No es difícil que los ciudadanos sintamos, a veces, que pagamos demasiados impuestos, que los servicios públicos no funcionan como deberían y que estamos a merced de decisiones políticas discutibles.
Sin embargo, cuando llega un temporal como el de este sábado, recordamos para qué necesitamos a las instituciones. De un gobierno cabe esperar que no entorpezca cuando todo va bien, pero que informe y proteja con determinación cuando la situación lo exige. Y la situación, esta vez sí, lo exigía.
Los ciudadanos de Cataluña afrontamos el temporal con la información necesaria y armados con la prudencia adecuada gracias a unos avisos masivos enviados a tiempo y a una gestión de Protecció Civil que estuvo a la altura.
Es cierto que la virulencia del clima deja a veces tragedias inevitables, pero es de justicia reconocer cuando el servicio público funciona con diligencia y cumple con su cometido principal: cuidar de la población.
