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¡Feliz cumpleaños, querido carcamal!

El cantante y compositor británico Bryan Ferry (Washington, condado de Durham, 26 de septiembre de 1945) acaba de cumplir 81 años en una forma física envidiable (y con barba). Puede que haga años que no graba discos admirables, pero tiene tantos en su haber que ya da un poco lo mismo. A sus fans nos basta con que siga vivo y más o menos en buen estado, dejando aparte su tendencia natural a la melancolía. Hace un año, no descarto que para facturar, sacó un disco a medias con la poeta y performer Amelia Barratt que aburría a las piedras. Calculen ustedes: once textos escritos y declamados por la señora Barratt y musicados, es un decir, por el señor Ferry a partir de grabaciones que tenía guardadas por ahí desde principios de los años 70, por si alguna vez podían convertirse en canciones o servirle para algo. Creo que fue el primer disco suyo que no compré, y algunos de los anteriores ya los adquirí por pura militancia. Lo del spoken word solo le sale bien a Laurie Anderson, y a veces ni a ella. Recientemente, nuestro hombre ha sido visto en el estudio grabando con el guitarrista norteamericano Nile Rodgers, fan suyo desde que vio actuar a su grupo, Roxy Music, y decidió que quería hacer lo mismo, pero para negros. Veremos. O wait and see, como prefieran.

Tengo la teoría, y no creo equivocarme, de que Bryan Ferry y David Bowie dominan la escena del pop inglés de los años 70. La principal diferencia entre ambos es que Bowie siguió experimentando hasta el final y Ferry se cansó tras los dos primeros y fascinantes álbumes de su banda, titulados 'Roxy Music' y 'For your pleasure', discos que nos volaron la cabeza a sus fans a principios de los años 70.

Ferry se tiró un montón de años siendo interesante, pero ya no vanguardista. Por el camino, se lió con la modelo texana Jerry Hall (que acabaría con Rupert Murdoch durante unos años, Shame on you!) hasta que se la levantó Mick Jagger, se casó con la socialite londinense Lucy Gouldin (madre de sus cuatro hijos de la que se acabó separando y que se suicidó con los niños ya creciditos). Tras un matrimonio un pelín ridículo con una jovencita que duró 19 meses, da la impresión de estar más solo que la una, deprimido, sin inspiración y sin voz (o algo parecido me contó el guitarrista de Roxy Music, Phil Manzanera).

Pero se lo perdono todo porque me hizo muy feliz durante los años 70 y 80, porque hasta en sus discos malos hay alguna canción buena y porque alegró mi adolescencia y primera juventud, que es más de lo que ha hecho casi todo el mundo por mí. Evidentemente, si saca un disco con Nile Rodgers, me lo acabaré comprando. Me salté la militancia con el rollo del spoken word, pero no puedo fallarle dos veces seguidas al tío Bryan: nunca me lo perdonaría.