) para llevar a cabo el traslado de las pinturas profanas de Sijena a su emplazamiento original en el monasterio oscense vuelve a poner de manifiesto su lentitud.

Resulta difícil de entender que, tras un largo proceso judicial, la institución alegue ahora que no ha podido concretar un calendario definitivo hasta el último momento por la falta de la autorización formal de Aragón —que la dio este viernes—, en vez de tener preparada ya la logística para ejecutar la devolución.

Esta aparente falta de diligencia no se corresponde con la categoría técnica que se le presupone a un museo como el MNAC. Excusar los plazos en la necesidad de reprogramar los trabajos una vez notificada la resolución denota cierta pasividad, al apurar los tiempos límite en vez de tomar la iniciativa para resolver el trámite.

En definitiva, la postura del MNAC sobre este patrimonio transmite una resistencia institucional mal disimulada bajo capas de burocracia.