Los beneficios récord presentados por Codorníu a la vez que liquidaba a bajo precio una bodega histórica en California (EEUU) ponen la sombra de la sospecha sobre la estrategia de la compañía de origen catalán.
La venta de Artesa Winery por 40 millones de dólares —tras dejar un desfase contable de más de 20 millones respecto al valor en balance— induce a pensar que las cuentas presentadas por Raventós Codorníu omitieron tácticamente el impacto de un activo lastrado por números rojos y reservas negativas.
Tratar de maquillar este repliegue como una simple "simplificación estratégica" resulta difícil de sostener cuando el sector vive una evidente marejada.
En el fondo, la operación responde a las urgencias de su accionista mayoritario, el fondo Carlyle. Para el capital riesgo, la prioridad suele pasar por sanear el balance con rapidez, empaquetar la compañía y acelerar su salida antes de que las pérdidas queden negro sobre blanco en el próximo ejercicio.
