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Un icono a su pesar

A sus 87 tacos, Maricarmen solo quería que la dejaran seguir viviendo en el piso en el que llevaba instalada desde los diecisiete, pero por esas cosas de la chapucera política española, acabó convertida en un símbolo de la precariedad habitacional y un icono de la juventud sin derecho a casa, ya sea de propiedad o de alquiler.

Sin comerlo ni beberlo, su nombre acabó en boca de todos (menos de Carlos Bardem, que se refirió a ella como Paquita, pequeño error fruto del pluriempleo solidario, sin duda). Políticos de izquierda y derecha hablaban metafóricamente con ella.

Y hasta los chapuceros decretos que se sacó de la manga Pedro Sánchez para ocultar que se había tirado ocho años pasando de los problemas de la vivienda como de la peste llevaron su nombre. Como los decretos eran dos, hubo quienes se refirieron al primero como Decreto Mari y al segundo como Decreto Carmen.

Y ella, desahuciada en camilla con destino al hospital por un fondo buitre que luego resultó que no era un fondo buitre, acabó recibiendo su premio por la resistencia numantina ante el casero que pretendía subirle el alquiler hasta una cantidad inasumible por su pensión de jubilator. La España maltratada por propietarios y fondos buitre ya tenía a su heroína.

Como no puede ser de otra manera cada vez que un ciudadano anónimo deja de serlo, hubo investigaciones a su respecto y aparecieron informaciones que situaban a Maricarmen bajo una luz algo menos favorecedora. Así fue cómo nos enteramos de que la buena mujer pagaba un alquiler de quinientos euros al mes por un espacioso apartamento situado junto al parque del Retiro y que nunca había querido saber nada de posibles subidas, amparándose en el hecho de que llevaba toda la vida allí. Su difunto padre alquiló el piso en 1956, subrogándoselo a su esposa.

Esta podría haberlo subrogado a Maricarmen, pero desde una ley socialista de 1994, tal cosa ya no se podía hacer, limitándose a dos años el tiempo otorgado a la interfecta para buscarse otro domicilio, Maricarmen hizo como quien oye llover, el casero (que la detestaba) tragó un tiempo, hasta que se hartó y vendió el piso (con bicho) a otros, que son los que intentaron ponerla en la calle.

En fin, ya se sabe que toda historia tiene dos versiones. Por lo menos. Lo curioso del caso es que se creó un Foro Maricarmen dedicado a poner de vuelta y media a la buena señora, con una pasión y una saña que no se detenía a la hora de llegar al insulto: ¡jeta! Yo diría que tan absurdo era beatificarla como demonizarla, pero supongo que la gente se aburre y se lanza a Facebook a cantarlas claras para entretenerse un poco.

Mientras estaba internada la interesada, se crearon su Club de Fans y su Club de Haters, prueba evidente de que a menudo la gente no tiene nada mejor que hacer y se muestra remisa a meterse en sus asuntos.

Un día de estos, Maricarmen volverá de la clínica a su pisito, gracias a la intermediación del alcalde Martínez Almeida, y seguirá con sus rutinas, pasando olímpicamente de fans y de haters. Total, ella no aspiraba a hacer la revolución ni a ser su representante: con recuperar ese chollo de piso iba que chutaba.